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De la bencinera a la póliza: las estaciones de servicio se convierten en un nuevo canal para los seguros

hace 2 horas
8 min de lectura

El cliente que llega a cargar combustible puede ser también un potencial comprador de seguros. Pero la electromovilidad abre una oportunidad todavía mayor: mientras el vehículo se carga, el conductor dispone de tiempo de permanencia y está conectado digitalmente, creando un contexto especialmente atractivo para informar, cotizar y contratar seguros online. Argentina, Brasil y Chile ya muestran las primeras señales de un canal que podría cambiar la distribución de seguros automotores.

Tradicionalmente, la estación de servicio ha sido un lugar al que el cliente llega por una razón concreta: cargar combustible. Hoy, ese modelo está cambiando.

Las estaciones están incorporando aplicaciones, programas de fidelización, medios de pago, tiendas, servicios para el automóvil, electromovilidad y soluciones asociadas a la movilidad.

Y en ese nuevo ecosistema aparece una oportunidad todavía poco explotada: la distribución de seguros.

El razonamiento es sencillo. Quien entra a una estación de servicio está utilizando un vehículo o forma parte de un ecosistema de movilidad. Es, por definición, un cliente potencialmente relevante para seguros automotores, asistencia, accidentes, protección del vehículo y otras coberturas vinculadas a su movilidad.

La estación deja así de ser solamente un punto de abastecimiento y puede transformarse en un nuevo punto de contacto para la industria aseguradora.


Argentina mostró que el modelo es posible

En Argentina, 123Seguro llegó en 2024 a un acuerdo con Shell Box para acercar coberturas automotor a los usuarios de la plataforma de fidelización de la petrolera.

La iniciativa utilizó el ecosistema digital de la marca para ofrecer alternativas vinculadas directamente con la movilidad.

El caso es interesante porque el seguro no aparece simplemente como una publicidad más dentro de una estación. Se integra a un ecosistema de fidelización, donde el usuario ya tiene una relación digital con la marca.

Pero hay una segunda lectura todavía más interesante:

no es necesario tener una Shell Box para hacer algo parecido.


No hace falta construir una gran plataforma

Una propuesta aplicada a establecimientos individuales o a cadenas más pequeñas podría funcionar con una infraestructura tecnológica mucho más sencilla.

La identificación del cliente puede comenzar mediante cartelería, pantallas, tickets, aplicaciones de fidelización o códigos QR ubicados en sectores de circulación.

El cliente escanea un código, ingresa sus datos básicos y continúa desde su teléfono con la cotización, comparación y contratación.

La estación no necesita convertirse en una corredora de seguros.

Puede convertirse en la puerta de entrada al seguro.

Esto abre la posibilidad de que incluso estaciones independientes o redes regionales puedan participar del modelo, sin necesidad de desarrollar una aplicación propia ni contar con una gigantesca base de clientes.


El activo es la frecuencia

Aquí aparece una de las principales ventajas de este canal: la frecuencia de contacto.

Un cliente puede contratar un seguro una vez al año, pero puede visitar una estación de servicio varias veces al mes.

Ese contacto recurrente puede ser especialmente valioso para productos asociados al automóvil.

Quien está cargando combustible se encuentra precisamente en el contexto en que puede tener sentido hablar de seguro automotor, asistencia en ruta, protección contra daños, accidentes personales, protección de neumáticos, asistencia mecánica o soluciones relacionadas con la movilidad eléctrica.

La oportunidad, entonces, no está solamente en vender una póliza.

Está en aparecer en el momento correcto.


Pero la electrolinera cambia las reglas

Aquí aparece una oportunidad todavía más interesante para la industria aseguradora.

La estación de servicio genera frecuencia. La electrolinera puede generar frecuencia y tiempo de permanencia.

Esa diferencia puede ser decisiva.

Un automóvil convencional entra, carga combustible y se va. La operación puede durar apenas unos minutos.

En cambio, el conductor de un vehículo eléctrico debe permanecer durante el proceso de recarga, particularmente en viajes interurbanos.

Los tiempos están disminuyendo rápidamente, pero incluso una carga rápida puede representar varios minutos de permanencia. En Chile existen cargadores ultrarrápidos capaces de entregar una carga importante en alrededor de 15 a 20 minutos, dependiendo de las características del vehículo y del cargador. La velocidad efectiva de carga depende tanto de la potencia disponible como de la capacidad del propio vehículo para recibirla.

