Traslado del SIS al FAPP: incertidumbre sobre la implementación y el rol de las aseguradoras
A menos de tres meses de la fecha prevista para la entrada en vigencia del nuevo esquema de financiamiento del Seguro de Invalidez y Sobrevivencia (SIS), el debate legislativo sigue abierto en Chile, generando creciente preocupación en la industria aseguradora.
El proyecto actualmente en discusión en el Senado establece un cambio estructural concreto: la gestión del SIS será trasladada al Fondo Autónomo de Protección Previsional (FAPP). Este fondo comenzará a recibir, a partir de agosto, una cotización adicional de 1,5%, destinada a financiar el SIS en conjunto con los nuevos beneficios del seguro social.
Sin embargo, pese a la proximidad de su eventual entrada en vigencia, la iniciativa impulsada por el gobierno del presidente Gabriel Boric aún no logra consenso en el Congreso, como quedó reflejado en la reciente discusión en la Comisión de Hacienda del Senado de Chile.
Un cambio estructural con efectos profundos
Actualmente, el SIS es administrado mediante un esquema en el que participan las AFP y las compañías de seguros, permitiendo transferir el riesgo al mercado asegurador a través de procesos de licitación.
El traslado de su gestión al FAPP implica, en los hechos, un cambio de paradigma:
La administración del seguro pasaría a una entidad de carácter público
Se modifica el esquema de gestión y potencialmente la asignación del riesgo
Se altera el rol histórico de las aseguradoras en este sistema
El punto abierto: el rol de las aseguradoras
Aunque el proyecto define el traspaso de la gestión al FAPP, no existe aún total claridad sobre el rol que cumplirán las compañías de seguros en el nuevo esquema.
Desde la perspectiva de la industria, este es uno de los principales focos de incertidumbre.
El cambio podría implicar:
Una reducción significativa de su participación directa
Una eventual salida del modelo actual de licitación del SIS
O bien, la posibilidad de nuevos roles, aún no definidos, en ámbitos como soporte técnico o transferencia parcial de riesgos
En este contexto, más que una definición cerrada, lo que existe hoy es un espacio de incertidumbre relevante para la industria.
La presión del calendario
Uno de los elementos que más inquieta a las aseguradoras es el desfase entre la magnitud del cambio propuesto y los plazos disponibles para su implementación.
El hecho de que el FAPP comience a recibir la nueva cotización desde agosto intensifica esta preocupación, considerando que aún no existe una ley aprobada ni una regulación detallada que permita operacionalizar el sistema.
El SIS es un esquema que requiere:
Modelación actuarial de largo plazo
Definición de reservas técnicas
Estructuras operativas especializadas
Coordinación entre múltiples actores
La falta de definiciones a esta altura del proceso introduce riesgos relevantes.
Riesgos de una transición sin claridad
Desde la industria se advierte que avanzar en un cambio de esta magnitud sin un marco normativo claro podría generar:
Ambigüedad en la asignación de responsabilidades
Disrupciones operativas en la transición
Dificultades en la gestión del riesgo
Impactos en la estabilidad técnica del sistema
Para las aseguradoras, el desafío no es solo adaptarse, sino hacerlo en un contexto de alta incertidumbre regulatoria.
Un debate aún inconcluso
La reactivación del proyecto en la Comisión de Hacienda del Senado de Chile refleja el intento del Ejecutivo por destrabar la reforma. Sin embargo, los reparos técnicos y políticos evidencian que aún no existe consenso suficiente para su aprobación.
En este escenario, el traslado del SIS al FAPP es, por ahora, la única definición concreta, mientras que aspectos clave —como su implementación operativa y el rol de los distintos actores— permanecen abiertos.
Incertidumbre sobre el futuro del SIS
El futuro del SIS se encuentra en una etapa crítica, donde conviven una definición estructural relevante con un alto grado de incertidumbre en su ejecución.
Para las compañías de seguros, el foco no está en cuestionar el cambio, sino en contar con reglas claras que permitan una transición ordenada en un sistema que administra riesgos de alta sensibilidad social.
En este contexto, más que la velocidad, lo determinante será la calidad del diseño final.

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