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Ciberseguros en la era de la inteligencia artificial: un mercado que crece, pero también enfrenta nuevos riesgos

Swiss Re estima que el mercado mundial de ciberseguros alcanzará US$16.400 millones en 2026. La inteligencia artificial está aumentando simultáneamente las capacidades de los atacantes y de quienes deben defenderse, mientras persiste una enorme brecha de protección, especialmente entre las pequeñas y medianas empresas.

La ciberseguridad se ha convertido en uno de los grandes desafíos para las empresas y, al mismo tiempo, en una de las áreas de mayor interés para la industria aseguradora.

La razón es evidente: mientras las empresas digitalizan cada vez más sus operaciones, los ataques cibernéticos se vuelven más sofisticados, automatizados y potencialmente escalables.

En este contexto, Swiss Re acaba de publicar su último informe sobre la evolución del mercado de ciberseguros, bajo el título “Building a sustainable cyber market in the AI era”, en el que advierte que la inteligencia artificial está modificando rápidamente el panorama del riesgo cibernético.

Según las estimaciones de la reaseguradora, el mercado global de ciberseguros alcanzará aproximadamente US$16.400 millones en primas durante 2026, manteniendo desde 2022 una tasa de crecimiento anual cercana al 5%. Para 2027, Swiss Re proyecta que el mercado llegará a unos US$17.100 millones.

Las cifras muestran un mercado que continúa creciendo, aunque a un ritmo bastante más moderado que el observado durante los primeros años de expansión del ciberseguro.


La inteligencia artificial cambia las reglas del juego

La inteligencia artificial introduce una paradoja para el mercado asegurador.

Por una parte, puede convertirse en una poderosa herramienta para mejorar la ciberseguridad. Permite detectar patrones anómalos, identificar amenazas con mayor rapidez, automatizar respuestas frente a incidentes y mejorar la capacidad de las organizaciones para anticipar ataques.

Pero exactamente la misma tecnología está siendo utilizada por los ciberdelincuentes.

Swiss Re destaca que la IA permite acelerar la identificación de vulnerabilidades, automatizar ataques y desarrollar campañas de phishing mucho más sofisticadas y convincentes.

Esto significa que la inteligencia artificial no necesariamente está creando un riesgo completamente nuevo.

Está aumentando la velocidad, escala y sofisticación de riesgos que ya conocemos.

Y esa distinción es importante para los aseguradores.

Un ransomware que antes podía requerir una importante intervención humana puede ser ahora desarrollado y ejecutado con herramientas automatizadas. Un correo de phishing puede ser generado de manera personalizada y en múltiples idiomas. La búsqueda de vulnerabilidades puede realizarse a una escala que antes era difícil de alcanzar.

La consecuencia es que el costo potencial de un ataque puede aumentar incluso si la naturaleza básica del riesgo no cambia.


Una carrera entre atacantes y defensores

El escenario que comienza a configurarse es una verdadera carrera tecnológica.

Los atacantes utilizan IA para identificar vulnerabilidades, automatizar procesos y aumentar la efectividad de sus ataques.

Las empresas y los especialistas en ciberseguridad utilizan IA para detectar anomalías, responder automáticamente a incidentes y reforzar sus sistemas.

La misma tecnología puede utilizarse para atacar o defender.

Para las compañías de seguros esto introduce una dificultad adicional: la velocidad de evolución del riesgo puede ser mucho mayor que la velocidad con la que históricamente se desarrollaron los modelos actuariales.

El seguro tradicional se basa en buena medida en la experiencia histórica.

Pero ¿qué ocurre cuando las características del riesgo cambian rápidamente?


El gran desafío del asegurador: tarificar un riesgo que está cambiando

Esta probablemente sea una de las mayores dificultades que enfrenta el ciberseguro.

Los actuarios necesitan información histórica para estimar frecuencias y severidades.

Sin embargo, el riesgo cibernético evoluciona con enorme rapidez.

