Swiss Re advierte que el auge de la inteligencia artificial y las energías renovables abre una oportunidad de US$ 200.000 millones para los seguros
El nuevo informe sigma del Swiss Re Institute, titulado “Time to build”, proyecta que los centros de datos de inteligencia artificial y las energías renovables podrían generar más de US$ 200.000 millones en primas de seguros comerciales acumuladas entre 2026 y 2030. El desafío será asegurar infraestructuras cada vez más costosas, interdependientes y expuestas a pérdidas de gran magnitud.
La economía mundial está entrando en un nuevo ciclo de inversión en infraestructura física. La expansión de la inteligencia artificial (IA), la transición energética y el desarrollo de la manufactura avanzada están impulsando proyectos de una escala que plantea importantes desafíos para la industria aseguradora y reaseguradora.
Esta es la principal conclusión del último informe sigma del Swiss Re Institute, Time to build: Expanding the frontier of insurability for the capex super-cycle, publicado el 1 de septiembre de 2026. El estudio analiza cómo el auge del gasto de capital, conocido como capex, está ampliando el universo de riesgos asegurables y, al mismo tiempo, poniendo a prueba la capacidad del mercado para comprenderlos, valorarlos y distribuirlos.
La oportunidad económica es considerable: únicamente los centros de datos destinados a inteligencia artificial y las infraestructuras de energías renovables podrían generar alrededor de US$ 200.000 millones en primas comerciales acumuladas durante el período 2026-2030. Se trata de un volumen equivalente a aproximadamente el 12% de las primas mundiales de seguros comerciales de propiedad.
Una nueva ola de inversiones transforma la demanda de seguros
El informe identifica un cambio estructural en la composición de la inversión mundial. El desarrollo tecnológico ya no depende exclusivamente de software y servicios digitales: requiere instalaciones físicas, redes eléctricas, sistemas de almacenamiento energético, equipos especializados y complejas cadenas de suministro.
La inversión mundial en energía alcanzaría los US$ 3,4 billones durante 2026, de los cuales aproximadamente US$ 2,2 billones se destinarían a energías renovables, energía nuclear, redes eléctricas, almacenamiento, electrificación y otras tecnologías de bajas emisiones.
Paralelamente, las cinco mayores compañías estadounidenses de infraestructura de nube e inteligencia artificial —conocidas como hyperscalers— proyectan invertir cerca de US$ 800.000 millones en gasto de capital relacionado con IA durante 2026. Las estimaciones para el gasto mundial en centros de datos superan, además, el billón de dólares.
Estas inversiones están creando instalaciones de enorme valor económico. Algunos complejos de centros de datos, incluidos sus equipos informáticos, pueden alcanzar valores de reposición de hasta US$ 50.000 millones.
La magnitud de estos activos exige coberturas que van mucho más allá de los seguros tradicionales de edificios y equipos. Los proyectos necesitan protección durante la construcción, el montaje y la puesta en marcha, pero también durante décadas de operación, en las que pueden producirse daños materiales, interrupciones de negocio, fallas tecnológicas y responsabilidades frente a terceros.
US$ 200.000 millones en primas: dónde está la oportunidad
Swiss Re Institute estima que las dos grandes áreas de inversión analizadas generarán las siguientes primas acumuladas entre 2026 y 2030:
Segmento | Primas acumuladas estimadas |
Centros de datos de inteligencia artificial | US$ 91.000 millones |
Infraestructura de energías renovables | US$ 111.000 millones |
Total | US$ 202.000 millones |
Las cifras corresponden a primas comerciales potenciales asociadas a los nuevos riesgos que surgirán durante este ciclo de inversión, no simplemente al aumento de los valores asegurados por inflación o crecimiento económico.
En el caso de los centros de datos, la oportunidad abarca los seguros de construcción, daños materiales, interrupción de negocio y responsabilidad civil, entre otras coberturas. La complejidad de las instalaciones y su dependencia de sistemas eléctricos, telecomunicaciones, refrigeración y servicios digitales amplían las necesidades de protección.
En las energías renovables, la demanda se extiende a proyectos solares, eólicos e hidroeléctricos, así como a las instalaciones y redes que permiten integrar la generación al sistema eléctrico.
La fase operacional tendrá especial importancia, porque los activos seguirán generando exposición aseguradora durante toda su vida útil. En el caso de las energías renovables, el estudio estima que las primas anuales asociadas a estos riesgos podrían alcanzar US$ 26.000 millones en 2030, con aproximadamente US$ 23.000 millones provenientes de activos en operación y US$ 3.000 millones de proyectos en construcción.
El problema: los riesgos también se concentran
La expansión de este mercado no garantiza que toda la inversión pueda asegurarse en condiciones sostenibles. El informe advierte que los nuevos proyectos concentran valores extraordinariamente elevados en instalaciones individuales y generan dependencias que pueden amplificar las pérdidas.
Swiss Re Institute identifica cuatro factores principales de acumulación de riesgos:
1. Mayor severidad por instalación. La destrucción o paralización de un centro de datos puede comprometer miles de millones de dólares en infraestructura, equipos especializados y actividad económica.
2. Concentración geográfica. Los centros de datos tienden a instalarse en zonas con acceso a energía, terrenos, agua y conectividad. Esto puede concentrar activos expuestos a un mismo terremoto, tornado, inundación, granizada u otro evento.
