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España arde hoy. Chile debería prepararse desde ahora: las lecciones aseguradoras que deja el verano europeo

Mientras el hemisferio sur atraviesa el invierno, España enfrenta uno de los veranos más complejos de los últimos años. Una nueva ola de calor, la cuarta de la temporada, con temperaturas superiores a los 40 °C en amplias zonas del país, se suma a incendios forestales de gran magnitud que ya han consumido más de 170.000 hectáreas durante 2026 y obligado a evacuar a decenas de miles de personas.

Aunque estos acontecimientos parecen lejanos, para la industria aseguradora chilena representan mucho más que una noticia internacional. Constituyen una advertencia de lo que podría enfrentar el país dentro de pocos meses, cuando comience un verano que los pronósticos climáticos anticipan con temperaturas sobre lo normal en gran parte del territorio.

España y Chile comparten características geográficas y climáticas propias de ecosistemas mediterráneos, especialmente en la zona central. Ambos países combinan veranos secos, vegetación altamente combustible, expansión de la interfaz urbano-forestal y una creciente exposición a fenómenos meteorológicos extremos. Esa similitud convierte a España en un laboratorio anticipado de los desafíos que posteriormente podrían enfrentar las aseguradoras chilenas.


Más que incendios, eventos de acumulación de pérdidas

Durante muchos años, los incendios forestales fueron considerados principalmente un riesgo patrimonial asociado a bosques o predios rurales.

Hoy esa visión resulta insuficiente.

Los grandes incendios afectan simultáneamente viviendas, instalaciones industriales, vehículos, infraestructura pública, redes eléctricas, cultivos, maquinaria agrícola, comercios e incluso generan interrupciones operacionales que activan coberturas por pérdida de beneficios o interrupción de negocios.

Para las aseguradoras, el verdadero desafío ya no es únicamente el valor individual de cada siniestro, sino la acumulación de pérdidas que un mismo evento puede generar sobre miles de pólizas expuestas en una misma zona geográfica.

Los incendios dejan de ser riesgos aislados para transformarse en eventos catastróficos de carácter sistémico.


El cambio climático está modificando el perfil del riesgo

La experiencia española muestra que el problema ya no radica únicamente en la cantidad de incendios.

En muchos casos, el número de siniestros no aumenta significativamente, pero sí lo hacen su intensidad, velocidad de propagación y capacidad destructiva. Los expertos atribuyen este fenómeno a la combinación de olas de calor más frecuentes, baja humedad, acumulación de combustible vegetal y cambios en el uso del suelo, factores que favorecen incendios de comportamiento extremo.

Desde la perspectiva aseguradora, ello implica una transformación profunda del perfil de riesgo.

Las pérdidas dejan de distribuirse de manera relativamente estable para concentrarse en eventos de muy alta severidad capaces de comprometer simultáneamente numerosas exposiciones aseguradas.


Un desafío para la suscripción

Este escenario obliga a revisar la forma en que se suscriben los riesgos.

Durante años, la ubicación geográfica fue un elemento importante dentro de la evaluación de una propiedad.

Hoy comienza a convertirse en una variable crítica.

La proximidad a áreas forestales, la continuidad de la vegetación combustible, la existencia de cortafuegos, los materiales de construcción, las condiciones de acceso para equipos de emergencia y la capacidad de respuesta local adquieren un peso creciente en la evaluación del riesgo.

No resulta casual que numerosos mercados internacionales estén incorporando modelos de georreferenciación mucho más sofisticados para determinar tarifas, límites de cobertura y apetito de riesgo.


Reaseguro bajo mayor presión

Los grandes incendios también modifican el mercado del reaseguro.

Cuando aumenta la probabilidad de eventos capaces de generar pérdidas acumuladas extraordinarias, los reaseguradores revisan sus modelos de exposición, ajustan precios, incrementan retenciones o endurecen las condiciones de renovación.

Esta tendencia ya se observa a nivel internacional y afecta especialmente a riesgos expuestos a fenómenos naturales cada vez más intensos.

Para las aseguradoras locales, ello implica una gestión más exigente del capital, de las agregaciones de riesgo y de la concentración geográfica de sus carteras.


La prevención comienza antes del primer incendio

España ofrece otra enseñanza relevante.

Ante el aumento del riesgo, las autoridades decidieron adelantar el inicio de la campaña nacional contra incendios forestales para disponer anticipadamente de recursos humanos y materiales, reconociendo que la temporada crítica comienza cada vez antes.

La industria aseguradora puede extraer una conclusión similar.

La gestión del riesgo no comienza cuando aparece el primer foco de incendio.

Empieza meses antes, mediante campañas preventivas dirigidas a los asegurados, revisión de exposiciones acumuladas, actualización de valores asegurados, fortalecimiento de programas de reaseguro, utilización de imágenes satelitales, modelos climáticos y herramientas de inteligencia artificial para identificar zonas de mayor vulnerabilidad.


¿Qué podría ocurrir en Chile?

Ningún evento climático permite anticipar con certeza lo que sucederá durante el próximo verano chileno.

Sin embargo, los pronósticos meteorológicos que anticipan temperaturas superiores a los valores normales para gran parte del país constituyen un factor que la industria no puede ignorar.

Chile ya conoce las consecuencias económicas y aseguradoras de los incendios forestales. Basta recordar los eventos registrados en las regiones de Valparaíso, Ñuble y Biobío durante los últimos años, que generaron importantes pérdidas humanas y materiales, además de miles de denuncias de siniestros ante las compañías de seguros.

La diferencia es que hoy el contexto climático parece estar modificando la naturaleza de estos eventos.

Más que incendios más numerosos, la preocupación apunta a incendios potencialmente más intensos, más extensos y con mayor capacidad para afectar simultáneamente grandes concentraciones de bienes asegurados.


Una señal que conviene observar

La experiencia española demuestra que el cambio climático no solo desafía a los organismos de emergencia o a las autoridades ambientales.

También obliga a la industria aseguradora a replantear la forma en que evalúa, suscribe y administra los riesgos catastróficos.

España no anticipa necesariamente lo que ocurrirá en Chile durante el próximo verano.

Pero sí ofrece una señal suficientemente clara de hacia dónde parecen evolucionar los riesgos asociados a los incendios forestales en climas mediterráneos.

Para las aseguradoras, reaseguradoras, corredores y gestores de riesgos, esa señal constituye una oportunidad para fortalecer la prevención, revisar sus modelos de exposición y prepararse antes de que las altas temperaturas conviertan el riesgo potencial en un nuevo ciclo de grandes pérdidas.

 
 
 

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