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La soledad de los adultos mayores plantea un nuevo desafío para los seguros: pasar de la cobertura al acompañamiento

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El envejecimiento de la población y el debilitamiento de las redes de apoyo están poniendo sobre la mesa una dimensión poco desarrollada en la oferta aseguradora: la necesidad de acompañar a las personas mayores. La asistencia domiciliaria, el contacto periódico, la orientación y el apoyo en actividades cotidianas pueden convertirse en componentes cada vez más relevantes de los seguros destinados a este segmento.

La soledad se está convirtiendo en uno de los desafíos sociales asociados al envejecimiento de la población y una realidad que también debería llamar la atención de la industria aseguradora.

Los resultados de la Encuesta Nacional Bicentenario UC 2025 muestran que el 48% de los encuestados declaró haberse sentido solo durante la semana anterior a la medición. Entre las personas mayores de 55 años, la proporción alcanzó el 43%. Aunque el fenómeno también afecta significativamente a los jóvenes, en la vejez adquiere características particulares, vinculadas a la pérdida de la pareja, la disminución de las redes de amistad, la jubilación y la distancia geográfica respecto de los familiares.

A este diagnóstico se suman los antecedentes del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, que identificó que el 49,2% de las personas mayores experimenta soledad no deseada y que el 55,5% presenta un alto riesgo de aislamiento social. Más aún, un 30,7% enfrenta simultáneamente ambas situaciones.

Estas cifras reflejan una realidad que trasciende el ámbito emocional. La falta de vínculos y redes de apoyo puede dificultar el acceso oportuno a atención médica, la realización de actividades cotidianas y la respuesta frente a emergencias, especialmente cuando las personas mayores viven solas o tienen algún grado de dependencia.

Para la industria aseguradora, este escenario representa un desafío que va más allá de ampliar las coberturas tradicionales de salud, accidentes o fallecimiento. Supone revisar qué significa realmente proteger a una persona mayor y qué servicios adicionales pueden contribuir a mejorar su calidad de vida.


De la indemnización al acompañamiento

Tradicionalmente, los seguros destinados a adultos mayores se han concentrado en cubrir gastos médicos, hospitalización, accidentes, enfermedades, fallecimiento y determinados servicios de asistencia.

Sin embargo, esta oferta no siempre responde a todas las necesidades que aparecen con el envejecimiento. Una persona puede tener sus gastos médicos cubiertos y, al mismo tiempo, carecer de alguien que la acompañe a una consulta, la ayude a realizar un trámite, la visite periódicamente o esté disponible cuando necesita apoyo.

Es precisamente en ese espacio donde las aseguradoras pueden desarrollar una propuesta de valor diferente.

El concepto de protección debería evolucionar desde una mirada centrada en la indemnización ante un evento hacia otra que incorpore servicios destinados a prevenir situaciones de vulnerabilidad, facilitar la vida cotidiana y mantener la autonomía de las personas mayores.

No se trata de que una compañía de seguros reemplace a la familia ni de atribuirle responsabilidades propias de los sistemas de salud o de protección social. Se trata de reconocer que existen necesidades concretas que pueden ser atendidas mediante servicios de asistencia diseñados especialmente para este segmento.


¿Qué deberían incorporar los seguros para adultos mayores?

La tendencia plantea la oportunidad de revisar los paquetes de asistencia que acompañan a los productos aseguradores y avanzar hacia soluciones más integrales.

Entre los servicios que podrían adquirir mayor relevancia se encuentran:

Acompañamiento y contacto periódico: servicios de llamadas programadas, seguimiento y contacto con la persona asegurada, especialmente cuando vive sola. Estos mecanismos también pueden facilitar la detección temprana de situaciones que requieran apoyo adicional.

Acompañamiento a consultas médicas: asistencia presencial para acudir a controles, exámenes y tratamientos, incluyendo apoyo en traslados y coordinación de citas.

Asistencia domiciliaria: ayuda ante situaciones cotidianas, como pequeñas reparaciones, servicios básicos de mantenimiento y apoyo cuando una persona enfrenta dificultades para desenvolverse en su hogar.

Orientación médica y coordinación de atención: acceso a orientación telefónica, telemedicina, coordinación de consultas y seguimiento de determinadas necesidades de salud.

