ARCA: la propuesta que busca cerrar la brecha de protección frente a las catástrofes
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Presentada por Rodrigo Labbé en EILA26, la iniciativa de Aseguramiento Ante Riesgos Catastróficos plantea crear un sistema de cobertura masiva, de bajo costo y obligatorio, apoyado en seguros paramétricos y en el Sistema de Finanzas Abiertas. El modelo toma como referencia la experiencia de Turquía y su seguro obligatorio contra terremotos DASK.
Chile convive con una paradoja que se hace cada vez más evidente después de cada terremoto, incendio, inundación o evento climático extremo: somos uno de los países más expuestos a riesgos naturales, pero una parte importante de la población carece de una protección financiera suficiente frente a ellos.
El problema no es solamente la ocurrencia de las catástrofes.
Es lo que sucede después.
Miles de familias pueden perder parte importante de su patrimonio y, en ausencia de un seguro suficiente, la recuperación termina dependiendo de sus propios recursos, de la ayuda familiar, de aportes públicos o de la reconstrucción financiada por el Estado.
En este contexto, Rodrigo Labbé, presidente de InsurteChile y CEO y cofundador de Jooycar, planteó en el marco de EILA26 una propuesta que busca abordar el problema desde una perspectiva diferente: ARCA, Aseguramiento Ante Riesgos Catastróficos.
La iniciativa busca combinar seguros paramétricos, cobertura obligatoria y herramientas del Sistema de Finanzas Abiertas (SFA) para ampliar masivamente el acceso a protección frente a catástrofes. InsurteChile ha confirmado que ARCA fue presentada a la Comisión para el Mercado Financiero como una propuesta destinada a asegurar a millones de hogares actualmente desprotegidos y generar mayor resiliencia financiera, especialmente en segmentos vulnerables.
Una pregunta que la industria no puede seguir postergando
La pregunta que está detrás de ARCA es sencilla, pero de enorme relevancia:
¿Cómo conseguimos que prácticamente toda la población tenga una protección financiera básica frente a una catástrofe?
El modelo tradicional de seguros tiene dificultades para resolver este problema cuando se trata de segmentos de bajos ingresos.
El seguro necesita distribución, comercialización, asesoría, emisión, cobranza y administración. Todos esos procesos tienen costos. Cuando el monto de la prima es muy bajo, los costos asociados a vender y administrar la póliza pueden representar una proporción demasiado elevada del precio final.
Esto genera un círculo difícil de romper.
Las personas con mayores ingresos tienen más capacidad de contratar seguros y acceder a canales de distribución.
Las personas de menores ingresos, precisamente aquellas que pueden resultar más vulnerables económicamente ante una catástrofe, suelen tener una menor penetración aseguradora.
El resultado es una importante brecha de protección.
ARCA busca enfrentar precisamente esa brecha.
La inspiración de Turquía: DASK
La propuesta toma como referencia la experiencia de DASK, el Turkish Catastrophe Insurance Pool (TCIP), creado en Turquía en el año 2000 como una institución pública destinada a administrar el seguro obligatorio contra terremotos.
El sistema turco establece un seguro obligatorio para determinados inmuebles residenciales y entrega cobertura por daños materiales causados directamente por terremotos, incluyendo determinados daños derivados del terremoto, como incendio, explosión, tsunami o deslizamientos.
Una característica fundamental del modelo es su masividad y obligatoriedad.
La cobertura no depende exclusivamente de que cada propietario decida voluntariamente comprar un seguro. La obligatoriedad permite construir una cartera mucho más amplia y diversificada, condición fundamental para enfrentar riesgos catastróficos.
DASK además utiliza una estructura tarifaria diferenciada según factores como grupo de riesgo, tipo de construcción, superficie y características del inmueble.
Las pólizas son comercializadas por compañías de seguros y sus agentes en representación del pool, lo que permite aprovechar la infraestructura existente de la industria aseguradora.
ARCA no sería simplemente "otro seguro"
La propuesta chilena apunta a utilizar esa lógica, pero adaptándola a la realidad tecnológica y financiera actual.
La combinación de obligatoriedad + masividad + tecnología + seguro paramétrico podría permitir reducir drásticamente los costos de distribución y administración.
Y aquí aparece uno de los elementos más interesantes de ARCA.
El seguro paramétrico
A diferencia del seguro tradicional, que normalmente requiere determinar el daño económico sufrido para calcular la indemnización, un seguro paramétrico paga cuando se cumple un determinado parámetro previamente establecido.
Por ejemplo, podría definirse un determinado nivel de intensidad sísmica, una magnitud, una cantidad de precipitación, velocidad del viento u otro indicador verificable.
Si el parámetro alcanza el umbral establecido, se activa el pago.
Esto puede reducir significativamente la necesidad de realizar procesos individuales de liquidación de daños para cada asegurado.
Y en una catástrofe de gran magnitud, esa diferencia puede ser decisiva.
Cuando ocurre una catástrofe, la velocidad importa
Imaginemos un terremoto que afecta simultáneamente a cientos de miles de hogares.
