Swiss Re cifra en US$424.000 millones la brecha mundial de protección frente a catástrofes
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La brecha de protección frente a catástrofes naturales alcanzó un nuevo máximo en 2025, según el Swiss Re Institute. El dato revela que, pese al crecimiento de la cobertura aseguradora, cerca de tres cuartas partes de la exposición global a estos riesgos continúa sin protección suficiente.
La brecha mundial de protección frente a catástrofes naturales alcanzó los US$424.000 millones en 2025, de acuerdo con el último análisis del Swiss Re Institute. La cifra representa un incremento respecto de los US$395.000 millones registrados en 2024 y vuelve a poner en evidencia uno de los principales desafíos que enfrenta la industria aseguradora a nivel global.
El concepto de protection gap representa la diferencia entre la protección económica que sería necesaria para hacer frente a las pérdidas esperadas derivadas de catástrofes naturales y aquella que efectivamente proporciona el mercado asegurador.
Lo particularmente relevante del estudio de Swiss Re es que el aumento de la brecha no significa que el seguro esté perdiendo terreno frente al riesgo. Por el contrario, la cobertura aseguradora está creciendo aproximadamente al mismo ritmo que la exposición. El problema es que cada vez existen más bienes, infraestructura y activos económicos expuestos a fenómenos naturales.
Solo el 27,3% de la necesidad de protección está cubierta
El índice de resiliencia frente a catástrofes naturales elaborado por Swiss Re estima que en 2025 el seguro cubría aproximadamente el 27,3% de la necesidad global de protección, porcentaje prácticamente estable respecto del año anterior.
Aunque la cifra puede parecer baja, representa una mejora respecto del 25,3% registrado en 2015. En otras palabras, durante la última década la industria aseguradora ha aumentado su capacidad de protección, pero el crecimiento de los activos expuestos a riesgos naturales ha sido todavía mayor.
La conclusión es particularmente significativa: el mundo no está necesariamente asegurando menos, sino que está acumulando más riesgos y más valor económico en zonas expuestas a catástrofes.
El crecimiento económico, la urbanización, el aumento del valor de los activos, la inflación de los costos de reconstrucción y la concentración de población e infraestructura en zonas vulnerables están detrás de esta tendencia. A ello se suman los cambios en los patrones de peligrosidad asociados al cambio climático.
2025: US$220.000 millones de pérdidas económicas
Los datos de Swiss Re sobre las catástrofes ocurridas durante 2025 permiten dimensionar el problema. Las pérdidas económicas globales provocadas por catástrofes naturales alcanzaron aproximadamente US$220.000 millones, de los cuales US$107.000 millones estaban asegurados. Esto significa que alrededor de la mitad de las pérdidas económicas tuvo algún tipo de cobertura aseguradora.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre las pérdidas efectivamente registradas y la metodología utilizada para calcular la brecha de protección. Los US$424.000 millones corresponden a una estimación basada en las necesidades de protección y las pérdidas esperadas, expresadas en términos equivalentes de primas. Por ello, no debe confundirse directamente con las pérdidas no aseguradas observadas durante un año determinado.
La tendencia de largo plazo sigue siendo preocupante. Swiss Re estima que las pérdidas aseguradas por catástrofes naturales vienen creciendo entre 5% y 7% anual, impulsadas principalmente por el aumento de la exposición y del valor de los activos, más que exclusivamente por un incremento de la peligrosidad de los fenómenos.
Los riesgos secundarios adquieren un protagonismo creciente
Otro elemento que está modificando el panorama asegurador es el creciente peso de los llamados riesgos secundarios, entre ellos incendios forestales, tormentas convectivas severas e inundaciones.
En 2025 estos riesgos representaron el 92% de las pérdidas aseguradas globales por catástrofes naturales, un máximo histórico. Los incendios forestales y las tormentas convectivas fueron particularmente relevantes.
Esto plantea un desafío adicional para la industria, porque muchos de estos eventos tienen una frecuencia elevada y pueden afectar simultáneamente grandes concentraciones urbanas y económicas.
