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Ciberseguridad y seguros: la nueva frontera que Chile pondrá en el centro de la agenda iberoamericana

hace 4 minutos
5 min de lectura

Chile será sede de la primera Cumbre Iberoamericana de Ciberseguridad, una iniciativa que busca convertir al país en un espacio de cooperación regional frente a las amenazas digitales. Para la industria aseguradora, el encuentro llega en un momento especialmente relevante: el ciberriesgo dejó de ser un problema exclusivamente tecnológico y se transformó en un riesgo empresarial, financiero, operacional y patrimonial.

Chile se prepara para asumir un nuevo papel en la agenda digital regional. En octubre, coincidiendo con el mes de la ciberseguridad, Santiago será sede de la primera Cumbre Iberoamericana de Ciberseguridad, concebida como un espacio para impulsar una agenda de cooperación entre los países de la región frente a un fenómeno que ya no reconoce fronteras: el aumento y sofisticación de los riesgos digitales.

La iniciativa contempla, entre otros elementos, la creación de un Pacto de Santiago y un Escudo Digital Iberoamericano, orientado a facilitar la cooperación público-privada y el intercambio de información sobre amenazas cibernéticas. La propuesta adquiere especial relevancia en un escenario en que empresas, gobiernos y sectores regulados dependen cada vez más de infraestructuras digitales interconectadas.

Y en ese nuevo escenario hay un actor que no debería quedar al margen: la industria aseguradora.


Del riesgo tecnológico al riesgo empresarial

Durante años, la ciberseguridad fue considerada principalmente una responsabilidad de las áreas de tecnología. Hoy esa visión resulta insuficiente.

Un ataque de ransomware, el robo de información, una interrupción de sistemas, una vulneración de proveedores tecnológicos o una filtración de datos pueden afectar simultáneamente la continuidad operacional, los ingresos, la reputación, las obligaciones contractuales y la responsabilidad frente a terceros.

Es decir, el ciberriesgo dejó de ser exclusivamente un problema de TI para convertirse en un riesgo corporativo integral.

Y precisamente allí aparece el seguro.

El seguro cibernético tiene la capacidad de transferir parte de las consecuencias económicas de un incidente, pero su verdadero potencial está en acompañar a las empresas antes, durante y después del ataque: evaluación de vulnerabilidades, prevención, monitoreo, respuesta ante incidentes, recuperación de información, gestión de crisis y cobertura de pérdidas propias y responsabilidades frente a terceros.

La evolución del mercado apunta, por tanto, a un modelo en que el asegurador no sea solamente quien paga después del siniestro, sino también un participante activo en la gestión del riesgo.


Chile ya está construyendo el marco regulatorio

La realización de la cumbre ocurre además cuando Chile está entrando en una nueva etapa regulatoria.

La Ley N°21.663, Marco de Ciberseguridad, estableció una institucionalidad nacional encabezada por la Agencia Nacional de Ciberseguridad (ANCI), junto con obligaciones de prevención, reporte, contención y respuesta frente a incidentes para las entidades comprendidas en su ámbito de aplicación.

En mayo de 2026, la ANCI inició además la consulta pública de los estándares básicos obligatorios de ciberseguridad que deberán cumplir los sujetos regulados por la ley.

Para las empresas, esto significa que la ciberseguridad comienza a dejar de ser una materia voluntaria o exclusivamente vinculada a las mejores prácticas corporativas. Se está convirtiendo progresivamente en una exigencia regulatoria y de gobierno corporativo.

Y eso inevitablemente tendrá consecuencias para el mercado asegurador.


El desafío para las compañías de seguros

Las aseguradoras enfrentan una doble condición frente al ciberriesgo.

Por una parte, son empresas expuestas al riesgo cibernético, al manejar grandes volúmenes de información personal, financiera y médica, además de sistemas críticos para la emisión, administración y pago de siniestros.

Por otra, son proveedoras de protección frente a ese mismo riesgo.

La tensión es evidente.

Una compañía de seguros debe ser capaz de evaluar el ciberriesgo de sus propios sistemas y proveedores, pero también necesita desarrollar capacidades suficientes para suscribir adecuadamente el riesgo de sus asegurados.

Esto plantea desafíos importantes para el underwriting.

¿Cómo determinar el nivel de seguridad real de una empresa? ¿Cómo diferenciar entre una organización con buenos protocolos y otra que simplemente declara tenerlos? ¿Cómo incorporar el riesgo de proveedores tecnológicos y cadenas de suministro? ¿Cómo evaluar el impacto potencial de una interrupción de servicios digitales? ¿Qué ocurre cuando un mismo proveedor tecnológico presta servicios críticos a cientos de empresas aseguradas?

