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La ruleta rusa de circular sin seguro: el desafío de cerrar la brecha de protección automotriz en Chile

En Chile, solo el 32,3% del parque automotor cuenta con un seguro voluntario. El restante 67,7% no está libre de riesgo: sus propietarios han optado por asumirlo directamente. Si, como muestran las estimaciones disponibles, cerca del 60% del parque enfrenta algún tipo de siniestro durante un año, la brecha de protección adquiere una dimensión que va mucho más allá de una oportunidad comercial para la industria.

Durante 2025, más de 2,2 millones de vehículos estuvieron asegurados en Chile, equivalentes al 32,3% del parque automotor. Es decir, aproximadamente dos de cada tres vehículos circulan sin un seguro automotriz voluntario. La cifra fue informada por la Asociación de Aseguradores de Chile (AACH) en agosto de 2026.

Pero hay una precisión que resulta fundamental: ese 67,7% no está exento de riesgo.

Simplemente ha decidido asumirlo.


Una apuesta al “no siniestro”

Quien decide no contratar un seguro automotriz está haciendo, consciente o inconscientemente, una apuesta: que durante el período en que mantenga su vehículo sin cobertura no ocurrirá un evento de suficiente magnitud como para comprometer su patrimonio.

Es lo que podríamos llamar “jugar al no siniestro”.

Mientras no ocurre nada, la decisión parece económicamente razonable. El propietario se ahorra la prima y siente que ha tomado una buena decisión. Pero el riesgo no desaparece. Solo cambia de manos: deja de asumirlo la compañía de seguros y pasa a asumirlo íntegramente el propietario.

Es, en definitiva, una forma de autoseguro.

Y aquí aparece un dato especialmente relevante. Alrededor del 60% del parque automotor está expuesto a sufrir algún tipo de siniestro durante un año, considerando el universo de eventos y no únicamente aquellos que terminan generando una indemnización de una compañía.

Esta distinción es importante. Las estadísticas de siniestros de las aseguradoras no necesariamente reflejan todos los eventos que afectan a los vehículos: existen deducibles, pólizas con coberturas acotadas, seguros concentrados en pérdida total, robo o responsabilidad civil y, además, situaciones en las que el propio asegurado decide no denunciar un daño menor.

Por eso, no resulta correcto comparar directamente el número de siniestros indemnizados por las compañías con el universo total de vehículos para determinar qué proporción del parque sufrió algún evento.

La realidad es más amplia.


La verdadera dimensión de la brecha

El problema, entonces, no es que casi siete de cada diez vehículos estén “sin riesgo”. Es exactamente lo contrario.

Casi siete de cada diez propietarios están reteniendo directamente el riesgo.

Y la pregunta es si ese autoseguro es realmente una decisión racional.

Para algunos vehículos y determinados perfiles, puede serlo. Un propietario puede evaluar que el costo de asegurar un automóvil antiguo, de bajo valor comercial, no justifica contratar una cobertura amplia y preferir asumir las pérdidas menores.

Pero esa lógica cambia completamente cuando se trata de robo, pérdida total o responsabilidad civil.

Un automóvil puede ser robado. Puede quedar destruido en un accidente. Y, especialmente, su conductor puede provocar daños a terceros cuyo costo sea muy superior al valor del propio vehículo.

En esos casos, no estamos hablando simplemente de “reparar el auto”.

Estamos hablando de proteger el patrimonio familiar.


El seguro como protección patrimonial

El seguro automotriz suele venderse fundamentalmente como protección para el vehículo. Sin embargo, para ampliar la penetración entre quienes actualmente no están asegurados, probablemente sea necesario cambiar la forma de presentar su valor.

La pregunta no debería ser solamente:

“¿Cuánto vale asegurar mi auto?”

Sino también:

“¿Cuánto me costaría asumir personalmente una pérdida total, un robo o una responsabilidad civil importante?”

El SOAP, que es obligatorio, cumple una función específica relacionada con lesiones y fallecimiento derivados de accidentes de tránsito, pero no protege el patrimonio frente a los daños materiales del propio vehículo ni frente a todas las consecuencias económicas que puede generar un accidente.

