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El gran desafío de las aseguradoras por el histórico temporal que golpea Chile

El histórico sistema frontal que afecta a gran parte del territorio nacional no solo ha dejado una profunda huella en miles de familias y empresas. También representa una de las mayores pruebas operacionales para la industria aseguradora chilena de los últimos años.

Con vientos que en algunos sectores costeros superaron los 160 km/h, precipitaciones acumuladas que en diversas zonas podrían sobrepasar los 300 mm durante el evento y un río atmosférico de categoría 5, el país enfrenta un escenario de pérdidas masivas que continuará evolucionando durante los próximos días.

Al cierre de esta edición, los balances oficiales informan cinco personas fallecidas, cerca de 2.000 damnificados, más de 15.000 viviendas afectadas, decenas de miles de personas aisladas, rutas interrumpidas, activación de quebradas, desbordes de ríos y miles de hectáreas inundadas. En el momento más crítico del evento más de 650.000 clientes permanecieron sin suministro eléctrico, mientras que miles de hogares también enfrentaron interrupciones del servicio de agua potable.


Una tormenta de siniestros

Para las compañías de seguros, un fenómeno de esta naturaleza genera una situación excepcional.

No se trata únicamente de un aumento en el número de denuncias. Lo complejo es que los siniestros ocurren simultáneamente en múltiples líneas de negocio:

  • Seguros de hogar por voladuras de techos, ingreso de agua y daños estructurales.

  • Seguros de vehículos afectados por caída de árboles, postes, desprendimientos de techumbres e inundaciones.

  • Seguros para empresas debido a interrupciones operacionales y daños a instalaciones.

  • Seguros agrícolas por pérdidas de cultivos e infraestructura.

  • Seguros de ingeniería e infraestructura producto de deslizamientos, socavones y daños en obras civiles.

Cada una de estas coberturas requiere procesos distintos de inspección, liquidación y reparación, lo que multiplica la presión sobre toda la cadena de atención.


El cuello de botella comienza inmediatamente

Una de las primeras consecuencias para la industria es el colapso de la capacidad operativa.

Las aseguradoras comienzan a recibir miles de denuncias en pocas horas, mientras que liquidadores, inspectores, empresas de asistencia, proveedores de reparación, grúas, talleres y contratistas deben responder simultáneamente a una demanda extraordinaria.

A ello se suma una dificultad adicional: muchas de las zonas más afectadas presentan caminos cortados, puentes dañados, sectores aislados y restricciones de acceso, retrasando la inspección de los daños.

Paradójicamente, algunas aseguradoras también resultan afectadas directamente por la emergencia. El cierre temporal de sucursales debido a inundaciones, cortes de energía o problemas de conectividad obliga a concentrar la atención en canales digitales y centros telefónicos, los que igualmente pueden experimentar una fuerte congestión.


La importancia de la gestión de catástrofes

Los eventos catastróficos son precisamente el tipo de situaciones para las cuales las compañías desarrollan complejos planes de continuidad operacional.

Estos planes consideran redistribución nacional de equipos, activación de centros de atención remotos, priorización de siniestros de mayor gravedad, utilización intensiva de canales digitales y coordinación permanente con empresas de asistencia, liquidadores externos y reaseguradores internacionales.

En eventos de esta magnitud también aumenta significativamente el uso de tecnologías como fotografías georreferenciadas, videoperitajes, drones e inteligencia artificial para acelerar las evaluaciones preliminares y reducir los tiempos de respuesta.


El desafío financiero

Aunque Chile posee un mercado asegurador sólido y con una importante protección mediante programas de reaseguro internacional, eventos de esta magnitud representan un importante desafío financiero.

Los reaseguradores internacionales absorben parte importante de las pérdidas derivadas de eventos catastróficos, permitiendo mantener la estabilidad patrimonial de las compañías locales.

Sin embargo, cada evento extremo contribuye a elevar la percepción global del riesgo climático, factor que en los últimos años ha impulsado un incremento sostenido en los costos del reaseguro y una mayor exigencia en materia de suscripción.

En consecuencia, fenómenos meteorológicos cada vez más frecuentes e intensos podrían traducirse, en el mediano plazo, en ajustes de primas, deducibles y condiciones de aseguramiento para determinados riesgos.


Un cliente que necesita respuestas rápidas

Durante una catástrofe, la experiencia del asegurado deja de depender exclusivamente de la póliza contratada.

La velocidad de respuesta, la facilidad para denunciar un siniestro, la claridad de las comunicaciones y la rapidez con que comienzan las reparaciones pasan a ser los factores que determinan la percepción de calidad del servicio.

En este contexto, las compañías que logren mantener una comunicación permanente con sus clientes, entregando información clara sobre plazos, cobertura y estado del proceso de liquidación, serán las que generen mayores niveles de confianza en un momento especialmente complejo.


El temporal aún no termina

Las autoridades meteorológicas advierten que la inestabilidad continuará durante los próximos días. Nuevos sistemas frontales podrían dejar precipitaciones adicionales, especialmente entre las regiones de Coquimbo y Biobío, con acumulados cercanos a 50 mm en algunos sectores de la zona central, además de nieve en cordillera y fuertes rachas de viento.

Ello implica que el número de siniestros podría seguir aumentando antes de iniciar la etapa de evaluación definitiva de los daños.

Para la industria aseguradora, el verdadero desafío recién comienza. Una vez que cesen las lluvias vendrá la fase más extensa y compleja: inspeccionar miles de propiedades, coordinar reparaciones, indemnizar oportunamente y acompañar a los asegurados durante el proceso de recuperación.

En definitiva, este temporal no solo pondrá a prueba la capacidad financiera de las aseguradoras, sino también su resiliencia operacional, la calidad de sus procesos y, sobre todo, la confianza que son capaces de transmitir a quienes esperan que su seguro responda precisamente cuando más lo necesitan.

 
 
 

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