Asistencia en emergencias: mecanismos de contacto y respuesta ante caídas, accidentes domésticos u otras situaciones en las que la persona pueda necesitar ayuda.

Apoyo tecnológico: asistencia para utilizar teléfonos inteligentes, aplicaciones de salud, plataformas bancarias y otros servicios digitales, evitando que la brecha tecnológica se transforme en una nueva forma de aislamiento.

Servicios de recreación y vinculación social: convenios y acceso a actividades culturales, recreativas y comunitarias que faciliten la participación y el establecimiento de nuevos vínculos.

La combinación de estas prestaciones permitiría construir productos que no solo respondan cuando ocurre un siniestro, sino que mantengan una presencia útil en la vida cotidiana del asegurado.


Una oportunidad de diferenciación para las aseguradoras

El desarrollo de estas soluciones también puede convertirse en una oportunidad comercial para las compañías de seguros.

El segmento de adultos mayores tiene necesidades diversas y no puede abordarse como un grupo homogéneo. Existen personas plenamente autónomas, activas y con una vida social intensa, mientras otras enfrentan limitaciones de movilidad, enfermedades crónicas, dependencia o redes familiares reducidas.

Por ello, las compañías deberían avanzar hacia paquetes de asistencia flexibles, que permitan combinar servicios según las características y necesidades de cada asegurado.

También existe espacio para desarrollar coberturas complementarias que contemplen asistencia por dependencia, cuidados domiciliarios, apoyo en actividades básicas de la vida diaria y servicios de orientación para familiares y cuidadores.

La clave estará en diseñar prestaciones efectivas, con redes de proveedores disponibles, protocolos de atención y mecanismos que permitan verificar que el servicio realmente llega a quien lo necesita.

No basta con incorporar una extensa lista de asistencias en las condiciones comerciales de una póliza si, al momento de requerirlas, el asegurado enfrenta dificultades para acceder a ellas.


El desafío también alcanza a los corredores

Los corredores de seguros tienen un papel relevante en esta evolución. Su conocimiento de los clientes y su capacidad para identificar necesidades pueden contribuir a que las compañías desarrollen productos más cercanos a la realidad de las personas mayores.

Además, existe una oportunidad para que la asesoría deje de concentrarse exclusivamente en capitales asegurados, primas y coberturas, incorporando una evaluación más amplia de las necesidades de protección y asistencia de cada persona.

Esto resulta especialmente relevante en seguros colectivos, convenios con asociaciones de jubilados, sindicatos, instituciones y organizaciones que agrupan a personas mayores.

La asistencia puede convertirse en un elemento diferenciador de la propuesta comercial y, al mismo tiempo, contribuir a construir relaciones más duraderas con los asegurados.


Una nueva dimensión de la protección aseguradora

La soledad y el aislamiento social también obligan a mirar el envejecimiento desde una perspectiva distinta. Vivir más años no necesariamente significa vivir mejor, especialmente cuando disminuyen las redes de apoyo y las personas enfrentan dificultades para mantener su autonomía.

Para las aseguradoras, esto representa una oportunidad para ampliar el concepto de protección y desarrollar soluciones que incorporen no solamente coberturas financieras, sino también servicios que aporten tranquilidad, seguridad y acompañamiento.

La tecnología puede contribuir a este objetivo mediante sistemas de seguimiento, dispositivos de alerta, teleasistencia y plataformas de contacto. Sin embargo, estas herramientas no deberían reemplazar el contacto humano. Una llamada, una visita o el acompañamiento presencial pueden tener un valor que difícilmente puede sustituirse mediante una aplicación.

El desafío consiste en combinar tecnología, asistencia profesional y cercanía humana.

La industria aseguradora tiene aquí un espacio para innovar y responder a una necesidad que probablemente adquirirá mayor relevancia a medida que Chile continúe envejeciendo.

El seguro para adultos mayores del futuro no debería limitarse a estar presente cuando ocurre una enfermedad, un accidente o un fallecimiento. También debería estar presente cuando una persona necesita ayuda, compañía o simplemente saber que cuenta con alguien a quien recurrir.

Porque proteger no es solamente indemnizar: también es acompañar.

 
 
 

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