Ahí existe un espacio enorme para el seguro voluntario.


No todos necesitan el mismo seguro

Cerrar la brecha no significa necesariamente conseguir que esos 67,7% de vehículos contraten mañana una póliza tradicional de cobertura amplia.

Probablemente el camino sea mucho más gradual.

Para una persona que actualmente no tiene ningún seguro, la primera puerta de entrada debería ser una protección frente a los riesgos de mayor severidad:

  • pérdida total;

  • robo;

  • responsabilidad civil frente a terceros.

A partir de ahí, pueden incorporarse otras coberturas.

Los deducibles altos constituyen otra alternativa interesante. Permiten reducir el costo de la prima y trasladar al asegurado la responsabilidad por daños menores, manteniendo la protección frente a eventos de mayor magnitud. El propio funcionamiento del deducible permite configurar el nivel de protección de acuerdo con las necesidades y capacidad económica de cada persona.

La lógica sería sencilla: si no se puede o no se quiere asegurar todo, al menos proteger aquello que podría generar una pérdida patrimonial difícil de absorber.


La paradoja de la selección adversa

Esta baja penetración durante tantos años también genera un desafío para el propio mercado.

Cuando una parte importante de quienes consideran que tienen un riesgo bajo decide no asegurarse, mientras que quienes perciben una mayor exposición tienen mayores incentivos para contratar una póliza, puede aparecer el fenómeno conocido como selección adversa o antiselección.

El universo asegurado termina teniendo una composición de riesgo diferente a la del universo total de vehículos.

Esto no significa que la baja penetración sea la única razón que explica el precio de los seguros. Las primas también están determinadas por la frecuencia y severidad de los accidentes, robos, costos de reparación, precio de los repuestos, características de los vehículos y perfil de los conductores, entre otros factores.

Pero una mayor masa asegurada permite una mayor diversificación y distribución del riesgo, y puede contribuir a construir un mercado más amplio y competitivo.


El desafío es incorporar, no simplemente vender

Chile lleva años con una penetración del seguro automotriz voluntario cercana a un tercio del parque. El dato de 2025 —32,3%— confirma que la situación continúa siendo estructural.

Por eso, el desafío de la industria no debería ser únicamente vender más pólizas a quienes ya están dispuestos a asegurarse.

El verdadero desafío es encontrar una propuesta que permita incorporar al seguro a quienes hoy prefieren autosegurarse.

Y para ello será necesario pensar diferente: productos más simples, coberturas modulares, deducibles elevados, seguros asociados al uso, nuevas formas de distribución y una experiencia de contratación mucho más sencilla.

La tecnología puede ayudar a reducir costos, mejorar la segmentación del riesgo y diseñar productos más adecuados para distintos perfiles. Pero también será necesario un esfuerzo de educación aseguradora: explicar que no contratar un seguro no significa eliminar el riesgo, sino asumirlo personalmente.


¿Tiene sentido salir a la calle sin ninguna protección?

Probablemente esta sea la pregunta que debiéramos comenzar a hacernos como sociedad.

No necesariamente todos necesitan una cobertura amplia. No necesariamente todos necesitan cubrir cada pequeño daño. Y no necesariamente el seguro tradicional es la única respuesta.

Pero resulta difícil sostener que sea racional exponerse completamente a una pérdida total, un robo o una responsabilidad civil de alto costo cuando existen alternativas para transferir al menos una parte importante de esos riesgos.

El objetivo no debería ser que todos compren el mismo seguro.

Debería ser que nadie tenga que jugar a la ruleta rusa con su patrimonio simplemente porque no encontró una forma de seguro que se ajustara a sus necesidades y posibilidades.

Porque mientras el 32,3% del parque está protegido y el 67,7% restante retiene directamente el riesgo, la brecha aseguradora automotriz seguirá siendo una de las expresiones más visibles de la baja penetración del seguro en Chile.

 
 
 

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