Y esos minutos tienen un valor comercial.

El conductor puede estar tomando un café, comprando en la tienda, revisando su teléfono o simplemente esperando que termine la carga.

Para una aseguradora, ese tiempo puede convertirse en una oportunidad de contacto que prácticamente no existe durante una carga convencional de combustible.


Y aparece un tercer elemento: el cliente conectado

La electromovilidad agrega algo más.

Quien utiliza un vehículo eléctrico ya debe interactuar con tecnología para gestionar buena parte de su experiencia de carga: localizar puntos, iniciar la carga, efectuar pagos, revisar información y, dependiendo de la plataforma, acceder a promociones o historial de consumo.

En Chile, por ejemplo, Copec Voltex opera dentro de la App Copec. El usuario registrado puede pagar la carga desde la aplicación y utilizar el código QR dispuesto en el cargador para iniciar el proceso. La plataforma también permite acceder a información relacionada con sus cargas y otros servicios.

Esto resulta particularmente interesante para la industria aseguradora.

El cliente ya está utilizando el teléfono como parte de su experiencia de movilidad.

Por lo tanto, una propuesta aseguradora que pueda iniciarse mediante un código QR y continuar íntegramente desde el celular tiene una barrera de entrada tecnológica relativamente baja.

Esto no significa que todos los propietarios de vehículos eléctricos prefieran contratar seguros digitalmente. Pero sí existe un contexto de interacción tecnológica que hace especialmente natural experimentar con un modelo de distribución basado en QR, celular y contratación digital.


Frecuencia + tiempo + conexión digital

Aquí puede estar la verdadera oportunidad.

La estación tradicional reúne frecuencia.

La electrolinera agrega tiempo de permanencia.

Y el usuario eléctrico introduce una tercera variable particularmente interesante: conexión digital con su experiencia de movilidad.

Son tres condiciones que pueden transformar un simple punto de carga en un potencial canal de distribución.

Y la aseguradora podría aprovecharlas sin necesidad de instalar una sucursal, poner un vendedor en cada estación o construir una nueva red comercial.


Mientras el auto carga, el seguro puede entrar en escena

La oportunidad está en utilizar ese tiempo de permanencia para presentar una oferta aseguradora contextualizada, que el conductor pueda conocer, cotizar y eventualmente contratar desde su teléfono mediante un código QR.

El proceso puede comenzar en el propio punto de carga y continuar íntegramente online.

No necesariamente requiere una llamada telefónica, una visita a una sucursal ni la intervención presencial de un vendedor.

El propio tiempo de carga puede convertirse en una oportunidad de distribución.

La propuesta podría incluso ir más allá de la venta.

Una electrolinera podría ofrecer contenidos breves sobre seguridad, asistencia en ruta, protección de baterías, cobertura de daños o servicios asociados a la movilidad eléctrica.

El objetivo no sería simplemente vender una póliza, sino aprovechar un momento en que el conductor está especialmente receptivo a información relacionada con su vehículo.


Un público con necesidades aseguradoras diferentes

La electrolinera además concentra un perfil de cliente particularmente interesante para las aseguradoras: el propietario de un vehículo eléctrico.

La electromovilidad introduce componentes y necesidades distintas respecto de un automóvil convencional.

La batería, los sistemas eléctricos, los riesgos asociados a una descarga, la asistencia especializada y el remolque hacia puntos de carga son algunos ejemplos de servicios que pueden adquirir relevancia.

Por eso, la electrolinera no solamente ofrece un lugar para vender el seguro.

Ofrece también el contexto para explicar por qué ese seguro puede ser diferente.


Chile ya tiene la infraestructura

La oportunidad no es hipotética.

La red pública de Copec Voltex ya supera los 180 puntos y cubre más de 1.800 kilómetros a lo largo de las principales carreteras y ciudades del país, según información de la compañía publicada en marzo de 2026.

Además, la electromovilidad enchufable continúa creciendo en Chile. Durante 2025 los vehículos eléctricos e híbridos enchufables representaron 2,8% del mercado automotor, según ANAC.