Nuevas tecnologías generan nuevas vulnerabilidades.

Nuevos sistemas generan nuevas superficies de ataque.

Nuevas regulaciones modifican las responsabilidades de las empresas.

Y ahora la inteligencia artificial introduce una variable adicional cuyo impacto sobre la frecuencia y severidad de los siniestros todavía no puede ser completamente cuantificado.

Por eso, el desafío para el asegurador no es solamente saber cuántos ataques ocurren, sino entender cómo está cambiando la distribución de las pérdidas.


El ransomware sigue siendo protagonista

A pesar de toda la atención que concentra la inteligencia artificial, los riesgos tradicionales siguen siendo extremadamente relevantes.

Swiss Re señala que el ransomware continúa siendo uno de los principales motores de pérdidas cibernéticas, mientras los ataques se vuelven cada vez más sofisticados.

Esto demuestra que la llegada de la IA no significa que desaparezcan los riesgos anteriores.

Al contrario.

La inteligencia artificial puede potenciar herramientas que ya utilizan los ciberdelincuentes.

Y eso obliga a las aseguradoras a mantener una visión amplia del riesgo.


Estados Unidos concentra dos tercios del mercado

El mercado de ciberseguros sigue estando fuertemente concentrado geográficamente.

En 2026, Norteamérica representa aproximadamente dos tercios del mercado mundial, con primas estimadas en US$10.700 millones.

Europa ocupa el segundo lugar, con un 21% del mercado y unos US$3.420 millones.

Asia-Pacífico representa aproximadamente un 10%, equivalente a US$1.700 millones.

Mientras tanto, América Latina y Medio Oriente y África siguen teniendo una participación muy pequeña, cercana al 2% cada una. Swiss Re estima para América Latina primas de apenas US$280 millones en 2026.

Esta cifra es especialmente llamativa.

Si el mercado mundial alcanza US$16.400 millones y América Latina representa sólo unos US$280 millones, existe una enorme oportunidad de crecimiento.

Pero también revela algo más preocupante:

la economía latinoamericana está mucho más digitalizada de lo que su mercado de ciberseguros refleja.


La enorme brecha de protección

Aquí aparece uno de los datos más interesantes del informe.

La penetración del ciberseguro sigue siendo muy baja entre las empresas pequeñas.

Swiss Re estima que sólo entre 5% y 10% de las microempresas cuentan con algún tipo de seguro cibernético.

Entre las pequeñas y medianas empresas, la penetración se sitúa aproximadamente entre 10% y 20%.

La situación mejora considerablemente entre las empresas medianas, donde la penetración llega aproximadamente al 40%-50%.

Y entre las grandes corporaciones alcanza entre 60% y 70%.

Esto genera una paradoja.

Las empresas más grandes son las que tienen mayor penetración de seguros, pero las pequeñas y medianas empresas constituyen una enorme oportunidad de crecimiento.

Swiss Re estima que las micro y pequeñas empresas generarán aproximadamente US$4.900 millones en primas durante 2026, mientras que el segmento medio aportará unos US$4.100 millones. Las grandes corporaciones, pese a tener una penetración mucho mayor, representan aproximadamente US$7.400 millones.


¿Por qué las pymes están menos aseguradas?

Existen varias razones.

La primera es el precio.

Muchas pequeñas empresas perciben el seguro cibernético como un costo adicional que compite con otras prioridades de inversión.

La segunda es la dificultad para comprender el riesgo.

Un empresario puede entender fácilmente qué significa asegurar un vehículo, una oficina o una maquinaria.

Pero resulta mucho más difícil dimensionar cuánto podría costarle una interrupción de sus sistemas, una filtración de datos o un ataque de ransomware.

La tercera es que muchas empresas creen que “a nosotros no nos va a pasar”.

Y precisamente esa percepción puede ser uno de los mayores problemas.

