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¿Todo se puede asegurar? La delgada línea que separa un seguro de una apuesta

¿Se puede asegurar un matrimonio contra el divorcio? ¿La victoria de un equipo de fútbol? ¿El resultado de una elección presidencial? ¿Un hoyo en uno en un torneo de golf? Todas estas situaciones tienen algo en común: existe incertidumbre. Sin embargo, solo algunas pueden transformarse en un contrato de seguro. ¿Qué hace que un riesgo sea asegurable? La respuesta revela la esencia misma de la industria aseguradora.


El seguro nació para resolver uno de los mayores problemas que enfrenta cualquier persona o empresa: la incertidumbre. Nadie sabe cuándo sufrirá un incendio, un accidente de tránsito, un terremoto o un ciberataque. Frente a esa incertidumbre, el seguro permite transferir las consecuencias económicas de esos hechos a una compañía especializada.

Pero existe una creencia bastante extendida: si algo es incierto, entonces debería poder asegurarse.

La realidad es bastante más compleja.

La incertidumbre es un requisito indispensable para que exista un seguro, pero está lejos de ser suficiente.


Riesgos puros y riesgos especulativos

Desde sus orígenes, la industria aseguradora ha distinguido dos grandes categorías de riesgos.

Los riesgos puros son aquellos en que, si el evento ocurre, solo puede generar una pérdida económica. Si no ocurre, la situación simplemente permanece igual. Un incendio, un terremoto, un robo o una enfermedad son ejemplos de este tipo de riesgos.

Los riesgos especulativos, en cambio, pueden generar tanto ganancias como pérdidas. Invertir en acciones, comprar criptomonedas o apostar al resultado de una elección son ejemplos en los que el desenlace puede mejorar o empeorar la situación económica de quien asume el riesgo.

El seguro fue concebido para proteger frente a riesgos puros, no para garantizar ganancias derivadas de acontecimientos inciertos.


¿Qué condiciones debe cumplir un riesgo para ser asegurable?

No basta con que exista incertidumbre.

Desde el punto de vista técnico y jurídico, un riesgo debe cumplir varias condiciones para que pueda ser asegurado.

En primer lugar, el hecho debe ser fortuito, es decir, no depender de la voluntad del asegurado.

Además, debe existir un interés asegurable: quien contrata el seguro debe sufrir un perjuicio económico si ocurre el evento.

El riesgo también debe ser susceptible de medirse. Las aseguradoras necesitan estimar su probabilidad de ocurrencia y el costo esperado de los siniestros para calcular una prima técnicamente suficiente.

Finalmente, debe tratarse de riesgos que puedan formar parte de una comunidad suficientemente amplia de asegurados, de modo que opere uno de los principios fundamentales del seguro: la mutualización del riesgo. Gracias a la ley de los grandes números, las aseguradoras pueden estimar con razonable precisión cuántos siniestros ocurrirán en un conjunto de miles o millones de riesgos similares y distribuir su costo entre todos los asegurados.

Cuando alguno de estos elementos falla, el seguro comienza a perder su esencia.


El caso del divorcio: cuando la incertidumbre no basta

A primera vista, un divorcio parece reunir varias de las condiciones para ser asegurable.

Existe incertidumbre. Puede generar importantes pérdidas económicas. Hay un claro interés patrimonial por parte de quienes desean protegerse frente a sus consecuencias.

Entonces, ¿por qué prácticamente no existen seguros contra el divorcio?

Porque aparecen dificultades que afectan la esencia misma del contrato de seguro.

A diferencia de un incendio o un terremoto, el divorcio depende, en buena medida, de las decisiones y de la conducta de las personas involucradas. Uno o ambos cónyuges pueden influir directamente en la ocurrencia del hecho que daría origen a la indemnización, generando un importante problema de riesgo moral.

A ello se suma la dificultad de determinar las causas de la ruptura, establecer cuándo corresponde pagar una indemnización y evitar eventuales fraudes o incentivos perversos.

