Guerra, interrupción y resiliencia: el nuevo protagonismo de los seguros de lucro cesante
- Seguro Visión

- 30 jun
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En un escenario internacional marcado por conflictos prolongados, sanciones económicas y cadenas de suministro bajo presión, el seguro de lucro cesante dejó de ser una cobertura complementaria para transformarse en una herramienta estratégica de continuidad operacional.
Durante años, el riesgo de guerra fue percibido por muchas organizaciones como un escenario lejano, asociado principalmente a gobiernos, infraestructura crítica o industrias extractivas. Sin embargo, los conflictos de los últimos años han modificado radicalmente esa percepción y han instalado nuevamente el riesgo geopolítico dentro de las prioridades de los directorios corporativos.
La consecuencia más visible para el mercado asegurador no ha sido únicamente el aumento de daños físicos o pérdidas patrimoniales. El cambio más profundo ha sido otro: empresas que nunca estuvieron dentro del área de conflicto comenzaron igualmente a sufrir pérdidas por interrupciones operacionales, bloqueos logísticos, restricciones regulatorias o ruptura de cadenas de suministro.
En ese contexto, el seguro de lucro cesante (Business Interruption – BI) volvió al centro de la conversación.
Cuando el verdadero daño es dejar de generar ingresos
El principio del lucro cesante parece simple: proteger el resultado financiero de una empresa cuando un evento cubierto impide operar normalmente.
Históricamente esta cobertura estuvo ligada al daño material. Una fábrica se incendia, una planta se inunda o una instalación queda inutilizada y el seguro compensa parte de la pérdida de ingresos mientras la empresa se recupera.
Pero las guerras modernas demostraron que una organización puede dejar de producir sin sufrir destrucción directa.
Puertos cerrados, corredores marítimos restringidos, escasez energética, sanciones económicas, imposibilidad de acceder a proveedores críticos o restricciones comerciales han generado pérdidas económicas equivalentes —o superiores— a muchos siniestros tradicionales.
El gran redescubrimiento: muchas pólizas excluyen guerra
Uno de los aprendizajes más relevantes del período actual ha sido comprobar que gran parte de las pólizas corporativas tradicionales contienen exclusiones explícitas para actos de guerra.
Durante años muchas compañías privilegiaron coberturas enfocadas en terrorismo, daños patrimoniales o interrupciones operativas convencionales, asumiendo implícitamente que un escenario bélico tenía baja probabilidad.
Sin embargo, el endurecimiento del entorno geopolítico provocó una fuerte reactivación del interés por coberturas de violencia política, guerra y extensiones específicas de interrupción de negocios.
El fenómeno ha sido particularmente visible en sectores intensivos en infraestructura, transporte, energía y operaciones internacionales.
El crecimiento del lucro cesante contingente
Uno de los productos que más relevancia ha ganado es el lucro cesante contingente (Contingent Business Interruption – CBI).
La lógica es distinta: no protege la interrupción ocurrida dentro de la empresa asegurada, sino la originada en terceros esenciales para mantener el negocio funcionando.
Un proveedor estratégico detenido por conflicto, un puerto fuera de operación o una infraestructura energética dañada pueden activar pérdidas significativas aun cuando la empresa asegurada nunca haya sufrido daño directo.
La industria ha comenzado a prestar especial atención a extensiones vinculadas a cadenas de suministro, definiciones territoriales, cláusulas horarias y mecanismos de continuidad operacional.
El mercado responde: más demanda, menos capacidad y mayor sofisticación
La respuesta del mercado ha sido clara.
Según análisis recientes del sector, la guerra pasó a convertirse en la principal preocupación dentro del universo de riesgos de violencia política para más de la mitad de las empresas encuestadas globalmente, superando incluso al riesgo de disturbios civiles.
Al mismo tiempo, aumentó el interés por soluciones de transferencia de riesgo más sofisticadas: pólizas específicas de violencia política, estructuras multinacionales, programas cautivos y combinaciones entre seguro tradicional y mecanismos respaldados por organismos públicos.
Un ejemplo reciente es el desarrollo de esquemas de seguro de riesgo político orientados a movilizar inversión privada en contextos afectados por guerra y reconstrucción económica.
¿Qué significa esto para América Latina?
Aunque América Latina no enfrenta hoy conflictos armados comparables a otras regiones, sí participa activamente de cadenas globales de suministro y mercados internacionales.
Eso implica que muchas empresas latinoamericanas pueden experimentar pérdidas operacionales derivadas de eventos geopolíticos ocurridos a miles de kilómetros de distancia.
Para corredores, aseguradoras y gerencias de riesgo, la pregunta ya no es solamente si existe cobertura de lucro cesante.
La pregunta empieza antes:
¿Existe exclusión de guerra?
¿La cobertura considera interrupción contingente?
¿Las cadenas críticas están identificadas?
¿La definición territorial responde al negocio real?
¿Los límites contratados siguen siendo suficientes?
De cobertura financiera a herramienta estratégica
El período actual está dejando una enseñanza relevante para el mercado asegurador.
Durante décadas la gestión del riesgo se concentró en proteger activos físicos.
Hoy, la continuidad operacional depende cada vez más de proteger la capacidad de seguir generando ingresos.
En un mundo donde una guerra puede alterar mercados energéticos, detener rutas marítimas o romper cadenas productivas globales, el seguro de lucro cesante está dejando de ser una cobertura secundaria para convertirse en uno de los instrumentos más visibles de resiliencia empresarial.
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