Incendios forestales en simultáneo: CONAF controla y extingue 135 siniestros en un escenario de alto impacto asegurador
- Seguro Visión

- 20 ene
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Actualizado: 21 ene
Pese a enfrentar uno de los escenarios más complejos de la temporada estival, marcado por altas temperaturas, baja humedad y condiciones extremadamente favorables para la propagación del fuego, la Corporación Nacional Forestal (CONAF) ha logrado extinguir y controlar 135 incendios forestales a nivel nacional entre el sábado 17 y el martes 20 de enero de 2026.
Durante este período se registraron 159 incendios forestales, de los cuales 111 ya fueron extinguidos y 24 controlados, mientras que 24 continúan en combate, concentrados principalmente en las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía, todas bajo Alerta Roja Regional.
Un despliegue operativo al límite del sistema
El director ejecutivo de CONAF, Rodrigo Illesca, destacó que, pese a la simultaneidad de emergencias, el sistema nacional ha mantenido su capacidad de respuesta gracias a un despliegue intensivo de recursos terrestres y aéreos, coordinados con Bomberos, Fuerzas Armadas y empresas forestales.
Sin embargo, este escenario vuelve a evidenciar una realidad estructural: la simultaneidad de incendios tensiona al máximo los recursos disponibles, incrementando el riesgo de pérdidas materiales severas y afectación directa a zonas urbanas, agrícolas e industriales.
Focos críticos y cercanía a zonas aseguradas
Incendios como Trinitarias, Rancho Chico, Perales Biobío y Rucahue Sur no sólo destacan por su extensión —con superficies preliminares que superan las 15.000 hectáreas en algunos casos—, sino por su **proximidad a barrios consolidados, infraestructura crítica, predios agrícolas productivos y plantaciones forestales**, muchos de ellos con cobertura asegurada.
Este punto marca una diferencia sustantiva respecto de otros grandes eventos recientes, como el incendio de Viña del Mar de 2024, donde una parte relevante de las viviendas afectadas correspondía a construcciones irregulares y sin seguros vigentes. En el actual escenario del centro sur del país, los incendios están impactando zonas formalizadas, con propiedades inscritas, actividad económica activa y mayor penetración de seguros, lo que anticipa un efecto mucho más relevante para la industria aseguradora.
Impacto directo en la industria aseguradora
Desde la perspectiva del mercado de seguros, estos incendios configuran un evento de alta severidad y potencial acumulación de pérdidas, con impacto transversal en diversas líneas:
Seguros de incendio y líneas asociadas
Las compañías enfrentan un aumento significativo en denuncias de siniestros por incendio, tanto en viviendas particulares como en instalaciones comerciales, bodegas, industrias y equipamiento productivo. En muchos casos, los daños no se limitan a la destrucción total, sino que incluyen **pérdidas parciales, daños
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colaterales por humo, calor y acción de bomberos**, lo que amplía el volumen y complejidad de los procesos de liquidación.
Seguros agrícolas y forestales
Los incendios en Ñuble y Biobío han afectado cultivos, plantaciones forestales, infraestructura agrícola, maquinaria y bodegas, impactando directamente a pólizas agrícolas, forestales y multirriesgo rural. En este segmento, la recurrencia de eventos climáticos extremos y de incendios está obligando a las aseguradoras a revisar tarifas, deducibles, límites y condiciones de asegurabilidad, así como a reforzar exigencias de prevención.
Seguros de vehículos
Un elemento cada vez más relevante es el impacto sobre vehículos particulares, de trabajo y flotas, que han resultado dañados o destruidos por el fuego, el calor extremo o la caída de árboles y estructuras. A ello se suma la pérdida de vehículos utilizados en labores agrícolas, forestales y de transporte, así como daños sufridos durante evacuaciones de emergencia. Estos siniestros presionan las coberturas de daños materiales, pérdida total y, en algunos casos, asistencia, incrementando la siniestralidad del ramo auto en zonas afectadas.
