El seguro hacia 2035: de transferir riesgos a prevenir, anticipar y construir resiliencia
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La industria aseguradora se encuentra frente a una transformación que va mucho más allá de la incorporación de nuevas tecnologías. El cambio que se proyecta hacia 2035 implica una redefinición del propio rol de las compañías: el seguro dejará progresivamente de estar centrado en la transferencia de riesgos para avanzar hacia la prevención, la resiliencia y la seguridad financiera de largo plazo.
Así lo plantea Deloitte en su informe The Future of Insurance 2035, publicado en 2026, que identifica una convergencia de fuerzas que transformarán durante la próxima década la manera en que las aseguradoras diseñan productos, interactúan con sus clientes, gestionan sus operaciones y construyen sus modelos de negocio. Entre ellas se encuentran los cambios demográficos, la inteligencia artificial, la transformación digital, los fenómenos climáticos extremos, la evolución de los estilos de vida y una creciente incertidumbre económica y geopolítica.
El diagnóstico de Deloitte es particularmente relevante porque no plantea un único escenario futuro. El informe propone decisiones que las aseguradoras pueden comenzar a adoptar desde ahora para mantener su competitividad y relevancia durante los próximos diez años.
Ocho fuerzas que están cambiando el seguro
Según Deloitte, ocho megatendencias convergerán para modificar profundamente el mercado asegurador.
La primera es el envejecimiento de la población, que incrementará la demanda de seguros de salud, cuidados de largo plazo, protección y soluciones de ahorro y jubilación.
La segunda es la brecha de protección. Millones de personas y empresas continúan insuficientemente aseguradas, lo que representa al mismo tiempo uno de los principales desafíos sociales del sector y una importante oportunidad de crecimiento.
La tercera corresponde a los nuevos estilos de vida. Las nuevas generaciones están modificando conceptos tradicionales como propiedad, movilidad, vivienda, trabajo y planificación financiera, generando una demanda por productos más flexibles y adaptables.
La cuarta es la transformación de la movilidad, impulsada por vehículos eléctricos, conducción autónoma, micromovilidad, movilidad compartida y modelos bajo demanda.
La quinta es la proliferación de la inteligencia artificial y otras tecnologías, que permitirá disponer de cantidades crecientes de información y desarrollar nuevas formas de personalización y automatización.
A ellas se suman una incertidumbre global permanente, derivada de factores geopolíticos, económicos, cibernéticos y de cadenas de suministro; la intensificación de la crisis climática y, finalmente, una evolución del papel de los sectores público y privado en la protección frente a riesgos que resultan cada vez más difíciles de absorber individualmente.
La característica fundamental de estas tendencias es que no operan de manera aislada. Su convergencia está generando riesgos nuevos y, al mismo tiempo, modificando la naturaleza de riesgos tradicionales.
Cinco cambios que redefinirán el modelo asegurador
Frente a este escenario, Deloitte identifica cinco grandes transformaciones que se reforzarán mutuamente durante la próxima década.
1. De la venta transaccional al asesoramiento permanente
La distribución evolucionará desde una relación basada fundamentalmente en la contratación o renovación de una póliza hacia un asesoramiento continuo, personalizado y basado en datos.
El cliente ya no debería interactuar con su aseguradora únicamente cuando compra una póliza o cuando ocurre un siniestro. La compañía tendrá la posibilidad de anticipar necesidades, identificar cambios en los riesgos y ofrecer recomendaciones antes de que se produzca un evento.
La inteligencia artificial permitirá combinar información, comportamiento y contexto para entregar recomendaciones más precisas, mientras que el componente humano seguirá siendo relevante en decisiones complejas.
En este escenario, el corredor y el asesor de seguros también tendrán que evolucionar: su valor estará cada vez menos en la intermediación puramente transaccional y más en la capacidad de interpretar riesgos, asesorar y aportar confianza.
2. De productos de protección a soluciones orientadas a resultados
Otro de los grandes cambios será la evolución desde productos relativamente estáticos hacia soluciones modulares y orientadas a resultados.
