Los jóvenes y los seguros: cómo cambian las puertas de entrada al mercado asegurador en Chile
- Seguro Visión

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Durante décadas, la relación de los chilenos con los seguros siguió una secuencia relativamente predecible. La contratación del primer seguro solía coincidir con algunos de los principales hitos de la vida adulta: la compra del primer automóvil, la adquisición de una vivienda mediante un crédito hipotecario, el matrimonio o el nacimiento de los hijos. Cada una de estas etapas generaba nuevas necesidades de protección y acercaba naturalmente a las personas al mundo asegurador.
Sin embargo, los cambios demográficos, económicos y culturales que experimenta Chile están modificando profundamente este recorrido. Los jóvenes de hoy enfrentan una realidad distinta a la de generaciones anteriores, lo que está transformando tanto la forma como el momento en que ingresan al mercado de los seguros.
El retraso de los hitos tradicionales
Uno de los cambios más evidentes es la postergación de los principales eventos que históricamente impulsaban la contratación de seguros.
La edad promedio para contraer matrimonio ha aumentado de manera sostenida durante las últimas décadas, mientras que las tasas de natalidad registran mínimos históricos. Cada vez son más las personas que deciden formar familia a una edad más avanzada o, simplemente, optan por no tener hijos.
A ello se suma una menor capacidad de acceso a la vivienda propia. El aumento de los precios de las propiedades, las mayores exigencias para obtener financiamiento y las dificultades económicas han retrasado la compra de viviendas para muchos jóvenes, postergando también la contratación de seguros asociados a créditos hipotecarios o a la protección del hogar.
Algo similar ocurre con la independencia residencial. Un número creciente de jóvenes permanece por más tiempo en el hogar familiar, retrasando la necesidad de contratar seguros relacionados con bienes propios o responsabilidades domésticas.
Incluso el automóvil, tradicional puerta de entrada al seguro para muchas personas, ha perdido parte de su protagonismo. Las nuevas generaciones utilizan con mayor frecuencia aplicaciones de transporte, servicios compartidos o alternativas de movilidad que reducen la necesidad de adquirir un vehículo propio a temprana edad.
Nuevas experiencias, nuevos seguros
Pero mientras algunas puertas de entrada se cierran o se retrasan, otras comienzan a abrirse.
Los viajes, por ejemplo, se han convertido en una experiencia cada vez más frecuente entre los jóvenes. Ya sea por turismo, estudios, trabajo temporal o programas de intercambio, miles de personas tienen hoy un primer contacto con la industria aseguradora a través de la contratación de seguros de viaje.
A diferencia de generaciones anteriores, que muchas veces llegaban al seguro por obligación asociada a un crédito o un activo, los jóvenes suelen conocer estos productos a partir de experiencias concretas relacionadas con la movilidad, la protección personal y la asistencia en el extranjero.
Las garantías extendidas también se han transformado en una puerta de entrada relevante. La compra de teléfonos móviles, computadores, electrodomésticos y otros dispositivos tecnológicos suele incorporar coberturas adicionales que familiarizan a los consumidores con conceptos propios del seguro, como protección, indemnización, asistencia o cobertura de daños.
Algo similar ocurre con las asistencias, productos que han ganado espacio durante los últimos años. Servicios de asistencia médica, dental, para mascotas, hogar, vehículos o viajes permiten a muchos consumidores experimentar beneficios aseguradores sin necesidad de contratar una póliza tradicional.
Del seguro patrimonial al seguro de servicios
Estos cambios reflejan una transformación más profunda en las necesidades de las nuevas generaciones.
Mientras los seguros tradicionales se construyeron en torno a la protección de grandes activos —como viviendas, automóviles o patrimonio familiar—, los jóvenes muestran una mayor valoración por productos que protegen experiencias, servicios o aspectos de su vida cotidiana.
La inmediatez, la simplicidad de contratación, la flexibilidad y la posibilidad de acceder a coberturas digitales son factores cada vez más relevantes para este segmento.
Por ello, conceptos como seguros embebidos, coberturas por uso, protección de dispositivos electrónicos, seguros para viajes, bicicletas o mascotas comienzan a ganar terreno como mecanismos para acercar a nuevos consumidores al mercado.
El desafío para la industria
La evolución de los hábitos y prioridades de los jóvenes plantea un desafío estratégico para las aseguradoras y corredores.
El asegurado del futuro probablemente no llegará al mercado a través de los mismos caminos que recorrieron las generaciones anteriores. Esperar a que compre una vivienda, adquiera un automóvil o forme una familia puede significar perder años de relación con potenciales clientes.
La industria enfrenta la oportunidad de construir vínculos más tempranos mediante productos simples, digitales y asociados a experiencias relevantes para las nuevas generaciones. Cada seguro de viaje contratado, cada garantía extendida adquirida o cada servicio de asistencia utilizado puede convertirse en el primer paso de una relación de largo plazo con el mundo asegurador.
En un país que envejece, donde los nacimientos disminuyen y los proyectos de vida se diversifican, comprender estos cambios resulta fundamental. Más que buscar al cliente donde estaba antes, el desafío consiste en encontrarlo donde está hoy y acompañarlo en las nuevas etapas que definen su vida.
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