El problema ya no se limita, por tanto, a los grandes terremotos o huracanes que históricamente han concentrado la atención del mercado reasegurador. Una sucesión de eventos de menor magnitud, pero cada vez más frecuentes y extendidos, puede generar acumulaciones de pérdidas de gran importancia.
Una brecha especialmente profunda en los mercados emergentes
La dimensión del problema es todavía mayor en los países en desarrollo. Swiss Re señala que en muchos mercados emergentes entre el 80% y el 90% de las pérdidas ocasionadas por catástrofes permanecen sin cobertura de seguros.
Esto transforma la brecha aseguradora en algo más que un problema de la industria. Cuando ocurre una catástrofe, la parte no cubierta termina siendo absorbida por las familias, las empresas y, finalmente, por los gobiernos mediante ayudas, subsidios y reconstrucción con recursos públicos.
De esta manera, una baja penetración del seguro puede convertirse en un factor que amplifica el impacto económico y social de una catástrofe.
Seguro y prevención: una respuesta conjunta
Para Swiss Re, cerrar esta brecha requiere mucho más que aumentar la capacidad aseguradora. La adaptación y la prevención de riesgos deben avanzar conjuntamente con el seguro.
Las inversiones en infraestructura resiliente, planificación urbana, sistemas de alerta temprana, protección contra inundaciones y medidas de prevención de incendios pueden reducir significativamente las pérdidas y, al mismo tiempo, mejorar la capacidad de asegurar determinados riesgos.
La propia investigación de Swiss Re destaca que las medidas de adaptación pueden tener retornos económicos significativos. En el caso de determinados proyectos de adaptación frente a catástrofes naturales, el beneficio proyectado puede superar ampliamente el costo de la inversión.
Esto resulta fundamental para preservar la asegurabilidad en un contexto en que determinados riesgos comienzan a tensionar los modelos tradicionales de suscripción y tarificación.
El desafío exige una nueva generación de soluciones
La magnitud de la brecha de US$424.000 millones plantea una pregunta fundamental para la industria: ¿cómo ampliar significativamente la protección sin hacer que el seguro sea inaccesible para quienes viven en las zonas de mayor riesgo?
La respuesta probablemente requerirá una combinación de seguros tradicionales, seguros paramétricos, reaseguro, mecanismos público-privados, prevención, tecnología y nuevos modelos de distribución.
Los seguros paramétricos, por ejemplo, pueden permitir respuestas más rápidas frente a determinados eventos al activar automáticamente el pago cuando se cumplen parámetros previamente definidos. Al mismo tiempo, la tecnología permite mejorar la identificación y segmentación del riesgo, desarrollar modelos predictivos más precisos y llegar a segmentos de población que tradicionalmente han permanecido fuera del mercado asegurador.
La brecha también representa una oportunidad para la industria. Cada dólar de riesgo que actualmente permanece sin protección constituye, potencialmente, una oportunidad para desarrollar nuevos productos y ampliar la penetración aseguradora.
Un desafío que trasciende al seguro
La cifra entregada por Swiss Re debería ser observada más allá de las fronteras de la industria aseguradora. Una brecha de protección de US$424.000 millones significa que una parte sustancial del costo de las futuras catástrofes seguirá recayendo sobre personas, empresas y gobiernos.
La experiencia reciente demuestra que los fenómenos naturales no solo destruyen viviendas e infraestructura. También interrumpen cadenas de suministro, afectan la actividad empresarial, reducen ingresos fiscales y pueden comprometer durante años la capacidad de recuperación de comunidades completas.
Por eso, reducir la brecha de protección no puede ser responsabilidad exclusiva de las aseguradoras y reaseguradoras. Requiere la coordinación de gobiernos, reguladores, aseguradores, reaseguradores, corredores, empresas, instituciones financieras y ciudadanos.
El dato de Swiss Re es, en definitiva, una señal de alerta, pero también una oportunidad: el mundo necesita más prevención, más resiliencia y, sobre todo, mucho más seguro.
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