Estas preguntas son particularmente relevantes porque el riesgo cibernético presenta una característica que lo diferencia de muchos riesgos tradicionales: un mismo evento puede afectar simultáneamente a numerosos asegurados.

Un ataque masivo contra un proveedor tecnológico, por ejemplo, puede generar una acumulación de pérdidas muy superior a la prevista al analizar individualmente cada póliza.

Para las aseguradoras y reaseguradoras, el desafío consiste entonces en modelar correctamente la acumulación cibernética.


Una oportunidad para el mercado asegurador

Precisamente por eso, la cumbre puede ser mucho más que un encuentro entre especialistas en tecnología.

Puede convertirse en una instancia para incorporar al debate a aseguradores, corredores, reaseguradores, reguladores y grandes empresas.

El seguro puede contribuir en tres dimensiones.

Primero, prevención.Las aseguradoras pueden incorporar evaluaciones de seguridad como parte del proceso de suscripción y ofrecer servicios de prevención y monitoreo.

Segundo, transferencia de riesgo.Las pólizas de ciberriesgo permiten trasladar determinadas consecuencias económicas de un incidente, desde los gastos de respuesta y recuperación hasta determinadas responsabilidades frente a terceros.

Tercero, generación de información.El mercado asegurador acumula información sobre incidentes, vulnerabilidades, pérdidas y costos de recuperación que puede contribuir significativamente a comprender la evolución del riesgo.

Esta última dimensión es particularmente interesante para una iniciativa como el Escudo Digital Iberoamericano, que plantea precisamente la necesidad de una mayor cooperación e intercambio de información sobre amenazas.


El seguro no puede convertirse en sustituto de la ciberseguridad

Pero existe también un riesgo que la industria deberá evitar.

El crecimiento del seguro cibernético no puede generar la percepción de que contratar una póliza equivale a estar protegido frente a un ciberataque.

No es así.

El seguro transfiere consecuencias financieras; no elimina el riesgo.

Una empresa con sistemas vulnerables, ausencia de respaldos, controles deficientes, mala gestión de accesos o una cadena de proveedores sin supervisión seguirá siendo una empresa altamente expuesta, aunque tenga una póliza.

Por eso, el futuro del ciberriesgo probablemente estará determinado por una combinación de prevención, tecnología, regulación y transferencia aseguradora.

El seguro será una pieza del sistema, pero no todo el sistema.


La oportunidad de Chile

Chile tiene una oportunidad interesante al organizar esta primera cumbre.

El país cuenta ya con una Ley Marco de Ciberseguridad, una Agencia Nacional de Ciberseguridad y un régimen para operadores de importancia vital. Además, la propia CMF ha incorporado la coordinación regulatoria en materia de ciberseguridad dentro de su Plan de Regulación 2026-2027.

La CMF también ha planteado que la regulación financiera debe considerar elementos como gobierno corporativo, gestión de riesgos e incidentes en materia de ciberseguridad.

Esto abre espacio para una conversación más amplia: ¿qué papel debería desempeñar el seguro en la estrategia nacional de resiliencia digital?

La pregunta es especialmente relevante para sectores críticos como banca, seguros, telecomunicaciones, energía, salud, transporte y servicios públicos.


Del "ciberseguro" a la resiliencia

Quizás el principal cambio que debería producirse en la industria es conceptual.

El mercado no debiera limitarse a hablar de ciberseguros como un producto más dentro del catálogo de seguros generales.

La discusión debería avanzar hacia un concepto más amplio: resiliencia cibernética.

En ese modelo, aseguradores, corredores, empresas tecnológicas, especialistas en ciberseguridad, reguladores y organismos públicos trabajan sobre un mismo objetivo: reducir la probabilidad de ocurrencia de los ataques y limitar sus consecuencias cuando estos ocurran.

La primera Cumbre Iberoamericana de Ciberseguridad ofrece precisamente una oportunidad para comenzar esa conversación.

Porque si la transformación digital está creando nuevas formas de generar riqueza, también está creando nuevas formas de perderla.

Y frente a ese nuevo riesgo, la industria aseguradora tiene mucho más que un papel financiero que desempeñar: puede convertirse en uno de los actores de la construcción de la resiliencia digital de Iberoamérica.

 
 
 

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