Todavía es un segmento minoritario, pero ya existe una base creciente de usuarios y, con ella, una nueva infraestructura física y digital alrededor de sus vehículos.

El canal todavía es pequeño. Pero la oportunidad puede estar en construirlo antes de que se convierta en masivo.


Del surtidor al QR

El modelo tampoco requiere necesariamente una gran alianza entre una aseguradora y una multinacional energética.

Una estación individual podría instalar un QR junto al surtidor.

Una cadena podría incorporar la oferta en su aplicación.

Un operador podría utilizar la pantalla del punto de carga.

Un ticket podría entregar un beneficio para contratar una cobertura.

Y una electrolinera podría aprovechar los minutos de carga para presentar una oferta específicamente diseñada para vehículos eléctricos.

La tecnología ya existe.

Lo que falta es desarrollar el modelo comercial.


Brasil también muestra el camino

Brasil ha desarrollado distintas iniciativas que muestran cómo las estaciones pueden convertirse progresivamente en plataformas de servicios.

Ipiranga ha integrado servicios financieros, fidelización y soluciones relacionadas con el automóvil dentro de su ecosistema digital. Shell Box también ha incorporado propuestas aseguradoras en su relación con los usuarios.

El punto relevante no es una alianza específica.

Es la evolución del concepto:

del combustible hacia un ecosistema de movilidad, conveniencia, fidelización y servicios aseguradores.


La estación no tiene por qué reemplazar al corredor

Este modelo tampoco significa necesariamente que las estaciones de servicio vayan a competir con los corredores tradicionales.

Pueden cumplir una función diferente: generar el contacto y derivar al cliente hacia un proceso digital de cotización, asesoría y contratación.

Para las aseguradoras, representa un potencial nuevo punto de captación.

Para los corredores, una nueva fuente de leads.

Para las estaciones, una posibilidad de monetizar una relación que ya mantienen con sus clientes.

Y para el consumidor, la posibilidad de encontrar una solución de protección precisamente en un lugar donde está pensando en su vehículo y en su movilidad.


La nueva moneda puede ser el tiempo

La industria aseguradora lleva años buscando nuevos canales de distribución.

Bancos, retail, marketplaces, aplicaciones y alianzas B2B2C han intentado resolver el mismo problema: cómo estar frente al cliente cuando existe una necesidad o una oportunidad de protección.

Las estaciones de servicio agregan algo diferente: frecuencia.

Las electrolineras agregan algo más:

tiempo.

Y el usuario eléctrico agrega una tercera dimensión:

conexión digital.

Frecuencia, tiempo y conexión pueden convertirse en una combinación especialmente atractiva para la distribución digital de seguros.

Porque mientras el vehículo se carga, el conductor no está simplemente esperando.

Está conectado con su experiencia de movilidad, tiene acceso a su teléfono y permanece dentro de un entorno directamente relacionado con su vehículo.


De punto de abastecimiento a ecosistema de movilidad

La transformación es más profunda que una simple alianza comercial.

La estación de servicio está dejando de ser exclusivamente el lugar donde se compra combustible.

Puede convertirse en un ecosistema de movilidad, donde conviven combustible, carga eléctrica, pagos, fidelización, mantenimiento, asistencia y seguros.

Argentina mostró que una aseguradora puede entrar a este ecosistema a través de una plataforma de fidelización como Shell Box.

Brasil ha avanzado en la integración de servicios alrededor de las estaciones.

Chile ya cuenta con una red creciente de infraestructura de carga eléctrica y con un ecosistema digital asociado a ella.

El siguiente paso puede ser convertir esos puntos de contacto en verdaderos canales de distribución.

La estación tradicional genera frecuencia. La electrolinera agrega tiempo. Y el usuario eléctrico agrega conexión digital.

Tres elementos que pueden abrir una nueva vía para la distribución de seguros.

La pregunta ya no es solamente dónde está el cliente cuando necesita un seguro.

Es:

¿Dónde está, cuánto tiempo permanece allí y qué está haciendo mientras espera?

Porque el próximo canal de distribución de seguros puede no parecerse en nada a una compañía de seguros.

Puede parecerse a una bencinera.

O, cada vez más, a una electrolinera.

 
 
 

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