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Nueva regulación para el remolque de vehículos pone en valor la asistencia vehicular de los seguros

El Decreto Supremo N° 55/2025 del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones establece nuevas condiciones para el remolque de vehículos motorizados averiados o accidentados en la vía pública. La normativa busca terminar con prácticas como el uso de lazos, cadenas o cuerdas elásticas y establece que el auxilio debe realizarse bajo condiciones que resguarden la seguridad vial. Para el mercado asegurador, el cambio tiene una consecuencia adicional: aumenta el valor percibido de las coberturas de asistencia vehicular que incorporan servicio de grúa.

Una falla mecánica, un accidente o simplemente un vehículo que queda inmovilizado en la vía pública puede convertirse rápidamente en un problema para el conductor.

Hasta ahora, en muchas situaciones, la solución consistía en recurrir a otro vehículo para intentar trasladarlo utilizando elementos improvisados, como cuerdas, cadenas o lazos. Una práctica que, además de no ofrecer necesariamente condiciones adecuadas de seguridad, puede generar nuevos riesgos para quienes participan en la maniobra y para los demás usuarios de la vía.

Ese escenario comienza a cambiar con el nuevo Reglamento sobre el remolque de vehículos motorizados averiados o accidentados en la vía pública, aprobado mediante el Decreto Supremo N° 55/2025 del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones.

La normativa responde a un mandato establecido en el artículo 61 de la Ley de Tránsito, que dispone que el remolque de vehículos motorizados debe efectuarse en las condiciones que determine el reglamento.


Se termina el remolque improvisado

El nuevo reglamento establece las condiciones bajo las cuales puede realizarse el remolque de un vehículo que se encuentra detenido en la vía pública y no puede desplazarse por sus propios medios debido a una avería o accidente.

Uno de los elementos centrales de la nueva regulación es la incorporación de los denominados “vehículos de auxilio”, definidos como aquellos dotados de un mecanismo de izamiento y con capacidad para realizar las funciones de auxilio previstas en la normativa.

De esta manera, la regulación busca avanzar desde soluciones improvisadas hacia procedimientos y vehículos especialmente habilitados para realizar esta tarea.

El cambio tiene una lógica evidente: un vehículo averiado o accidentado ya constituye un factor de riesgo para el tránsito. Intentar desplazarlo mediante una cuerda o una cadena puede agregar un segundo riesgo, especialmente en carreteras, autopistas o vías de alta velocidad.

La regulación, por lo tanto, no sólo establece una formalidad administrativa. Introduce un estándar de seguridad para una situación que hasta ahora podía resolverse de manera bastante informal.


Una situación cotidiana que cambia

Para el conductor, las consecuencias prácticas pueden ser más importantes de lo que inicialmente parece.

Cuando un vehículo queda inmovilizado, la primera reacción suele ser buscar alguna forma de sacarlo del lugar.

Con las nuevas reglas, la posibilidad de recurrir simplemente a otro automóvil para remolcarlo mediante elementos artesanales queda restringida por las condiciones establecidas en el reglamento.

Esto hace que el acceso a un servicio profesional de asistencia adquiera mayor importancia.

Y aquí aparece un vínculo directo con la industria aseguradora.


La asistencia vehicular adquiere mayor valor

Una de las coberturas adicionales más conocidas de los seguros de vehículos es precisamente la asistencia en ruta, que puede incluir servicios como envío de grúa, auxilio mecánico, cambio de neumático, suministro de combustible o apoyo en caso de inmovilización.

Tradicionalmente, estos servicios han sido percibidos por muchos consumidores como un beneficio complementario de la póliza.

La nueva regulación puede cambiar esa percepción.

Si el propietario de un vehículo no puede resolver libremente una avería mediante un remolque improvisado, contar con una póliza que incluya servicio de grúa pasa a tener un valor práctico mucho más evidente.

Ya no se trata solamente de una comodidad.

Se transforma en una solución concreta frente a una situación en la que el propietario puede encontrarse legal y materialmente limitado para retirar su vehículo de la vía pública por sus propios medios.


El seguro comienza a competir también por el servicio

Este cambio puede tener una consecuencia interesante para el mercado de seguros de vehículos.

Durante años, la competencia entre compañías se ha concentrado fundamentalmente en el precio, los deducibles, las coberturas y las condiciones de suscripción.

Pero la asistencia vehicular introduce otra dimensión: la experiencia que recibe el asegurado cuando ocurre el siniestro o la avería.

En ese momento, para el cliente probablemente será menos relevante saber si pagó algunos miles de pesos menos por su póliza que comprobar cuánto demora la grúa en llegar, si realmente puede acceder al servicio cuando lo necesita y cómo responde la compañía frente a la emergencia.

La calidad de la asistencia puede convertirse, por lo tanto, en un elemento diferenciador.


Una oportunidad para agregar valor a la póliza

La nueva regulación también abre una oportunidad comercial para las aseguradoras.

Si la asistencia vehicular ya forma parte de numerosas pólizas, el desafío consiste ahora en comunicar mejor su valor.

El consumidor puede no recordar que su seguro incluye una determinada cantidad de servicios de grúa al año, los kilómetros máximos de traslado, las condiciones de utilización o las situaciones que están cubiertas.

Sin embargo, cuando su automóvil queda detenido en una carretera, esa información adquiere una importancia inmediata.

La regulación puede contribuir a que los consumidores comprendan que contratar un seguro automotor no significa solamente proteger el vehículo frente a un accidente.

También puede significar tener acceso a una red de servicios que permite resolver una situación de emergencia de manera rápida y segura.


También plantea desafíos para las aseguradoras

El mayor valor de la asistencia vehicular trae consigo una exigencia.

Si la grúa pasa a ser un componente más importante de la propuesta de valor del seguro, las compañías deberán preocuparse especialmente de la calidad de los proveedores que integran sus redes de asistencia.

No basta con ofrecer el servicio en las condiciones generales de la póliza.

La experiencia concreta será determinante.

Tiempo de respuesta, cobertura geográfica, disponibilidad durante las 24 horas, capacidad de atender en carreteras alejadas de los centros urbanos y cumplimiento de las exigencias técnicas del nuevo reglamento serán factores cada vez más relevantes.

La asistencia deja de ser un simple beneficio agregado y puede transformarse en una parte importante de la experiencia aseguradora.


Más que una nueva obligación, una oportunidad para el seguro

La regulación del remolque tiene como objetivo principal mejorar las condiciones de seguridad vial y establecer reglas claras para una actividad que durante mucho tiempo se realizó de manera informal. Ese objetivo es plenamente justificable.

Pero desde la perspectiva del mercado asegurador, sus efectos pueden ir más allá.

La nueva normativa contribuye a poner en valor una cobertura que muchas veces queda relegada a un segundo plano al momento de contratar un seguro automotor.

Porque cuando el vehículo está detenido en medio de la carretera, la asistencia deja de ser una línea más de la póliza y se convierte en el servicio que el asegurado necesita en ese preciso momento.

Y en un mercado automotor altamente competitivo, donde las diferencias de precio entre productos pueden ser relativamente pequeñas, la capacidad de resolver eficazmente esa emergencia puede terminar siendo un elemento decisivo para elegir una compañía.

La entrada en vigencia de este nuevo reglamento, por tanto, no sólo representa un avance en materia de seguridad vial.

Para la industria aseguradora también puede ser una oportunidad para demostrar que el valor de un seguro no está únicamente en la indemnización que paga después de un accidente, sino también en la asistencia que entrega cuando el asegurado más la necesita.

 
 
 

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