La inteligencia artificial desplaza al cambio climático como principal riesgo futuro para los expertos, según AXA
El informe Future Risks Report 2026 identifica la IA y los macrodatos como la mayor preocupación entre los especialistas. La inestabilidad geopolítica, la ciberseguridad y los riesgos energéticos también figuran entre las principales amenazas, en un escenario que exige a las aseguradoras reforzar la prevención y anticiparse a riesgos cada vez más interconectados.
La inteligencia artificial (IA) y los macrodatos se han convertido en la principal preocupación de los expertos en riesgos a nivel mundial. Así lo revela la decimotercera edición del AXA Future Risks Report 2026, publicado el 13 de octubre por AXA en colaboración con Ipsos, que muestra un cambio relevante en la percepción de las amenazas que podrían transformar a las sociedades durante los próximos años.
Por primera vez desde que comenzó a elaborarse este estudio, la IA y los macrodatos ocupan el primer lugar del ranking de riesgos entre los expertos, desplazando al cambio climático, que había liderado la clasificación en 2025. El cambio refleja la velocidad con que esta tecnología está transformando la economía, las organizaciones y la vida cotidiana, así como la incertidumbre respecto de sus consecuencias.
La investigación recoge las opiniones de 4.345 expertos de 62 países y regiones, junto con las respuestas de 24.000 personas de 19 países, lo que permite contrastar la visión de los especialistas con la percepción de la ciudadanía.
Los diez principales riesgos identificados
El ranking de los expertos para 2026 sitúa en los primeros lugares los siguientes riesgos emergentes:
Inteligencia artificial y macrodatos.
Cambio climático.
Inestabilidad geopolítica.
Riesgos de ciberseguridad.
Riesgos energéticos.
Tensiones sociales y movimientos sociales.
Fragmentación social.
Riesgos para la estabilidad financiera.
Riesgos macroeconómicos.
Recursos naturales y biodiversidad.
La clasificación evidencia que las amenazas tecnológicas, ambientales, políticas, económicas y sociales no deben analizarse de manera aislada. Sus interacciones pueden amplificar las consecuencias de un evento y generar exposiciones difíciles de anticipar mediante los modelos tradicionales de evaluación de riesgos.
La brecha entre los riesgos y la capacidad de respuesta
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es la percepción de que la velocidad del desarrollo tecnológico supera la capacidad de preparación de las instituciones.
Entre los expertos que sitúan la inteligencia artificial entre sus principales riesgos, un 54% considera que se trata de una amenaza emergente que está evolucionando rápidamente. Sin embargo, apenas un 9% cree que las autoridades públicas están bien preparadas para enfrentarla. En Europa, esa proporción cae al 3%.
Estos resultados ponen de manifiesto un desafío que también alcanza a las empresas y a la industria aseguradora. La IA puede mejorar la eficiencia, facilitar la detección del fraude y acelerar la gestión de siniestros, pero su utilización también plantea interrogantes sobre la calidad de las decisiones automatizadas, la protección de datos, la responsabilidad por errores y la exposición a nuevas modalidades de fraude.
La ciberseguridad, que ocupa el cuarto lugar del ranking, refuerza esta preocupación. La creciente dependencia de sistemas digitales amplía las posibilidades de interrupciones operativas, filtraciones de información y ataques capaces de afectar simultáneamente a empresas, proveedores y clientes.
El cambio climático sigue siendo la principal preocupación de la ciudadanía
El desplazamiento del cambio climático al segundo lugar entre los expertos no significa que haya perdido relevancia. De hecho, el estudio muestra una diferencia significativa entre la percepción de los especialistas y la del público general.
Para la ciudadanía, el cambio climático continúa siendo el principal riesgo, encabezando las preocupaciones en todos los grupos etarios. La inteligencia artificial, en tanto, ascendió al segundo lugar, desde la séptima posición que ocupaba en 2025.
Esta diferencia es especialmente importante para el sector asegurador. Mientras los especialistas observan con creciente preocupación los riesgos tecnológicos y sus efectos sistémicos, las personas siguen priorizando amenazas con consecuencias tangibles sobre sus hogares, su salud, su patrimonio y su calidad de vida.
Para las aseguradoras, ambas dimensiones son relevantes: anticipar las transformaciones tecnológicas sin descuidar los riesgos climáticos que inciden directamente en la frecuencia y severidad de los siniestros.
De indemnizar a prevenir
Otro de los mensajes centrales del informe es la necesidad de ampliar el papel de los seguros más allá de la indemnización posterior a un siniestro.
Según AXA, un 85% de los expertos y de los ciudadanos considera que los riesgos que más les preocupan pueden prevenirse, al menos parcialmente, mediante medidas adecuadas. Además, un 68% de la población cree que las aseguradoras tienen un papel importante que desempeñar en la protección de la sociedad frente a los riesgos emergentes.
Esta expectativa abre un espacio para que las compañías desarrollen propuestas que combinen transferencia del riesgo, prevención, asesoría y herramientas de anticipación. En el ámbito patrimonial, por ejemplo, esto supone promover medidas que reduzcan la exposición a incendios, inundaciones y otros eventos catastróficos. En los riesgos tecnológicos, implica fortalecer la gestión de la seguridad digital y ayudar a las empresas a identificar vulnerabilidades antes de que se conviertan en pérdidas.
La prevención no elimina la necesidad de cobertura financiera, pero puede contribuir a disminuir la probabilidad o la magnitud de los daños, beneficiando tanto a los asegurados como a las propias compañías.
Los cambios demográficos también transforman la demanda de protección
El informe destaca, además, el impacto de las tendencias demográficas: menor natalidad, envejecimiento de la población, mayor esperanza de vida y transformación de las estructuras familiares.
Estos cambios modifican las necesidades de protección a lo largo del ciclo de vida, desde la salud y la dependencia hasta el ahorro, la jubilación y la transmisión del patrimonio. Para las aseguradoras, el desafío consiste en adaptar sus productos a trayectorias familiares y económicas cada vez más diversas, manteniendo soluciones accesibles para distintos segmentos de la población.
Una advertencia estratégica para la industria aseguradora
El Future Risks Report 2026 deja una conclusión relevante: los riesgos evolucionan con mayor rapidez y están cada vez más conectados entre sí. Una innovación tecnológica puede generar nuevas vulnerabilidades; una crisis geopolítica puede desencadenar tensiones energéticas y financieras; y un evento climático puede producir consecuencias económicas y sociales que trasciendan ampliamente el daño material inicial.
Para la industria aseguradora, anticiparse a estos escenarios requiere revisar continuamente los modelos de evaluación, las estrategias de suscripción, la gestión de acumulaciones y los mecanismos de prevención. También exige desarrollar capacidades para comprender amenazas que todavía no cuentan con suficientes antecedentes históricos.
El desafío ya no consiste únicamente en calcular cuánto costará un siniestro después de que ocurra. Consiste también en identificar cómo están cambiando las amenazas, qué nuevas exposiciones están surgiendo y qué medidas pueden adoptarse para reducir sus consecuencias.
En un entorno de incertidumbre creciente, la capacidad de anticipación y prevención será un componente cada vez más importante de la competitividad y la sostenibilidad de las aseguradoras.

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