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Olimpiadas del Seguro: 26 años convirtiendo la competencia en un espacio de encuentro para la industria

13 ago
4 min de lectura

Cerca de 3.000 deportistas de 44 compañías participan este año en una de las tradiciones más arraigadas del mercado asegurador chileno. Más que una competencia, las Olimpiadas del Seguro se han transformado en un espacio de camaradería, integración y construcción de cultura dentro de la industria.

La industria aseguradora chilena tiene una particularidad que trasciende las pólizas, los siniestros, las reservas y las regulaciones: una fuerte cultura gremial y de encuentro. Una de las expresiones más visibles de esa tradición son las Olimpiadas del Seguro, que este año celebran su 26ª edición.

La jornada inaugural de las Olimpiadas del Seguro 2026 se realizó el sábado 8 de agosto en la Ciudad Deportiva de la Universidad San Sebastián, dando inicio a varios meses de competencias que reunirán a cerca de 3.000 deportistas pertenecientes a 44 compañías.

El inicio mantuvo algunos de los elementos que ya forman parte del ritual de esta actividad: el encendido de la antorcha, el juramento de los deportistas y el tradicional desfile de las compañías y corredoras participantes. Una ceremonia que, año tras año, consigue transformar por unas horas a competidores, ejecutivos y colaboradores de distintas organizaciones en parte de un mismo equipo: el de la industria aseguradora.


Una tradición que nació hace más de un cuarto de siglo

Aunque hoy las Olimpiadas del Seguro son una actividad consolidada, sus orígenes se remontan a 1999, cuando la Asociación de Aseguradores de Chile celebró sus 100 años de existencia.

En esa oportunidad se organizaron dos competencias deportivas para las compañías asociadas: tenis y baby fútbol. El evento recibió originalmente el nombre de Campeonatos de la Asociación de Aseguradores de Chile y contó con la participación de 24 compañías, un reasegurador y la entonces Superintendencia de Valores y Seguros (SVS).

La iniciativa tuvo una recepción tan positiva entre los trabajadores de las compañías que rápidamente comenzó a crecer. En 2006 adoptó oficialmente el nombre de Olimpiadas del Seguro, denominación con la que se mantiene hasta hoy. Dos años después, en 2008, se creó además la Copa Olimpiadas del Seguro, destinada a la compañía que obtiene el mayor puntaje acumulado en las distintas competencias.

Con el paso de los años se fueron incorporando nuevas disciplinas, hasta configurar el amplio programa que existe actualmente.


Diez disciplinas y una industria compitiendo

La versión 2026 contempla 10 disciplinas deportivas: atletismo, bowling, futbolito, juegos de salón, karting, natación, pádel, tenis de mesa, tenis y voleibol.

El calendario se extiende durante varios meses. Después de la jornada inaugural, las competencias avanzan progresivamente desde el atletismo, tenis y futbolito, pasando por vóleibol, pádel, juegos de salón, bowling y karting, hasta llegar a las jornadas finales de natación y tenis de mesa en octubre.

La diversidad de disciplinas también refleja la evolución de las propias Olimpiadas. Ya no se trata solamente de los deportes tradicionalmente asociados a este tipo de encuentros. Hay espacio para quienes prefieren la velocidad del karting, la precisión del bowling, la estrategia de los juegos de salón o la competencia individual del tenis y la natación.

Y precisamente allí parece estar una de las claves de su permanencia: hay un espacio para prácticamente todos.


Cuando las compañías dejan de ser competidoras

Durante el año, las empresas que participan en las Olimpiadas compiten por clientes, talento, innovación, resultados y participación de mercado. En las canchas, sin embargo, la lógica es diferente.

Un trabajador de una compañía puede enfrentarse deportivamente a un antiguo compañero de trabajo, a un colega de otra aseguradora o incluso a alguien con quien habitualmente interactúa en materias comerciales o gremiales.

La competencia existe, pero está acompañada por una dimensión de encuentro que difícilmente se consigue en una actividad laboral convencional.

La propia historia de las Olimpiadas muestra cómo esa dimensión fue adquiriendo importancia. Lo que comenzó como una actividad deportiva fue incorporando progresivamente disciplinas y actividades que ampliaron su carácter integrador.


El deporte como expresión de cultura corporativa

En tiempos en que las compañías hablan cada vez más de cultura organizacional, bienestar, colaboración y sentido de pertenencia, las Olimpiadas del Seguro ofrecen una particularidad: esos conceptos dejan de ser declaraciones corporativas y se convierten en experiencias concretas.

Preparar un equipo, entrenar después de la jornada laboral, competir, ganar o perder y posteriormente compartir con otros participantes son experiencias que construyen vínculos de una manera distinta a la que puede lograrse en una reunión o actividad corporativa tradicional.

De hecho, testimonios recogidos durante versiones anteriores destacan precisamente la posibilidad de conocer personas de otras aseguradoras, reencontrarse con antiguos compañeros y competir en un ambiente de camaradería.

Es una dimensión especialmente interesante en una industria relativamente pequeña y especializada como la aseguradora, donde buena parte de sus profesionales se conocen, han trabajado en distintas compañías a lo largo de su trayectoria o mantienen relaciones profesionales durante muchos años.


Una competencia que también tiene historia

La Copa Olimpiadas del Seguro ha contribuido, además, a darle continuidad competitiva al evento.

El historial de ganadores muestra el protagonismo que algunas compañías han tenido a lo largo de los años. Penta Vida obtuvo la copa en 2008 y 2009; BICE Vida en 2010; Consorcio en 2011; Aseguradora Magallanes en 2012, 2013 y 2014; mientras que BNP Paribas Cardif ha sido el gran dominador de los últimos años, con títulos en 2015, 2016, 2017, 2018, 2019, 2022, 2023, 2024 y 2025.

Más allá de las estadísticas, estos resultados forman parte de la memoria colectiva de una actividad que ya tiene varias generaciones de participantes.


Mucho más que deporte

Quizás el principal valor de las Olimpiadas del Seguro no está en quién gana la Copa en noviembre, sino en lo que ocurre durante los meses anteriores.

Son miles de trabajadores que dejan por unas horas sus funciones habituales para ponerse una camiseta, representar a su compañía y competir. Se encuentran personas que normalmente se relacionan por teléfono, correo electrónico o reuniones; aparecen nuevas amistades y se recuperan antiguas relaciones profesionales.

En una industria cuyo negocio consiste precisamente en gestionar riesgos, proteger personas y empresas y construir confianza, los valores que promueve el deporte resultan particularmente coherentes: disciplina, perseverancia, trabajo en equipo, preparación, capacidad de enfrentar la adversidad y respeto por el adversario.

Por eso, después de 26 ediciones, las Olimpiadas del Seguro son bastante más que un campeonato deportivo.

Son también una expresión de identidad de la industria aseguradora chilena.

Y quizás esa sea la razón por la que, año tras año, miles de personas vuelven a ponerse la camiseta de su compañía.

La competencia dura unos meses. Los vínculos que genera pueden durar mucho más.

 
 
 

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