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MAPFRE reclama una norma global para la inteligencia artificial

hace 3 minutos
4 min de lectura

La aseguradora española plantea la necesidad de avanzar hacia reglas comunes para enfrentar los riesgos éticos y tecnológicos de la IA, evitando una fragmentación regulatoria que termine dificultando la innovación. El desafío adquiere especial relevancia para el sector asegurador, donde los algoritmos ya intervienen en procesos como tarificación, atención de clientes, detección de fraude y gestión de siniestros.

La rápida expansión de la inteligencia artificial está abriendo una nueva discusión para la industria aseguradora: ¿cómo regular una tecnología que no conoce fronteras y que evoluciona mucho más rápido que las legislaciones nacionales?

Desde MAPFRE vienen planteando esta preocupación desde hace tiempo. Su presidente, Antonio Huertas, ha defendido la necesidad de legislar sobre los riesgos éticos de la inteligencia artificial, pero advirtiendo que la regulación debe encontrar un equilibrio entre protección y competitividad.

La posición de la aseguradora apunta así hacia un desafío que trasciende las fronteras de Europa: la necesidad de avanzar hacia criterios globales para el desarrollo y utilización responsable de la IA.


Una tecnología que ya está dentro del seguro

La discusión no es teórica para MAPFRE.

La compañía ha incorporado inteligencia artificial en más de 115 casos de uso a nivel mundial y ha desarrollado un Centro de IA con participación de equipos especializados de Brasil, España y Estados Unidos. En España, más de 5,4 millones de clientes ya han interactuado con soluciones basadas en esta tecnología.

La IA se está convirtiendo, por tanto, en una herramienta transversal para las aseguradoras: permite automatizar procesos, analizar grandes volúmenes de información, mejorar la experiencia del cliente, detectar patrones de fraude y apoyar la gestión de riesgos.

Pero precisamente por su capacidad para intervenir en decisiones que afectan directamente a las personas, también introduce nuevos riesgos.


El problema de una regulación fragmentada

Europa dio un paso decisivo con el Reglamento de Inteligencia Artificial, que establece un sistema basado en diferentes niveles de riesgo y fija obligaciones específicas para los desarrolladores y usuarios de determinados sistemas.

MAPFRE ha trabajado en la adaptación de sus procesos a esta regulación y señala que todas sus soluciones de IA, tanto propias como de terceros, están sometidas a su modelo de gobierno de inteligencia artificial y al proyecto de adecuación al Reglamento europeo.

Sin embargo, el escenario internacional es mucho más complejo.

Distintos países y jurisdicciones están desarrollando sus propias aproximaciones regulatorias, con diferencias en materia de transparencia, responsabilidad, protección de datos, discriminación algorítmica y utilización de sistemas automatizados.

Para una compañía aseguradora multinacional, esto plantea una dificultad evidente: una misma tecnología puede estar sometida a exigencias diferentes dependiendo del país donde se utilice.

De ahí la importancia de avanzar hacia estándares internacionales comunes.


Del riesgo tecnológico al riesgo asegurador

La discusión tiene una particular relevancia para el mercado asegurador porque la IA no solamente constituye una herramienta para las compañías: también está generando nuevos riesgos susceptibles de ser asegurados.

Un sistema de inteligencia artificial puede generar errores, discriminación, vulneraciones de privacidad, filtraciones de información, infracciones de propiedad intelectual o decisiones automatizadas incorrectas.

También pueden producirse daños derivados de sistemas autónomos que actúen sobre la base de información incorrecta o de modelos cuyo funcionamiento resulte difícil de explicar.

Esto abre interrogantes que todavía no tienen una respuesta uniforme: ¿quién responde por un daño provocado por una IA? ¿El desarrollador, el proveedor, la empresa que la utiliza o quien tomó la decisión de automatizar el proceso?

Y para las aseguradoras surge una pregunta adicional: ¿cómo se tarifica y cubre un riesgo que cambia a una velocidad mucho mayor que la información histórica disponible para modelarlo?


MAPFRE apuesta por una IA con las personas en el centro

La respuesta de MAPFRE no se limita a pedir regulación externa.

La compañía elaboró su propio Manifiesto por una IA humanista, ética y responsable, convirtiéndose en la primera compañía del IBEX 35 en adoptar un posicionamiento formal de este tipo. El documento establece cinco principios para orientar el desarrollo y utilización de esta tecnología.

Entre ellos se encuentran la utilización de la IA con propósito, la orientación hacia las personas, la ética y seguridad, además de criterios de gobernanza y responsabilidad.

La compañía sostiene que la inteligencia artificial debe utilizarse para generar valor para el cliente y el negocio, pero manteniendo a las personas en el centro de las decisiones.

También ha establecido mecanismos para evaluar riesgos, prevenir sesgos, proteger la información y garantizar elementos como calidad, seguridad, trazabilidad, privacidad, equidad, explicabilidad y transparencia.


¿Una oportunidad para el sector asegurador?

La discusión planteada por MAPFRE podría adquirir especial relevancia para el seguro.

La industria está avanzando rápidamente hacia una mayor utilización de datos y algoritmos. La tarificación individualizada, la automatización de la suscripción, la detección de fraude, la evaluación de daños y la atención de clientes son solo algunos de los ámbitos donde la IA puede transformar la operación aseguradora.

Pero mientras mayor sea la capacidad de personalización y automatización, mayor será también la necesidad de asegurar que los modelos utilizados sean explicables, trazables, no discriminatorios y supervisados por personas.

El desafío, por tanto, no consiste solamente en preguntarse qué puede hacer la inteligencia artificial, sino también qué decisiones estamos dispuestos a delegar en ella y bajo qué reglas.

Para MAPFRE, la respuesta pasa por una inteligencia artificial humanista, ética y responsable. Y, en un mercado global donde los algoritmos pueden desarrollarse en un país, operar en otro y afectar a clientes de un tercero, el siguiente paso lógico parece ser buscar algo que hoy todavía falta: un marco de principios comunes que trascienda las fronteras nacionales.

Porque si los riesgos de la inteligencia artificial son globales, su gobernanza difícilmente podrá resolverse únicamente con normas locales.

 
 
 

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