Antonio Huertas, presidente de Mapfre: «No hay que mezclar siniestro y accidente»
La tragedia ferroviaria ocurrida en Urda, Toledo, que ha conmocionado a España y al sector asegurador, dio origen a una profunda reflexión de Antonio Huertas sobre el significado del accidente, la responsabilidad y el papel de los seguros en la prevención de riesgos. Un mensaje que trasciende la contingencia y plantea una cuestión fundamental para la industria: ¿estamos haciendo lo suficiente para evitar que las tragedias ocurran?
El terrible accidente ferroviario ocurrido en Toledo, España, ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector asegurador. Entre las víctimas se encuentra Fátima Báñez, expresidenta de la Fundación CEOE y una figura estrechamente vinculada al mundo empresarial y asegurador español.
En medio del dolor y las numerosas muestras de condolencias, Antonio Huertas, presidente de Mapfre, publicó en LinkedIn una reflexión que, más allá de la tragedia, invita a revisar algunos de los conceptos fundamentales sobre los que se construye la actividad aseguradora.
Bajo el título «¿Dónde estás, Fátima?», Huertas comienza evocando la angustia que podría haber experimentado su propia madre al intentar confirmar que su hijo había sobrevivido al accidente. Una llamada que, afortunadamente, en su caso tendrá un desenlace distinto, pero que representa la incertidumbre y el sufrimiento de tantas familias que esperan noticias de sus seres queridos.
«Pero Fátima no podrá abrazar a sus hijos ni a su marido, ni Luis, ni Jorge, ni… Así hasta sesenta y ocho personas, quizá alguna más. Pero podrían haber sido cien o doscientas, da igual», escribe.
Una reflexión que pone en perspectiva la dimensión humana de una tragedia que no puede medirse exclusivamente por el número de víctimas. Detrás de cada fallecimiento hay una historia, una familia y una vida que se interrumpe.
Accidente y siniestro: una distinción que importa
Uno de los aspectos más relevantes de la publicación de Huertas es su reflexión sobre la diferencia entre accidente y siniestro, una distinción que, aunque pueda parecer meramente semántica, tiene implicancias profundas para la industria aseguradora.
«Desde hace mucho tiempo, algunos tratan de convencernos de la diferencia entre siniestro y accidente. Los que trabajamos en seguros, bendita profesión, las mezclamos sin cuidado. Y no, no hay que hacerlo», señala.
Huertas cuestiona, además, la tendencia de algunas áreas de marketing a considerar que la palabra «siniestro» tiene una connotación negativa frente a los clientes y que, por esa razón, debería evitarse.
Su argumento es contundente: ¿cómo no va a sonar mal una palabra que habitualmente utilizamos para referirnos a un momento trágico?
La reflexión adquiere especial relevancia en una industria que, en ocasiones, parece más preocupada de suavizar su lenguaje que de explicar con claridad la naturaleza de los riesgos que asume y las consecuencias que estos pueden tener.
Pero Huertas va más allá de la terminología. Al analizar el accidente ferroviario, cuestiona que se recurra a la idea de un acontecimiento inevitable o de una fatalidad ajena a toda responsabilidad.
«No, esto no ha sido un accidente, no ha ocurrido por providencia divina —perdonadme el atrevimiento—. Ha sido un evento extraordinario, terrible, pero previsible y con responsabilidades que acabarán dilucidándose», sostiene.
Una afirmación que no pretende anticipar las conclusiones de las investigaciones, sino recordar que la ocurrencia de un evento de consecuencias devastadoras no necesariamente significa que este fuera inevitable.
La prevención: el verdadero propósito de la actividad aseguradora
La reflexión de Huertas también aborda uno de los principios esenciales de la industria: la prevención.
Con casi cuatro décadas de trayectoria en el sector asegurador, el presidente de Mapfre recuerda que la actividad de las compañías no se limita a indemnizar una vez que el daño se ha producido. También implica trabajar para evitar que los riesgos se materialicen y que las personas sufran sus consecuencias.
«Como aseguradores, vivimos la tragedia todos los días: niños huérfanos, padres que pierden a sus hijos, parejas jóvenes que quedan truncadas para siempre», señala.
Sus palabras ponen de manifiesto una realidad que muchas veces queda fuera de la percepción pública de la industria. Detrás de cada siniestro hay una dimensión humana que trasciende los resultados técnicos, las reservas, las indemnizaciones y los indicadores de rentabilidad.
En este contexto, Huertas reconoce los esfuerzos que realizan las compañías, las organizaciones sociales, los medios de comunicación y las autoridades para promover una cultura de prevención, protección y reducción de riesgos.
Sin embargo, advierte que estos esfuerzos nunca serán suficientes.
La prevención no puede ser entendida únicamente como una herramienta para reducir la siniestralidad o mejorar los resultados técnicos. Es, ante todo, una responsabilidad con las personas y con la sociedad.
Una reflexión que interpela a toda la industria
Las palabras del presidente de Mapfre adquieren especial significado en un momento en que la industria aseguradora enfrenta riesgos cada vez más complejos, desde los fenómenos climáticos extremos hasta los accidentes de gran magnitud, pasando por los desafíos asociados a la movilidad, la infraestructura y la creciente exposición de las personas y las empresas.
La reflexión plantea una pregunta que trasciende el caso de Toledo: ¿cuánto de nuestro esfuerzo está destinado a indemnizar las consecuencias de los riesgos y cuánto a evitar que estos se conviertan en tragedias?
En palabras de Huertas, «ojalá nuestra actividad desapareciera para siempre porque el mundo fuera perfecto».
Una aspiración que expresa el sentido último de la actividad aseguradora: contribuir a que las personas puedan vivir con mayor seguridad, sabiendo que los riesgos existen, pero que muchos de ellos pueden anticiparse, gestionarse y reducirse.
Y es precisamente en esa convicción donde el presidente de Mapfre encuentra la razón de ser de una profesión que convive diariamente con el dolor, pero que también tiene la capacidad de evitarlo.
Como concluye Antonio Huertas en su publicación:
«Nuestros esfuerzos en prevención —ingentes los que desarrolla el sector asegurador; sí, ojalá nuestra actividad desapareciera para siempre porque el mundo fuera perfecto—, los del tercer sector, los de los medios de comunicación, los de las autoridades por difundir la prevención, la protección y la minimización del riesgo, no son suficientes, nunca lo son. Pero si evitamos muchas desgracias, o una sola, el esfuerzo merece la pena. Nos sentimos recompensados y felices sabiendo que cada día contribuimos a tener un mundo más seguro y feliz».

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