Del “accidente” al “siniestro de tránsito”: un cambio de lenguaje clave para la seguridad vial y los seguros
- Seguro Visión
- 16 ene
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En Chile, el lenguaje que utilizamos para referirnos a los hechos ocurridos en la vía pública no es neutro. Según el glosario de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (CONASET), el concepto correcto es “siniestro de tránsito” y no “accidente”. La diferencia no es semántica, sino conceptual y cultural, con profundas implicancias en la seguridad vial y en la industria aseguradora.
CONASET define el siniestro de tránsito como una situación multicausal y prevenible, que ocurre durante el desplazamiento de personas y/o vehículos, donde interviene al menos un vehículo y se producen daños materiales, lesiones o muerte. En estos hechos confluyen factores humanos, ambientales, urbanísticos, mecánicos, culturales y sociales, lo que refuerza la idea de que no se trata de eventos fortuitos, sino de situaciones que pueden y deben prevenirse.
En contraste, el término “accidente de tránsito” es definido como un suceso eventual que produce un daño involuntario. Precisamente por esa connotación de azar e inevitabilidad, este concepto no es aplicable en seguridad vial, ya que en el tránsito todas las personas usuarias son responsables de su conducta. Hablar de “accidente” instala la idea de que el hecho era imprevisible y fuera de control, lo que debilita la noción de responsabilidad y prevención.
Existe un amplio consenso entre especialistas en seguridad vial y seguros en que, especialmente para los daños a vehículos, el término adecuado es siniestro, ya que se trata de eventos predecibles y evitables. El uso persistente de la palabra “accidente” minimiza las causas subyacentes —como el exceso de velocidad, la distracción, el consumo de alcohol o las fallas de infraestructura— y dificulta la generación de conciencia social.
Para la industria aseguradora, este debate no es ajeno. Las pólizas de vehículos y sus condicionados aún utilizan mayoritariamente el término “accidente”, reproduciendo una lógica que no se alinea con los estándares modernos de seguridad vial. Erradicar este concepto y reemplazarlo por “siniestro de tránsito” contribuiría a una mayor coherencia normativa, educativa y cultural, reforzando la idea de prevención y responsabilidad compartida.
Asimismo, se hace necesaria una revisión de la Ley de Tránsito N° 18.290, que mantiene la referencia a “accidentes”, perpetuando el mismo problema conceptual. Actualizar el lenguaje legal es un paso relevante para avanzar hacia una política pública más efectiva en la reducción de siniestros viales.
Cambiar el lenguaje no es un mero formalismo. Las palabras moldean percepciones, conductas y decisiones. En seguridad vial y seguros, hablar de siniestros de tránsito es reconocer que estos hechos no son producto del azar, sino el resultado de conductas y condiciones que pueden corregirse. Solo desde esa premisa será posible avanzar en prevención, reducir la siniestralidad y salvar vidas.