Interrupción de negocios
Empresas y emprendimientos locales se han visto forzados a **detener o suspender operaciones**, ya sea por daño directo a sus instalaciones, cortes de suministro eléctrico, evacuaciones preventivas o destrucción de accesos y caminos. Esto activa coberturas de interrupción de negocios y pérdida de beneficios, un componente que suele materializarse semanas o meses después del evento, extendiendo el impacto para las aseguradoras en el tiempo.
Un evento de alta severidad y acumulación de pérdidas
De acuerdo con estimaciones preliminares, las pérdidas económicas asociadas a estos incendios en las regiones de Ñuble y Biobío podrían acercarse a US$ 500 millones, considerando tanto activos urbano-residenciales como agrícolas y productivos destruidos por el fuego. Una parte relevante de estos daños corresponde a bienes asegurados, lo que anticipa un incremento significativo en los pagos de siniestros del sector.
Este nivel de daño consolida a los incendios forestales como un riesgo estructural, más que excepcional, para el mercado asegurador chileno, con efectos directos en:
Resultados técnicos de las compañías.
Programas de reaseguro, especialmente en líneas catastróficas y de incendio.
Modelos de suscripción y tarificación, que deberán incorporar con mayor peso variables de ubicación, interfaz urbano–forestal, topografía, accesos y planes de mitigación.
Exigencias de prevención y gestión del riesgo a asegurados, municipios y empresas.
Prevención, gestión del riesgo y rol del seguro
La magnitud y recurrencia de estos eventos vuelve a poner en el centro del debate la necesidad de fortalecer la prevención, tanto desde el ámbito público como privado. El seguro, si bien es una herramienta clave para la recuperación económica, no reemplaza la gestión del riesgo, y su sostenibilidad depende directamente de que existan medidas efectivas de mitigación.
En este contexto, cobran especial relevancia:
La planificación territorial y el control del crecimiento urbano en zonas de interfaz urbano–forestal.
La mantención de cortafuegos, limpieza de maleza y gestión de residuos.
La mejora de accesos y caminos, fundamentales para la acción de Bomberos y brigadas forestales.
La modernización de redes eléctricas y la reducción de infraestructura vulnerable al fuego.
Un desafío estructural para Chile y su industria aseguradora
Los incendios forestales que afectan al centro sur de Chile confirman que el país enfrenta un riesgo cada vez más frecuente, severo y costoso, impulsado por el cambio climático, la expansión urbana y brechas persistentes en prevención. A diferencia de eventos anteriores, el impacto actual recae con fuerza sobre zonas consolidadas y formalizadas, lo que eleva de manera significativa la exposición y las pérdidas para el mercado asegurador.
Para la industria, el desafío es doble: responder con rapidez y solvencia a los asegurados afectados, y al mismo tiempo adaptar sus modelos de negocio a un entorno donde los incendios forestales dejan de ser eventos excepcionales para transformarse en un riesgo estructural y recurrente.
En este nuevo escenario, el seguro reafirma su rol como herramienta clave de resiliencia económica y social, pero también como un actor que debe empujar, junto al Estado, las empresas y las comunidades, una agenda decidida de prevención y gestión del riesgo. Sólo así será posible asegurar la sostenibilidad del sistema y reducir el impacto humano, económico y asegurador de los incendios que, lamentablemente, ya
no pueden considerarse hechos aislados, sino una realidad permanente del Chile actual.
La experiencia reciente demuestra que cada temporada de incendios es también una prueba de estrés para el sistema asegurador, sus capacidades operativas, sus programas de reaseguro y su relación con los asegurados. La oportunidad está en anticiparse, invertir en información de riesgo, promover estándares de construcción más resilientes y avanzar hacia esquemas de aseguramiento que incentiven la prevención.
En definitiva, los incendios del centro sur no sólo dejan miles de hectáreas quemadas y comunidades afectadas, sino que también marcan un punto de inflexión para la industria aseguradora chilena, llamada a liderar, junto a otros actores, una respuesta más integral, preventiva y sostenible frente a uno de los mayores riesgos catastróficos del país.
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