Una pyme puede ser menos sofisticada tecnológicamente que una gran corporación, pero también puede disponer de menos recursos para recuperarse de un ataque.


La paradoja del mercado: crece la exposición, pero caen las tarifas

Otro dato relevante del informe es la evolución de los precios.

Swiss Re señala que las tarifas de ciberseguro han disminuido por cuarto año consecutivo.

La caída global fue de aproximadamente 13% en 2025 y 5% en 2026.

Esto refleja una situación conocida en otros segmentos del mercado asegurador: existe una oferta de capacidad superior a la demanda.

Es decir, hay más capital y capacidad aseguradora disponible que empresas dispuestas a comprar cobertura.

Y esto ocurre mientras el riesgo continúa evolucionando.

Aquí aparece un desafío especialmente delicado para la industria:

que la competencia por precio no termine llevando a una subvaloración del riesgo.


¿Estamos ante un nuevo ciclo de mercado?

El ciberseguro ya vivió un período de fuerte endurecimiento.

Después del aumento de ataques de ransomware y de importantes pérdidas, las aseguradoras elevaron tarifas, redujeron límites, incorporaron sublímites y comenzaron a exigir controles de ciberseguridad más estrictos.

Con el tiempo, la entrada de nueva capacidad produjo una reducción de precios.

Ahora Swiss Re advierte que la oferta continúa superando a la demanda.

Esto obliga a recordar una de las reglas fundamentales del seguro:

un precio bajo no elimina el riesgo.

Si la frecuencia o severidad de los ataques vuelve a aumentar, el mercado podría experimentar nuevamente un endurecimiento de condiciones.


El problema de los límites asegurados

Existe además una cuestión que puede ser incluso más importante que el precio.

Swiss Re destaca la necesidad de revisar la suficiencia de los límites asegurados, especialmente en las grandes corporaciones.

Una empresa puede tener un seguro de ciberseguridad y, sin embargo, estar subasegurada.

Esto ocurre cuando los límites contratados no reflejan adecuadamente la pérdida máxima que podría producir una interrupción prolongada de sus operaciones, una filtración masiva de datos o un ataque que afecte simultáneamente a diferentes partes de su infraestructura.

El problema es que calcular ese límite no es sencillo.

¿Cuánto cuesta que una empresa permanezca cinco días sin operar?

¿Y treinta?

¿Y qué ocurre si el ataque afecta simultáneamente a proveedores, clientes y sistemas críticos?

El riesgo cibernético tiene una característica especialmente compleja: las pérdidas pueden propagarse rápidamente entre organizaciones interconectadas.


La acumulación: el gran temor del reaseguro

Aquí aparece uno de los mayores desafíos para la industria.

En un seguro tradicional, el riesgo puede estar relativamente distribuido.

En ciberseguridad, múltiples empresas pueden depender simultáneamente del mismo proveedor de software, servicio cloud, sistema operativo o infraestructura tecnológica.

Un único incidente puede afectar a miles de empresas.

Por eso, el riesgo no es solamente individual.

Es también un riesgo de acumulación y correlación.

Para las reaseguradoras, esta es una de las cuestiones fundamentales.

Un evento cibernético sistémico podría producir pérdidas simultáneas en numerosas pólizas, algo que obliga a desarrollar modelos de acumulación cada vez más sofisticados.


El papel del reaseguro

Precisamente por estas características, el reaseguro tiene un papel fundamental.

La transferencia de riesgos hacia los mercados internacionales permite distribuir pérdidas potencialmente enormes y ayuda a que las aseguradoras puedan ofrecer límites adecuados a sus clientes.

Pero el reaseguro también necesita comprender el riesgo.

Swiss Re plantea la necesidad de seguir desarrollando modelos, mejorar la información disponible y gestionar cuidadosamente la acumulación de riesgos para construir un mercado sostenible.

No se trata simplemente de aumentar capacidad.