El seguro podría integrarse con servicios de prevención, bienestar, asistencia, seguridad y gestión financiera, ampliando las fuentes de ingresos y la relación con el cliente.
En seguros de vida y salud, por ejemplo, el foco podría desplazarse desde pagar una indemnización después de ocurrido un evento hacia contribuir activamente a mejorar la salud, prevenir enfermedades o gestionar la longevidad.
En propiedad y responsabilidad civil, la lógica será similar: prevenir y reducir la frecuencia o severidad de los siniestros antes que simplemente indemnizarlos después.
Esto supone un cambio profundo en la propuesta de valor. El asegurador deja de ser únicamente quien paga cuando ocurre algo malo y pasa a convertirse en un socio que ayuda al cliente a evitar que ese evento ocurra.
3. Del servicio reactivo a una relación proactiva
La tercera transformación se refiere a la experiencia del cliente.
Deloitte anticipa un paso desde interacciones puntuales y reactivas hacia experiencias permanentes, personalizadas y predictivas. La aseguradora deberá ser capaz de identificar necesidades antes de que el cliente las manifieste.
La tecnología será fundamental para conseguirlo, pero no suficiente. El desafío estará en combinar automatización y eficiencia con empatía y confianza.
Esta combinación resulta especialmente importante en seguros, donde muchas de las interacciones más relevantes se producen en momentos de vulnerabilidad: un accidente, una enfermedad, el fallecimiento de un familiar o la pérdida de un patrimonio.
La digitalización, por tanto, no debería significar necesariamente la desaparición del componente humano. Por el contrario, puede permitir que las personas se concentren precisamente en aquellas situaciones en las que su intervención genera mayor valor.
4. La inteligencia artificial llega al núcleo de la operación
Uno de los mensajes más relevantes del informe es que la inteligencia artificial no será simplemente una herramienta adicional.
La IA y las plataformas tecnológicas pasarán a formar parte del núcleo de las operaciones aseguradoras, conectando datos, tecnología y procesos desde la suscripción hasta la gestión de siniestros.
Esto implica una diferencia importante respecto de la primera etapa de transformación digital. No se tratará solamente de digitalizar formularios, automatizar determinadas tareas o incorporar chatbots.
La oportunidad está en rediseñar integralmente procesos como la tarificación, suscripción, detección de fraude, gestión de siniestros, atención al cliente y administración de pólizas.
En este contexto, la ventaja competitiva no estará necesariamente en disponer de una determinada tecnología. A medida que las herramientas de IA se masifiquen, la diferenciación estará en la capacidad de las compañías para utilizar datos y tecnología para resolver mejor las necesidades del cliente y operar de manera más eficiente.
5. De compañías aisladas a ecosistemas
El quinto cambio apunta a una transformación del perímetro de las aseguradoras.
Deloitte anticipa un incremento de las alianzas estratégicas, colaboraciones y operaciones de M&A, mediante las cuales las compañías podrán incorporar capacidades que sería demasiado lento o costoso desarrollar internamente.
La aseguradora del futuro estará, por tanto, cada vez más integrada con bancos, empresas tecnológicas, proveedores de salud, fabricantes de vehículos, plataformas digitales, empresas de movilidad y otros actores.
Esto puede modificar también la distribución. El seguro podría estar cada vez más integrado en el momento en que el cliente adquiere un vehículo, contrata un servicio, compra una vivienda, realiza una operación financiera o utiliza una determinada plataforma.
La pregunta estratégica dejará de ser únicamente qué productos puede vender una aseguradora y pasará a ser en qué ecosistemas debe estar presente para acompañar al cliente.
El cambio climático pondrá a prueba al sector
Entre las tendencias identificadas por Deloitte, el cambio climático ocupa un lugar especialmente relevante para el negocio asegurador.
La mayor frecuencia e intensidad de determinados fenómenos extremos puede incrementar la siniestralidad y poner bajo presión la capacidad tradicional de transferencia de riesgos.