3. Dependencias de las cadenas de suministro. Equipos críticos, como los transformadores de alta tensión, pueden tener plazos de fabricación y entrega de varios años. Su pérdida o indisponibilidad puede prolongar la interrupción de un proyecto.
4. Redes físicas y digitales compartidas. La electricidad, las telecomunicaciones y los servicios de infraestructura digital conectan a empresas y sectores diferentes. Una falla puede afectar simultáneamente a múltiples asegurados y generar pérdidas correlacionadas.
Esta última dimensión es particularmente relevante para la evaluación aseguradora: dos instalaciones ubicadas en lugares diferentes no necesariamente representan riesgos independientes si dependen del mismo proveedor, red eléctrica o infraestructura tecnológica.
Por ello, la diversificación geográfica por sí sola puede resultar insuficiente para controlar la exposición acumulada.
La interrupción de negocio puede superar al daño material
Uno de los aspectos más relevantes del análisis es que la pérdida económica no termina con la reparación de los bienes dañados.
En instalaciones críticas, la interrupción de negocio y la imposibilidad de operar por fallas en infraestructuras externas pueden generar pérdidas superiores al daño material directo. Un centro de datos puede conservar físicamente gran parte de sus instalaciones y, sin embargo, quedar imposibilitado de prestar servicios por falta de electricidad, refrigeración o conectividad.
A ello se suma que muchas de estas tecnologías y configuraciones operativas tienen historiales de siniestros limitados. La ausencia de datos históricos suficientes dificulta estimar con precisión la frecuencia y severidad de las pérdidas.
El reto, por tanto, no consiste únicamente en determinar cuánto cuesta reconstruir un activo, sino también en comprender las consecuencias financieras de su paralización y la posibilidad de que un mismo evento afecte simultáneamente a varias coberturas y asegurados.
Más ingeniería, mejores modelos y cooperación entre aseguradores
El Swiss Re Institute sostiene que la principal limitación no es necesariamente la disponibilidad de capital asegurador, sino la capacidad de desplegarlo con suficiente conocimiento y confianza sobre los riesgos asumidos.
Para ampliar la asegurabilidad, el informe plantea fortalecer varias herramientas.
La primera es la suscripción basada en ingeniería, incorporando desde el diseño de los proyectos medidas de prevención, redundancia de sistemas, estándares técnicos reconocidos y planes de contingencia comprobados.
La segunda es mejorar los modelos de riesgo y el conocimiento de las dependencias entre instalaciones, proveedores y redes. Compartir información sobre exposiciones acumuladas permitiría identificar concentraciones que podrían pasar inadvertidas si cada póliza se analiza de manera aislada.
La tercera es estructurar programas de seguros que combinen la capacidad de distintas compañías. La participación conjunta de aseguradores y reaseguradores, mediante programas por capas y distribución internacional de las exposiciones, puede permitir la cobertura de proyectos que exceden la capacidad individual de una sola entidad.
El estudio también subraya la importancia de alinear las expectativas de los financiadores con la capacidad real del mercado asegurador. En proyectos de gran escala, las coberturas pueden estructurarse sobre escenarios de pérdida máxima probable y límites por capas, en lugar de asumir que toda la inversión puede quedar cubierta sin restricciones.
Una oportunidad para América Latina
Aunque el informe aborda una transformación mundial, sus conclusiones son relevantes para América Latina, donde la expansión de las energías renovables, las redes eléctricas, los sistemas de almacenamiento y la infraestructura digital plantea nuevas necesidades de aseguramiento.
Para Chile, en particular, el desarrollo de proyectos solares y eólicos, la expansión de la infraestructura de transmisión y la eventual instalación de nuevos centros de datos abren oportunidades para aseguradoras, corredores especializados y reaseguradores.
Sin embargo, aprovecharlas requiere capacidades técnicas para evaluar riesgos de ingeniería, interrupción de negocio, dependencia de proveedores y acumulación de exposiciones catastróficas. También exige una coordinación temprana entre desarrolladores, financiadores, ingenieros y especialistas en seguros.
La oportunidad no consiste simplemente en emitir más pólizas. Consiste en diseñar estructuras de protección que permitan financiar inversiones de gran escala sin comprometer la solvencia de quienes asumen los riesgos.
Construir también significa hacer asegurables los riesgos
El mensaje central de Time to build es que el próximo ciclo de inversión puede convertirse en uno de los grandes motores de crecimiento de los seguros comerciales. Pero ese crecimiento dependerá de la capacidad de la industria para adaptarse a una realidad en la que los activos son más grandes, las tecnologías más complejas y las consecuencias de una interrupción pueden propagarse a través de múltiples sectores.
El mercado tendrá que avanzar desde una evaluación centrada en cada activo individual hacia una comprensión más amplia de las redes y dependencias que determinan su exposición real.
Para las aseguradoras y reaseguradoras, esto representa tanto una oportunidad comercial como una exigencia técnica. La demanda potencial de US$ 200.000 millones en primas acumuladas hasta 2030 demuestra la dimensión del negocio; las concentraciones de riesgo muestran por qué no será posible capturarlo sin mejorar la ingeniería, los modelos de suscripción y la distribución de las exposiciones.
En definitiva, la infraestructura del futuro necesitará seguros, pero el crecimiento del mercado dependerá de que esos riesgos puedan comprenderse, valorarse y distribuirse de manera sostenible.

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