Se trata de asegurarse de que esa capacidad sea sostenible cuando ocurra un evento extremo.


¿Y América Latina?

Para América Latina, el escenario presenta una oportunidad enorme.

El mercado regional representa actualmente apenas unos US$280 millones, cerca del 2% del mercado mundial.

Sin embargo, la digitalización de las empresas latinoamericanas avanza rápidamente.

Bancos, retail, industrias, hospitales, empresas de servicios, organismos públicos y pequeñas empresas dependen cada vez más de sistemas digitales.

La pregunta es si el crecimiento del riesgo será acompañado por un crecimiento equivalente de la protección aseguradora.

Probablemente no.

Y allí existe una oportunidad importante para aseguradoras, corredores y reaseguradores.


Chile: un mercado con mucho espacio para crecer

Chile no escapa a esta realidad.

La economía chilena presenta un nivel de digitalización relativamente elevado dentro de América Latina y una parte creciente de la actividad económica depende de sistemas tecnológicos.

Sin embargo, el ciberseguro todavía está lejos de tener la penetración de mercados desarrollados.

Esto significa que existe una oportunidad para que la industria pase de vender coberturas principalmente a grandes empresas a desarrollar soluciones adecuadas para empresas medianas y pequeñas.

Pero para lograrlo será necesario simplificar los productos, facilitar la evaluación del riesgo y probablemente incorporar coberturas más modulares.


El seguro no puede convertirse en sustituto de la ciberseguridad

Hay otro principio fundamental.

El seguro cibernético no reemplaza la seguridad informática.

Una compañía que no tenga controles mínimos de seguridad tendrá cada vez más dificultades para obtener cobertura o enfrentará condiciones más restrictivas.

El asegurador necesita que el cliente también gestione el riesgo.

De esta manera, el ciberseguro puede convertirse en un mecanismo que incentive mejores prácticas de ciberseguridad.

La póliza deja de ser simplemente un instrumento financiero para convertirse en parte de una estrategia integral de gestión de riesgos.


El desafío para los aseguradores

La industria enfrenta ahora una situación particularmente interesante.

Por un lado, tiene un mercado con enormes posibilidades de crecimiento.

Por otro, enfrenta un riesgo que evoluciona mucho más rápido que los riesgos tradicionales.

La inteligencia artificial acelerará probablemente ambos procesos.

Puede ayudar a las aseguradoras a suscribir mejor, detectar fraude, analizar grandes volúmenes de información y gestionar siniestros.

Pero también puede aumentar la frecuencia y sofisticación de los ataques.

La IA puede ser simultáneamente una herramienta de prevención y un multiplicador de pérdidas.

Esa es probablemente la principal paradoja que deberá resolver el mercado de ciberseguros durante los próximos años.


Un mercado de US$16.400 millones que todavía está en sus comienzos

Los US$16.400 millones proyectados para 2026 pueden parecer una cifra enorme.

Pero cuando se compara con el tamaño de la economía mundial y con la cantidad de activos expuestos a riesgos digitales, probablemente sea todavía un mercado relativamente pequeño.

El verdadero potencial está en cerrar la brecha de protección.

En incorporar a las empresas que todavía no compran seguros.

En aumentar los límites de quienes están subasegurados.

En desarrollar productos para las pymes.

Y en crear soluciones capaces de responder a riesgos sistémicos.

La oportunidad existe.

Pero también existe una advertencia.

El ciberseguro no puede crecer simplemente aumentando primas y capacidad. Debe crecer al mismo tiempo que mejora la comprensión del riesgo.

La inteligencia artificial está cambiando la naturaleza de las amenazas a una velocidad inédita.

Para la industria aseguradora, el desafío será lograr que sus modelos, precios, coberturas y capacidades de reaseguro evolucionen a una velocidad similar.

Porque en el mundo digital, el riesgo no espera a que el mercado asegurador termine de entenderlo.

 
 
 

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