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El desempleo también golpea al mercado asegurador: más de un millón de chilenos sin trabajo y una industria que tampoco escapa al ajuste

hace 3 horas
5 min de lectura

La desocupación llegó al 9,8% en el trimestre julio-septiembre, su nivel más alto desde 2021. Pero hay otro dato que interpela directamente al sector: el empleo en actividades financieras y de seguros cayó 14,1% en doce meses, según el INE. La contracción del mercado laboral amenaza tanto la demanda de protección como las fuentes de trabajo de la propia industria.

El mercado laboral chileno vuelve a entregar señales de preocupación. La tasa de desocupación alcanzó el 9,8% durante el trimestre julio-septiembre de 2026, su nivel más alto desde 2021, mientras que el número de personas desempleadas superó el millón. Se trata de un deterioro que no puede ser observado únicamente como un problema macroeconómico: sus consecuencias se proyectan sobre el consumo, el ahorro, la capacidad de contratación y, por supuesto, sobre la actividad aseguradora.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la desocupación aumentó 1,3 puntos porcentuales en doce meses, impulsada por un incremento de 0,3% de la fuerza de trabajo y una disminución de 1,1% de las personas ocupadas. En términos absolutos, los desocupados llegaron a 1.007.976 personas.

La situación es especialmente compleja para las mujeres, cuya tasa de desempleo alcanzó el 10,5%, frente al 9,3% de los hombres. Además, la desocupación femenina acumula siete meses por sobre el 10%. La tasa nacional, por su parte, lleva seis meses sobre el 9% y casi cuatro años por encima del 8%.

Pero entre las cifras del INE hay un antecedente que merece especial atención para el sector asegurador: la ocupación en actividades financieras y de seguros retrocedió 14,1% en doce meses. En la Región Metropolitana, la caída llegó al 15,7%.

El dato es relevante porque muestra que el deterioro del empleo también alcanza a un sector directamente vinculado con la intermediación financiera, la administración de riesgos y la protección patrimonial. La estadística del INE agrupa actividades financieras y de seguros, por lo que no permite determinar cuánto de esa contracción corresponde específicamente a las compañías aseguradoras, corredores u otros participantes. Sin embargo, constituye una señal que la industria no debería pasar por alto.


La industria aseguradora enfrenta un doble impacto

El aumento del desempleo tiene un efecto directo sobre la capacidad de las personas y las familias para mantener sus compromisos financieros. Cuando se pierde una fuente de ingresos, los gastos considerados prescindibles o postergables suelen quedar bajo revisión. En ese escenario, las primas de seguros pueden convertirse en uno de los primeros gastos que se reducen o eliminan.

El impacto puede extenderse a distintas líneas de negocio. En seguros de vida, ahorro y protección familiar, la incertidumbre laboral puede frenar nuevas contrataciones y provocar la interrupción de coberturas. En salud y seguros complementarios, puede afectar especialmente a quienes pierden beneficios asociados a su relación laboral. En automóviles, hogar y responsabilidad civil, la menor capacidad de pago puede traducirse en cancelaciones, reducción de coberturas o búsqueda de alternativas más económicas.

El efecto sobre los seguros colectivos también merece atención. Cuando una empresa reduce su dotación, no solo disminuye el número de trabajadores cubiertos: también puede reducirse la base de asegurados de pólizas de vida, salud y accidentes personales contratadas como beneficios laborales.

A ello se suma el crecimiento de la informalidad, que limita el acceso a mecanismos de protección vinculados al empleo formal. En el trimestre julio-septiembre, la tasa de ocupación informal llegó al 26,4%, según el INE.

La industria enfrenta así un doble desafío: una menor capacidad de compra de protección por parte de los hogares y las empresas, y una contracción del empleo dentro del propio universo de actividades financieras y de seguros.


El ajuste también llega a las compañías y los intermediarios

La caída de 14,1% en la ocupación de actividades financieras y de seguros obliga a preguntarse qué está sucediendo con la estructura laboral de este sector. Las cifras disponibles no permiten identificar qué segmentos explican la reducción ni atribuirla a una estrategia específica de las aseguradoras. No obstante, el dato abre interrogantes sobre la evolución de las dotaciones, la reorganización de funciones, la productividad y el impacto de la digitalización en los modelos de operación y distribución.

Para las compañías de seguros, los corredores y las empresas de servicios asociados, el escenario combina presiones sobre los ingresos, exigencias de eficiencia y una demanda que puede debilitarse. La automatización y la incorporación de inteligencia artificial pueden contribuir a mejorar procesos, pero también están modificando las necesidades de personal y los perfiles profesionales requeridos por la industria.

En este contexto, resulta especialmente importante distinguir entre una transformación de la estructura laboral y una contracción de la actividad. La primera puede responder a cambios tecnológicos y organizacionales; la segunda, a un mercado que pierde dinamismo. Ambas pueden coexistir, pero sus consecuencias y respuestas estratégicas son diferentes.


El debate sobre los costos laborales

El deterioro del empleo también reabre la discusión sobre los costos de contratación y las condiciones que enfrenta el mercado laboral. El aumento del salario mínimo, la reducción progresiva de la jornada laboral y otros mayores costos asociados al empleo han elevado las exigencias para las empresas, particularmente para aquellas con estructuras intensivas en personal.

Estos factores deben ser considerados en el análisis, pero no explican por sí solos el aumento del desempleo. La evolución de la actividad económica, la inversión, la productividad, las expectativas empresariales y la capacidad de generación de nuevos puestos de trabajo también forman parte de un fenómeno más amplio.

Para la industria aseguradora, el desafío consiste en evitar que la presión por reducir costos termine debilitando capacidades comerciales, técnicas y de servicio que son fundamentales para competir y responder adecuadamente a los asegurados.


La brecha de protección puede profundizarse

Chile ha experimentado durante las últimas décadas una transformación importante. Ha mejorado el estándar de vida, se ha bancarizado, ha modernizado su parque automotor y ha ampliado el acceso a servicios financieros. Sin embargo, persisten brechas relevantes de aseguramiento.

En el caso de los automóviles, aproximadamente uno de cada tres vehículos cuenta con seguro, una proporción que evidencia el amplio espacio de protección pendiente. Un mercado laboral deteriorado puede hacer todavía más difícil avanzar en esa cobertura, precisamente porque reduce la capacidad de pago de quienes permanecen fuera del mercado asegurador.

La misma tensión se observa en los seguros de vida, salud, ahorro y protección familiar. La necesidad de cobertura no desaparece cuando cae el empleo; por el contrario, la vulnerabilidad económica aumenta. Lo que disminuye es la capacidad de financiarla.

El desafío para las aseguradoras será encontrar fórmulas de distribución, productos y precios que permitan mantener el acceso a la protección sin comprometer la sostenibilidad técnica de sus carteras.

El desempleo no es solamente una variable económica que afecta indirectamente al negocio asegurador. La caída de la ocupación en actividades financieras y de seguros demuestra que el sector también está expuesto a las tensiones del mercado laboral.

La industria tiene, por tanto, dos tareas simultáneas: enfrentar un entorno que amenaza la contratación y continuidad de las pólizas, y revisar cómo está evolucionando su propia estructura de empleo. Porque una economía con menos trabajadores, menores ingresos disponibles y mayor incertidumbre no solo compra menos seguros: también necesita más protección.

 
 
 

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