En un esquema tradicional, cada asegurado debe informar su siniestro, entregar antecedentes, esperar una inspección o evaluación y finalmente recibir la indemnización correspondiente.
El problema es que la capacidad operacional de las compañías y de los liquidadores también puede verse sobrepasada precisamente cuando más se necesita.
Un modelo paramétrico permite cambiar radicalmente esa lógica.
Si el evento cumple las condiciones previamente establecidas, el sistema puede determinar automáticamente qué asegurados están dentro de la zona afectada y proceder al pago conforme a las reglas del contrato.
La catástrofe puede ser masiva; la respuesta financiera también puede ser masiva.
Este es uno de los mayores atractivos del modelo.
El rol de las Finanzas Abiertas
Uno de los elementos particularmente innovadores de ARCA es su vinculación con el Sistema de Finanzas Abiertas.
InsurteChile ha señalado que el proyecto combina precisamente SFA, seguros paramétricos y obligatoriedad para enfrentar el problema de la baja cobertura de millones de hogares.
La utilización de infraestructura de Finanzas Abiertas podría facilitar la incorporación y distribución masiva del seguro, permitiendo reducir fricciones en procesos como identificación, contratación, pago de primas y eventualmente recepción de indemnizaciones.
Esto abre una posibilidad interesante: integrar el seguro dentro de los ecosistemas financieros digitales que las personas ya utilizan.
La contratación podría dejar de depender exclusivamente de una venta tradicional de seguros.
Podría formar parte de una experiencia digital mucho más simple.
Y precisamente ahí aparece una de las mayores oportunidades de las insurtech.
El desafío de llegar a millones de personas
Uno de los grandes problemas históricos de los seguros masivos ha sido el costo de distribución.
Para vender una póliza de bajo precio de manera tradicional se necesita una estructura comercial que puede resultar económicamente inviable.
ARCA plantea invertir esa ecuación.
En lugar de intentar vender individualmente millones de seguros, se busca crear un sistema de cobertura masiva, donde la tecnología permita reducir los costos marginales de contratación, administración y pago.
La diferencia económica puede ser enorme.
Si el costo de distribuir una póliza cae sustancialmente, una prima pequeña puede comenzar a ser suficiente para financiar una cobertura relevante.
Y cuando la prima es pequeña, la obligatoriedad adquiere una importancia adicional: permite construir una cartera amplia y diversificada.
La obligatoriedad: la parte más controversial
Probablemente uno de los aspectos que generará mayor discusión será precisamente la propuesta de que la cobertura sea obligatoria y universal.
La idea puede resultar incómoda desde la perspectiva de la libertad individual.
¿Por qué obligar a una persona a contratar un seguro?
La respuesta está en la naturaleza particular de los riesgos catastróficos.
Un terremoto, un tsunami o determinados eventos climáticos extremos no afectan solamente a individuos aislados. Pueden generar pérdidas simultáneas para cientos de miles de personas.
Si la contratación queda exclusivamente entregada a la decisión individual, existe el riesgo de que precisamente quienes más necesitan protección permanezcan sin ella.
La obligatoriedad permite crear una mutualización mucho más amplia del riesgo.
No se trata solamente de proteger al individuo.
Se trata de construir un mecanismo de resiliencia financiera para la sociedad.
¿Quién pagaría y cuánto?
Aquí estará probablemente una de las discusiones más importantes para convertir ARCA en una política pública.
Una cobertura universal requiere determinar:
qué riesgos estarán cubiertos;
cuál será la suma asegurada;
cómo se calculará la prima;
quién administrará el sistema;
qué participación tendrán las compañías de seguros;
cómo se distribuirá el riesgo;
qué papel tendrá el Estado;
cómo funcionará el reaseguro;
cómo se financiarán los eventos extremos;
y qué ocurrirá con las personas que no puedan pagar la prima.
La experiencia de DASK demuestra que un esquema de este tipo requiere una arquitectura institucional específica.
El modelo turco cuenta con un pool dedicado y utiliza mecanismos de seguro, reaseguro y mercados de capitales para respaldar las obligaciones asumidas. La normativa de DASK contempla incluso la posibilidad de compartir riesgos con los mercados nacionales e internacionales y establece mecanismos de respaldo estatal bajo determinadas condiciones.
Por lo tanto, ARCA no sería simplemente el lanzamiento de un nuevo producto asegurador.
Requeriría probablemente diseñar una arquitectura público-privada mucho más amplia.
Una oportunidad para la industria aseguradora
Lejos de representar necesariamente una amenaza para las aseguradoras, un sistema como ARCA podría convertirse en una nueva área de desarrollo para el sector.
Las compañías podrían aportar su experiencia en suscripción, distribución, administración de pólizas, gestión de siniestros, reaseguro y relación con clientes.
Las insurtech podrían aportar tecnología, datos, automatización y nuevas formas de distribución.
Los corredores podrían participar en determinados segmentos y contribuir con asesoría y distribución.
Los bancos, fintech y otros actores financieros podrían convertirse en canales de acceso.