Aunque existen algunos productos que buscan enfrentar las consecuencias económicas del divorcio, la mayoría ha sido estructurada como planes de ahorro o mecanismos financieros, más que como seguros indemnizatorios tradicionales.

El divorcio demuestra que la incertidumbre, por sí sola, no convierte automáticamente un riesgo en asegurable.


El curioso caso del hoyo en uno

Curiosamente, ocurre exactamente lo contrario con uno de los ejemplos más llamativos de la industria aseguradora: el seguro de "hoyo en uno" utilizado en torneos de golf.

A primera vista parece una apuesta. Si un jugador logra embocar la pelota de un solo golpe, la aseguradora paga.

Sin embargo, el verdadero asegurado no es el golfista.

Quien normalmente contrata la póliza es el club organizador, el patrocinador del torneo o la empresa que ofrece un premio extraordinario —como un automóvil, un viaje o una importante suma de dinero— para quien consiga la hazaña.

El organizador enfrenta un riesgo económico perfectamente identificable: la posibilidad de tener que entregar un premio de alto valor si ocurre un hecho cuya probabilidad es extremadamente baja.

Ese riesgo puede estimarse actuarialmente y transferirse a una aseguradora mediante el pago de una prima.

Cuando un jugador consigue el hoyo en uno, el premio lo recibe el ganador, pero el seguro protege el patrimonio del organizador, permitiéndole cumplir la promesa realizada sin comprometer su estabilidad financiera.

No se asegura la habilidad del golfista.

Se asegura el impacto económico que ese resultado tendría para quien ofreció el premio.


¿Y una elección presidencial?

Imaginemos ahora una póliza que pagara un millón de pesos si un determinado candidato gana la próxima elección presidencial.

Aunque existe incertidumbre, el contratante normalmente no experimenta una pérdida patrimonial directa por el resultado electoral. Lo que existe es una expectativa sobre un hecho futuro.

Lo mismo ocurriría con una póliza que pagara si Chile gana el próximo Mundial de Fútbol o si una determinada película obtiene un premio Óscar.

En estos casos no existe un interés asegurable en el sentido propio del contrato de seguro. Lo que se busca es obtener un beneficio económico por acertar el resultado de un acontecimiento incierto.

Eso pertenece al ámbito de la apuesta, no del seguro.


Nuevos riesgos, los mismos principios

El desarrollo tecnológico ha ampliado considerablemente el universo de riesgos asegurables.

Hace apenas dos décadas era difícil imaginar seguros para ciberataques, satélites, drones, parques solares o interrupciones derivadas de ataques informáticos.

Hoy forman parte de la oferta de numerosas aseguradoras.

También han surgido los seguros paramétricos, que pagan automáticamente cuando un indicador objetivo alcanza un umbral previamente definido. Por ejemplo, un agricultor puede contratar una cobertura que se active cuando las precipitaciones sean inferiores al nivel establecido para protegerse frente a una sequía, o cuando superen un determinado umbral si el riesgo cubierto corresponde al exceso de lluvias.

Lo que cambia son los riesgos.

Lo que permanece inalterable son los principios que determinan cuándo un riesgo puede asegurarse.


Mucho más que administrar incertidumbre

Con frecuencia se afirma que las aseguradoras venden tranquilidad.

En realidad, hacen algo mucho más sofisticado.

Transforman riesgos individuales en riesgos colectivos, calculan probabilidades, administran grandes volúmenes de información y permiten que personas y empresas desarrollen sus proyectos sin quedar expuestas a pérdidas que podrían comprometer su patrimonio.

Por eso, la próxima vez que alguien pregunte si todo puede asegurarse, la respuesta probablemente no sea un simple sí o no.

La verdadera pregunta es otra:

¿Existe un interés económico legítimo que proteger frente a las consecuencias de un hecho incierto, fortuito y técnicamente asegurable?

Porque el seguro no protege la incertidumbre en sí misma.

Protege el patrimonio frente a las consecuencias económicas de la incertidumbre.

Y esa diferencia es la que, desde hace siglos, separa al seguro de una apuesta.

 
 
 

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