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Seguro complementario de Fonasa: tras dos licitaciones fallidas, la autoridad enfrenta una decisión clave

El proyecto de Fonasa para crear una modalidad de seguro complementario de salud destinada a sus cotizantes atraviesa un momento crítico. Luego de dos procesos de licitación fallidos —el primero declarado desierto por ausencia total de ofertas y el segundo con una sola propuesta presentada en condiciones consideradas poco atractivas— la iniciativa enfrenta un punto de inflexión que obliga a la autoridad a redefinir su estrategia.

El objetivo del seguro complementario impulsado por Fonasa ha sido ampliar el acceso a prestaciones privadas, reduciendo los copagos y mejorando la protección financiera de los afiliados al sistema público. Sin embargo, el escaso interés mostrado por la industria aseguradora ha dejado en evidencia profundas brechas entre las expectativas del regulador y las realidades técnicas, operacionales y económicas del mercado de seguros de salud.


Un diagnóstico que ya no puede ignorarse

Desde la mirada de las aseguradoras, los procesos licitatorios han concentrado una combinación de riesgos difíciles de asumir. A la incertidumbre respecto de la siniestralidad futura y la falta de información histórica suficientemente robusta, se suman márgenes estrechos, exigencias operativas complejas y una estructura de precios que no logra compensar adecuadamente el riesgo asumido.

A este cuadro se agrega un elemento especialmente sensible para la industria: el riesgo de antiselección. Al tratarse de un seguro voluntario, existe una alta probabilidad de que se incorporen preferentemente afiliados con mayores necesidades de atención de salud, elevando la frecuencia y severidad de los siniestros. En ausencia de mecanismos efectivos de mitigación —como períodos de carencia, restricciones de ingreso, segmentación de riesgos o subsidios explícitos— este fenómeno puede comprometer rápidamente la sostenibilidad técnica y financiera del seguro.

La segunda licitación, aunque logró atraer una oferta, no consiguió disipar estas preocupaciones. Por el contrario, reforzó la percepción de que las condiciones propuestas no resultan sostenibles en el tiempo ni compatibles con una participación competitiva del mercado asegurador.


Las alternativas sobre la mesa

Ante este escenario, la autoridad dispone básicamente de dos caminos.

El primero es recurrir al trato o negociación directa con una o más compañías aseguradoras. Si bien esta vía permitiría destrabar el proyecto en el corto plazo, implica costos relevantes en términos de transparencia, competencia y legitimidad del proceso. En un mercado altamente regulado y bajo constante escrutinio público, una negociación directa podría generar cuestionamientos tanto técnicos como políticos, además de sentar un precedente complejo para futuras iniciativas.

La segunda alternativa —y probablemente la más sólida desde una perspectiva institucional— es reconocer que las bases de licitación no han logrado alinear adecuadamente los incentivos del mercado y, en consecuencia, replantear el diseño del seguro complementario. Esto implica revisar en profundidad aspectos clave como la distribución de riesgos, el esquema de precios, los mecanismos de reajuste, las coberturas exigidas, la gobernanza del modelo y, de manera central, las herramientas para mitigar la antiselección y el riesgo moral.


Una oportunidad para rediseñar el modelo

Más allá del revés que representan las licitaciones fallidas, este momento también abre una oportunidad. Replantear las condiciones permitiría avanzar hacia un modelo más realista, que combine adecuadamente la protección de los afiliados con la viabilidad técnica y financiera para las aseguradoras. La experiencia comparada muestra que los esquemas de seguros complementarios exitosos suelen construirse sobre bases de colaboración público-privada, con reglas claras, información transparente y una adecuada asignación de riesgos.

Persistir en un diseño que el mercado ha rechazado reiteradamente no solo retrasa el proyecto, sino que debilita su credibilidad. En cambio, un rediseño profundo, basado en evidencia y diálogo técnico con la industria, podría transformar este tropiezo en un punto de partida para una solución más robusta y sostenible.

En definitiva, el desafío para Fonasa y la autoridad no es simplemente adjudicar un contrato, sino construir un seguro complementario de salud que sea socialmente valioso, técnicamente sólido y económicamente viable. Las decisiones que se adopten en esta etapa serán determinantes para el futuro de esta iniciativa y para su impacto real en la protección financiera de los cotizantes del sistema público.

 
 
 

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