Y el Estado podría establecer el marco legal y regulatorio necesario para garantizar la universalidad del sistema.
La propuesta podría convertirse así en un verdadero ecosistema de protección catastrófica.
De la indemnización a la resiliencia
Hay un cambio conceptual importante detrás de ARCA.
Tradicionalmente, hablamos del seguro como un mecanismo para indemnizar una pérdida.
Pero frente a las catástrofes, el objetivo puede ser más amplio:
permitir que las personas recuperen rápidamente su capacidad económica después del evento.
Una indemnización paramétrica relativamente rápida puede servir para financiar alojamiento temporal, reparaciones urgentes, reposición de bienes esenciales o gastos inmediatos.
No necesariamente tiene que cubrir toda la pérdida patrimonial.
Puede cumplir otra función:
entregar liquidez cuando más se necesita.
Esta diferencia puede ser fundamental para los hogares de menores ingresos, que muchas veces no cuentan con ahorros suficientes para enfrentar una emergencia de gran magnitud.
El problema de la brecha aseguradora
La propuesta de ARCA pone nuevamente sobre la mesa un problema que la industria aseguradora conoce bien: la brecha entre el riesgo existente y el riesgo efectivamente asegurado.
Chile tiene una larga experiencia con terremotos y otros desastres naturales. Sin embargo, la existencia de una cultura aseguradora relativamente desarrollada no significa que todos los hogares estén adecuadamente protegidos.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente cuánto seguro se vende.
Debería ser:
¿Cuánto patrimonio de los hogares chilenos queda expuesto después de una catástrofe?
ARCA busca cambiar precisamente esa ecuación.
El gran desafío: que sea realmente accesible
Para que la propuesta tenga éxito, la cobertura debe cumplir una condición fundamental:
ser suficientemente barata para que la universalidad sea económicamente posible.
Eso exige controlar los costos de distribución y administración, utilizar tecnología para automatizar procesos y diseñar una cobertura simple.
El seguro paramétrico puede ayudar en este punto, pero también exige una definición rigurosa de los parámetros, fuentes de información confiables, modelos de riesgo adecuados y reglas transparentes.
Un parámetro mal diseñado puede generar una situación en la que el asegurado sufra una pérdida importante, pero no se active el pago.
Por eso, la simplicidad del producto no debe confundirse con simplicidad técnica.
Detrás de una póliza paramétrica sencilla para el consumidor debe existir una arquitectura actuarial, tecnológica y financiera extremadamente robusta.
Una idea que merece ser discutida
La propuesta de Rodrigo Labbé llega en un momento especialmente oportuno.
El cambio climático está aumentando la preocupación por eventos extremos, mientras que la digitalización permite distribuir productos financieros a segmentos que anteriormente eran difíciles de alcanzar.
La combinación de ambas tendencias abre una posibilidad que hace algunos años habría sido mucho más difícil de implementar.
ARCA plantea, en esencia, cambiar la pregunta.
En lugar de preguntarnos:
¿Cómo conseguimos que más personas compren seguros contra catástrofes?
Podríamos preguntarnos:
¿Cómo construimos un sistema que permita que prácticamente todos los hogares tengan una protección financiera básica frente a una catástrofe?
La diferencia parece semántica, pero no lo es.
La primera pregunta conduce hacia un producto.
La segunda conduce hacia una política de resiliencia financiera.
El desafío ahora es convertir la idea en arquitectura
La presentación de ARCA en EILA26 puede ser solamente el comienzo de una conversación mucho más amplia.
Chile tiene condiciones que hacen especialmente relevante explorar un modelo de estas características: alta exposición a terremotos, tsunamis, incendios, inundaciones y otros riesgos naturales; una industria aseguradora desarrollada; capacidad de reaseguro; un ecosistema insurtech creciente y una infraestructura de Finanzas Abiertas que puede abrir nuevas posibilidades de distribución.
Pero transformar la idea en realidad requerirá resolver preguntas regulatorias, actuariales, financieras, tecnológicas y políticas.
También será necesario definir claramente qué parte corresponde al mercado, qué parte al Estado y qué parte a los propios asegurados.
La experiencia de DASK demuestra que la protección catastrófica masiva puede estructurarse mediante un sistema obligatorio y con participación de la industria aseguradora, pero también demuestra la importancia de contar con una institucionalidad y mecanismos de respaldo adecuados.
ARCA plantea ahora la posibilidad de adaptar esa filosofía al Chile del siglo XXI, incorporando herramientas que Turquía no tenía cuando creó su sistema: seguros paramétricos, datos, inteligencia artificial, Finanzas Abiertas y distribución digital.
El desafío será enorme.
Pero también lo es la oportunidad.
Porque si ARCA logra convertirse en una solución de cobertura masiva, podría hacer algo que la industria aseguradora ha buscado durante décadas y que las catástrofes vuelven a poner sobre la mesa después de cada evento:
que la protección financiera frente a los grandes desastres deje de ser un privilegio de quienes pueden pagarla y se transforme en una infraestructura básica de resiliencia para toda la población.
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