En este escenario, el seguro tendrá que combinar cada vez más protección, prevención y resiliencia. Esto puede traducirse en nuevas soluciones paramétricas, servicios de prevención, modelos de evaluación de riesgos en tiempo real y una mayor colaboración entre aseguradoras, gobiernos y otros actores.
El desafío es especialmente significativo porque algunos riesgos pueden superar la capacidad de absorción del mercado privado si no existe una adecuada combinación entre seguros, políticas públicas y medidas de adaptación.
La brecha de protección como oportunidad
Paradójicamente, mientras algunos riesgos se vuelven más difíciles de asegurar, existe una enorme cantidad de personas y empresas que todavía no cuentan con protección suficiente.
Deloitte identifica el crecimiento de los segmentos infraasegurados como una de las grandes oportunidades para la industria.
La clave estará en desarrollar soluciones que sean más simples, accesibles, flexibles y personalizadas.
La tecnología puede ayudar a reducir los costos de distribución y operación, mientras que nuevos modelos de productos y precios pueden permitir llegar a segmentos que actualmente encuentran el seguro demasiado complejo o costoso.
De esta manera, la transformación tecnológica no solo representa una oportunidad para mejorar la eficiencia de las aseguradoras, sino también para ampliar el mercado.
El seguro como plataforma de seguridad financiera
El informe también anticipa importantes transformaciones en vida, salud, ahorro y jubilación.
El envejecimiento de la población y una mayor expectativa de vida harán que las personas necesiten soluciones capaces de acompañarlas durante períodos más prolongados. Al mismo tiempo, las brechas de ahorro para la jubilación aumentarán la necesidad de asesoramiento y productos que combinen protección, acumulación de patrimonio y generación de ingresos.
En salud, las aseguradoras podrían evolucionar desde el tradicional rol de pagador de prestaciones hacia el de gestor y facilitador de trayectorias de salud, utilizando datos, analítica predictiva y ecosistemas de atención.
El objetivo será pasar de reaccionar ante la enfermedad a intervenir antes, ayudando a prevenir y gestionar riesgos de salud.
¿Qué significa esto para las aseguradoras latinoamericanas?
Aunque el informe tiene una perspectiva global, sus conclusiones resultan especialmente pertinentes para América Latina.
La región enfrenta simultáneamente una importante brecha de protección, restricciones de acceso, desigualdad, riesgos climáticos crecientes y consumidores que están adoptando rápidamente nuevas tecnologías.
Esto significa que la transformación del sector no necesariamente requiere replicar los modelos de los mercados desarrollados. Existe una oportunidad para saltar etapas, utilizando tecnología, nuevos canales de distribución y alianzas para construir modelos aseguradores más simples y accesibles.
En mercados como el chileno, donde la digitalización financiera y la penetración de nuevas tecnologías avanzan rápidamente, la discusión ya no debería centrarse exclusivamente en qué tecnología incorporar.
La pregunta estratégica es otra: qué tipo de compañía aseguradora se quiere construir para 2035.
La ventaja competitiva estará en la capacidad de anticiparse
El principal mensaje de Deloitte no es que exista una única aseguradora del futuro. Es que aquellas compañías que esperen a que el futuro llegue probablemente reaccionarán demasiado tarde.
Hacia 2035, el sector debería haber avanzado desde un modelo centrado principalmente en la transferencia de riesgos hacia otro basado en la prevención, la resiliencia y la seguridad financiera de largo plazo.
Esto supone transformar simultáneamente productos, distribución, experiencia del cliente, operaciones, tecnología y modelos de colaboración.
Y probablemente el mayor desafío sea cultural. La inteligencia artificial, los datos y las nuevas plataformas pueden acelerar la transformación, pero no sustituyen la necesidad de definir qué valor quiere entregar una aseguradora.
El futuro del seguro, en definitiva, no dependerá solamente de quién tenga la mejor tecnología. Dependerá de quién sea capaz de entender antes que los demás cómo están cambiando los riesgos, anticiparse a las necesidades de los clientes y convertir esa capacidad de anticipación en soluciones concretas.
Fuente: Deloitte, The Future of Insurance 2035: Anticipating change, building resilience, and securing long-term growth.
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