De la estandarización a la tarificación individual: el nuevo paradigma del seguro
- Seguro Visión

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Durante décadas, la comercialización de los seguros se ha basado en un modelo de productos altamente estandarizados, diseñados para grandes grupos de clientes y tarificados a partir de promedios. Este enfoque permitió masificar el seguro, simplificar su distribución y facilitar su comprensión. Sin embargo, también generó una distorsión estructural: los asegurados terminan pagando por riesgos a los que no están expuestos.
Ejemplos sobran. Personas que viven en Santiago pagando coberturas por salida de mar. Conductores que recorren pocos kilómetros al año pagando lo mismo que otros con una exposición diaria significativamente mayor. El resultado es un sistema que, si bien es eficiente desde lo operativo, no refleja el riesgo real de cada individuo.
Hoy, gracias al uso de la tecnología, ese paradigma está cambiando.
El problema de la tarificación por promedios
La tarificación tradicional se construye sobre categorías amplias: edad, sexo, tipo de vehículo, zona geográfica o actividad económica. Bajo este esquema, dos asegurados con perfiles aparentemente similares pueden pagar exactamente lo mismo, aun cuando su exposición efectiva al riesgo sea radicalmente distinta.
El caso del seguro automotriz es ilustrativo. Un asegurado que teletrabaja, recorre cerca de 8.000 kilómetros al año y utiliza su vehículo de manera ocasional, paga la misma prima que otro que conduce más de 20.000 kilómetros anuales, recorre diariamente largos trayectos y enfrenta una probabilidad mucho mayor de siniestro.
Desde el punto de vista técnico, ambos subsidian un promedio. Desde el punto de vista del cliente de menor riesgo, el seguro se percibe como caro e injusto.
El efecto indeseado: exclusión del bajo riesgo
Este modelo genera un fenómeno conocido en la teoría aseguradora: selección adversa. Los asegurados de menor riesgo, al percibir que el precio no refleja su realidad, tienden a:
reducir coberturas,
buscar alternativas informales,
o simplemente dejar de asegurarse.
El resultado es un mercado compuesto progresivamente por clientes de mayor riesgo, lo que presiona las tarifas al alza y deteriora los resultados técnicos. Un círculo difícil de romper bajo esquemas rígidos de estandarización.
La tecnología como punto de inflexión
La irrupción de tecnologías como:
telemetría,
dispositivos IoT,
análisis avanzado de datos,
inteligencia artificial,
modelos predictivos,
ha abierto la puerta a un nuevo enfoque: la tarificación individual basada en el riesgo efectivo.
En este modelo, cada asegurado paga de acuerdo con:
su nivel real de exposición,
su comportamiento,
su frecuencia de uso,
y su historial dinámico de riesgo.
Ya no se tarifica solo “quién es”, sino cómo se expone.
Tarificación individual: más justa, más eficiente
La tarificación individual produce un ajuste natural:
quienes están más expuestos al riesgo pagan más,
quienes están menos expuestos acceden a primas más bajas.
Lejos de ser un problema, este fenómeno es virtuoso para el sistema asegurador.
Los clientes de bajo riesgo, que antes abandonaban el mercado, encuentran precios acordes a su realidad y vuelven a asegurarse. Esto amplía la base asegurada, mejora la diversificación del portafolio y fortalece la sostenibilidad del negocio.
Impacto positivo para las compañías
Desde la perspectiva de las aseguradoras, la tarificación individual:
mejora la selección de riesgos,
reduce subsidios cruzados ineficientes,
fortalece la rentabilidad técnica,
permite diseñar productos más flexibles y modulares,
y mejora la percepción de valor del seguro.
Además, genera un incentivo positivo al comportamiento preventivo: el asegurado entiende que su conducta impacta directamente en su prima, alineando intereses entre cliente y aseguradora.
Un cambio estructural, no solo tecnológico
Este proceso no es solo una evolución técnica, sino un cambio estructural en la forma de entender el seguro. Se pasa de un modelo basado en promedios y supuestos estáticos, a uno dinámico, personalizado y centrado en el riesgo real.
La estandarización permitió crecer. La tarificación individual permitirá sostener y profundizar ese crecimiento en un entorno donde los clientes exigen equidad, transparencia y precios coherentes con su realidad.
La transición hacia la tarificación individual no solo mejora la justicia del sistema, sino que amplía el mercado asegurado y fortalece los resultados de las compañías. Al alinear precio y riesgo efectivo, el seguro recupera su lógica técnica original y refuerza su rol social.
En un mundo cada vez más medible, conectable y analizable, el futuro del seguro no está en promediar riesgos, sino en entenderlos uno a uno.
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