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Chile tiene un mercado asegurador desarrollado, pero aún enfrenta una importante brecha de protección

24 ago
4 min de lectura

La industria aseguradora chilena cuenta con un alto nivel de desarrollo y sofisticación, pero al excluir los seguros previsionales la realidad es diferente. La baja penetración de algunas coberturas evidencia el desafío de ampliar la protección de personas y empresas, tarea que requiere competencia, innovación y también colaboración entre los distintos actores del mercado.

Chile cuenta con una industria aseguradora desarrollada, con compañías nacionales e internacionales, una regulación consolidada, una amplia oferta de productos y un importante nivel de sofisticación técnica. Sin embargo, esta imagen cambia cuando se analiza el mercado excluyendo los seguros previsionales.

Las rentas vitalicias y otros productos vinculados al sistema previsional representan una parte relevante de la actividad aseguradora chilena y tienen un impacto significativo en las cifras agregadas del mercado. Al excluir estos productos, la penetración efectiva de los seguros en otros ámbitos de la economía y de la vida de las personas resulta bastante más limitada.

Esta realidad plantea una pregunta que la industria debería abordar colectivamente: ¿cómo lograr que el desarrollo alcanzado por el mercado asegurador se traduzca en una mayor protección para las personas y las empresas?


Una brecha que permanece

El problema no es solamente que determinados seguros tengan una baja penetración. Más relevante aún es que, en algunos segmentos, la penetración prácticamente no ha avanzado durante décadas.

El seguro automotriz es un buen ejemplo. Desde hace décadas, la proporción de vehículos asegurados en Chile se mantiene aproximadamente entre 30% y 33% del parque automotor. Esto significa que, pese al crecimiento y modernización del parque, la incorporación de nuevas tecnologías, el aumento del valor de los vehículos y una mayor exposición patrimonial de sus propietarios, la proporción del parque que cuenta con seguro no ha experimentado un incremento significativo.

La evolución del parque automotor debiera haber generado condiciones para una mayor penetración. Sin embargo, esto no ha ocurrido en la magnitud esperada.

Y el fenómeno no se limita al automóvil. Existen importantes oportunidades para ampliar la protección en seguros de hogar, vida, salud complementaria, responsabilidad civil, pequeñas y medianas empresas, ciberseguridad y otros riesgos que pueden generar un impacto financiero significativo sobre personas y organizaciones.

Por ello, reducir la brecha aseguradora debería constituir uno de los grandes desafíos estratégicos de la industria chilena.


El seguro debe ser más fácil de entender, contratar y utilizar

Una mayor penetración requiere también revisar la experiencia completa del cliente.

El seguro debe ser más fácil de entender, contratar y utilizar. El consumidor necesita saber con claridad qué está comprando, qué riesgos están cubiertos, cuáles son las exclusiones y cuánto recibirá o qué servicio obtendrá cuando ocurra un siniestro.

Pero existe un punto todavía más importante: el seguro debe funcionar cuando el cliente lo necesita.

La verdadera prueba de un seguro ocurre en el momento del siniestro. Es entonces cuando el asegurado espera que la compañía ejecute lo comprometido en el contrato y, cuando corresponda, pague la indemnización de manera oportuna.

Por eso, mejorar la experiencia del cliente no significa únicamente facilitar la contratación digital o simplificar una póliza. También implica hacer más simple, transparente y predecible la denuncia, liquidación y resolución del siniestro, así como el pago de la indemnización cuando corresponde.

Si la industria quiere aumentar la confianza y la contratación de seguros, debe demostrar su valor precisamente en ese momento.


Competir, pero también colaborar

La competencia es sana y necesaria. Permite que las compañías busquen mejores productos, precios más competitivos, mejores servicios y soluciones innovadoras para sus clientes.

Pero competir no significa que la industria no pueda —y en determinadas materias no deba— actuar conjuntamente.

Existen ámbitos en los cuales los intereses de las compañías pueden ser distintos y la competencia debe prevalecer. Pero también existen desafíos que son comunes a toda la industria y en los cuales resulta conveniente construir posiciones compartidas.

Promover políticas públicas que favorezcan el desarrollo del mercado asegurador, impulsar una mayor cultura de prevención y aseguramiento, generar conciencia sobre determinados riesgos, mejorar la comprensión del seguro y desarrollar iniciativas que permitan ampliar el acceso son materias en las que la colaboración sectorial puede generar un impacto mucho mayor que los esfuerzos individuales.

En este ámbito, el rol de las asociaciones gremiales y de las distintas organizaciones que forman parte del ecosistema asegurador adquiere especial relevancia.


Tecnología: un medio, no el objetivo

La tecnología también puede contribuir significativamente a reducir la brecha. La digitalización, la inteligencia artificial, los nuevos canales de distribución y los seguros embebidos permiten llegar a consumidores que históricamente han tenido un acceso limitado a determinadas coberturas.

Pero la tecnología por sí sola no resolverá el problema.

Una vez que las herramientas tecnológicas estén disponibles para la mayoría de las compañías, la verdadera diferenciación estará en cómo se utilizan para comprender mejor al cliente, diseñar productos adecuados, simplificar la contratación y, especialmente, responder mejor cuando ocurre un siniestro.

La innovación debe estar al servicio de una experiencia aseguradora más sencilla y de una mayor capacidad de protección.


El desafío es ampliar la protección

Chile no necesita construir desde cero un mercado asegurador. Ya cuenta con una industria desarrollada, profesionales especializados, compañías con experiencia internacional, una regulación consolidada y una infraestructura capaz de soportar un mercado de mayor tamaño.

El desafío es aprovechar esa base para ampliar significativamente el número de personas y empresas protegidas.

La persistencia durante décadas de niveles relativamente bajos de penetración en algunos segmentos demuestra que el crecimiento del mercado no ocurrirá automáticamente. Requiere nuevos productos, nuevos canales, mayor educación financiera y aseguradora, procesos más simples y una experiencia de siniestro que permita demostrar concretamente el valor del seguro.

Y requiere también una visión compartida.

Las compañías deben seguir compitiendo por los clientes, pero la industria debe ser capaz de unirse cuando se trata de promover condiciones que permitan que el mercado asegurador crezca y cumpla mejor su función económica y social.

El desafío, en definitiva, no es solamente que Chile tenga una industria aseguradora desarrollada. Es conseguir que una proporción mucho mayor de la sociedad esté efectivamente protegida frente a los riesgos que pueden afectar su patrimonio, sus ingresos y su continuidad.

Ahí es donde se encuentra una de las grandes oportunidades para el seguro chileno.


 
 
 

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