Déficit global de seguros ante catástrofes supera los US$424.000 millones: Latinoamérica sigue entre las regiones más vulnerables
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El mundo enfrenta una creciente brecha de protección frente a los desastres naturales. Así lo revela un reciente informe difundido por Bloomberg, basado en datos del Swiss Re Institute, que estima que las pérdidas económicas no aseguradas derivadas de catástrofes naturales alcanzaron los US$424.000 millones en 2025, un aumento superior al 7% respecto de los US$395.000 millones registrados el año anterior.
La denominada protection gap o brecha de protección corresponde a la diferencia entre las pérdidas económicas totales provocadas por eventos como terremotos, inundaciones, huracanes, incendios forestales o sequías y la porción de esas pérdidas que efectivamente cuenta con cobertura de seguros.
Aunque la capacidad aseguradora mundial ha seguido creciendo, el valor de los activos expuestos a riesgos naturales está aumentando a un ritmo aún mayor, impulsado por el cambio climático, la urbanización, el crecimiento económico y la expansión de ciudades e infraestructura hacia zonas vulnerables.
Casi tres cuartas partes de las pérdidas siguen sin seguro
Uno de los datos más preocupantes del informe es que, pese a los avances observados durante la última década, cerca del 73% de las pérdidas económicas asociadas a catástrofes naturales en el mundo continúa sin cobertura aseguradora.
El Índice de Resiliencia Aseguradora frente a Catástrofes Naturales elaborado por Swiss Re muestra que la proporción de riesgos potencialmente cubiertos por seguros aumentó desde 25,3% en 2015 hasta 27,3% en 2025. Sin embargo, la mejora resulta insuficiente frente al rápido incremento de la exposición global.
La situación es especialmente compleja porque los eventos extremos son cada vez más frecuentes y costosos. Sólo en 2025, las pérdidas económicas globales por catástrofes naturales alcanzaron alrededor de US$220.000 millones, mientras que las pérdidas aseguradas superaron nuevamente los US$100.000 millones por sexto año consecutivo.
Latinoamérica entre las regiones con menor protección del mundo
Si bien el problema es global, América Latina figura entre las regiones más rezagadas en materia de protección financiera frente a desastres.
Según el informe, el índice de resiliencia aseguradora de Latinoamérica alcanza apenas 9,1%, lo que significa que más del 90% de las pérdidas potenciales derivadas de catástrofes naturales carecen de cobertura aseguradora.
La cifra contrasta fuertemente con regiones desarrolladas como Norteamérica, donde el índice alcanza 40,7%, o Europa avanzada, que registra 41,3%.
Entre las causas de esta situación destacan la baja penetración de seguros, la elevada informalidad económica, la limitada cultura aseguradora y las restricciones de ingresos que enfrentan amplios segmentos de la población latinoamericana.
A ello se suma una creciente exposición a fenómenos climáticos extremos. Durante el primer semestre de 2025, las pérdidas económicas por catástrofes naturales en América Latina superaron los US$6.670 millones, impulsadas principalmente por eventos ocurridos en Brasil, Paraguay y Argentina.
¿Dónde se encuentra Chile?
Dentro del contexto latinoamericano, Chile presenta una situación particular.
Por una parte, el país exhibe niveles de penetración de seguros significativamente superiores al promedio regional y cuenta con uno de los mercados aseguradores más desarrollados de América Latina. La experiencia acumulada tras terremotos como el de 2010 permitió desarrollar una cultura de aseguramiento más robusta en riesgos patrimoniales e infraestructura.
Sin embargo, Chile continúa enfrentando importantes brechas de protección.
Aunque las viviendas financiadas mediante créditos hipotecarios suelen contar con seguros obligatorios de incendio y sismo, una proporción relevante de viviendas, pequeñas empresas y bienes productivos permanece sin cobertura adecuada frente a eventos catastróficos.
Además, fenómenos como incendios forestales, inundaciones, aluviones y eventos climáticos extremos asociados al cambio climático han puesto de manifiesto que una parte importante de las pérdidas económicas sigue siendo absorbida directamente por personas, empresas o el Estado.
Los incendios que afectaron a la Región de Valparaíso en 2024 constituyeron un ejemplo de esta realidad, evidenciando las diferencias existentes entre pérdidas económicas totales y pérdidas efectivamente aseguradas.
El desafío de cerrar la brecha
Para los especialistas, la solución no pasa únicamente por vender más seguros.
El presidente de la International Association of Insurance Supervisors, Shigeru Ariizumi, señaló recientemente que el crecimiento de la brecha de protección hace cada vez más difícil resolver el problema exclusivamente mediante mecanismos tradicionales de seguros, por lo que será necesario fortalecer la colaboración entre gobiernos, aseguradoras, reaseguradores, organismos multilaterales y mercados financieros.
En este contexto, ganan relevancia instrumentos como los seguros paramétricos, los bonos catastróficos, los fondos públicos de cobertura de riesgos y los esquemas de asociación público-privada para enfrentar eventos de gran magnitud.
Una oportunidad para el mercado asegurador
Para la industria aseguradora latinoamericana, la magnitud de la brecha representa también una oportunidad de crecimiento.
El hecho de que más del 90% de las pérdidas potenciales permanezcan sin cobertura en la región evidencia un amplio espacio para desarrollar nuevos productos, ampliar la inclusión financiera y fortalecer la cultura de prevención y transferencia de riesgos.
En el caso de Chile, si bien la situación es más favorable que la de muchos países vecinos, el desafío sigue siendo relevante. El aumento de los riesgos climáticos, la concentración de activos en zonas expuestas y la creciente frecuencia de eventos extremos obligarán al mercado asegurador, al Estado y a los consumidores a replantear la forma en que se gestionan los riesgos catastróficos.
El informe de Bloomberg y Swiss Re deja una conclusión clara: el costo económico de los desastres naturales continúa creciendo más rápido que la cobertura disponible. Y mientras esa brecha siga ampliándose, millones de personas, empresas y comunidades alrededor del mundo seguirán enfrentando solos las consecuencias financieras de las catástrofes.
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