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Global Asset Owner Barometer 2026 de Marsh: implicancias para la industria aseguradora, América Latina y Chile

hace 1 hora
7 min de lectura

El Global Asset Owner Barometer 2026, elaborado por Marsh, refleja cómo los propietarios institucionales de activos están redefiniendo sus estrategias de inversión frente a un entorno marcado por la volatilidad, las nuevas exigencias regulatorias, los riesgos climáticos y la transformación tecnológica. Para la industria aseguradora, sus conclusiones son especialmente relevantes: las compañías deben gestionar simultáneamente sus carteras de inversión, sus pasivos, sus requerimientos de capital y su exposición a riesgos cada vez más complejos.

El Global Asset Owner Barometer 2026 de Marsh ofrece una mirada sobre las prioridades, preocupaciones y decisiones de los grandes propietarios de activos a nivel internacional. Aunque el análisis abarca a distintos inversionistas institucionales, sus conclusiones tienen una relación directa con el sector asegurador, debido al papel que cumplen las compañías de seguros como administradoras de grandes volúmenes de capital de largo plazo.

Las aseguradoras no solo deben generar retornos para sus accionistas y cumplir con sus obligaciones frente a los asegurados. También necesitan mantener liquidez, solvencia y una adecuada correspondencia entre sus activos y pasivos. En ese contexto, las tendencias identificadas por Marsh permiten anticipar cómo podría evolucionar la gestión de inversiones y riesgos en la industria.


Un entorno de inversión más complejo

El escenario para los propietarios de activos se ha vuelto más exigente.

Las tasas de interés, la inflación, la volatilidad de los mercados financieros, las tensiones geopolíticas y la desaceleración económica en algunos mercados han obligado a revisar supuestos que durante años fueron considerados relativamente estables.

Para las aseguradoras, estos factores tienen un impacto doble.

Por una parte, modifican el rendimiento esperado de sus inversiones. Por otra, afectan el comportamiento de sus pasivos, especialmente en productos de vida, rentas vitalicias, ahorro previsional y seguros de largo plazo.

La gestión de activos ya no puede analizarse de manera separada de la gestión de riesgos técnicos, financieros y operacionales.

El desafío consiste en construir carteras capaces de resistir distintos escenarios, manteniendo al mismo tiempo retornos adecuados y una exposición compatible con los requerimientos de capital.


La búsqueda de diversificación

Una de las tendencias más relevantes para los inversionistas institucionales es la búsqueda de mayor diversificación.

En el caso de las aseguradoras, esto puede traducirse en un mayor interés por activos privados, infraestructura, crédito corporativo, deuda de mercados emergentes, bienes raíces y otras inversiones alternativas.

Estas clases de activos pueden ofrecer primas de iliquidez y retornos potencialmente superiores a los de los instrumentos tradicionales. Sin embargo, también implican mayores exigencias en materia de análisis, valorización, gobierno corporativo y gestión de liquidez.

Para una compañía de seguros, invertir en activos menos líquidos requiere evaluar cuidadosamente la duración de sus obligaciones, la posibilidad de enfrentar rescates o pagos extraordinarios y la capacidad de vender activos en escenarios de estrés.

La diversificación, por lo tanto, no consiste simplemente en incorporar nuevas inversiones. Requiere comprender cómo cada activo contribuye al riesgo total de la compañía y cómo se comporta frente a las obligaciones con los asegurados.


El papel creciente de los activos privados

El interés por los activos privados es particularmente importante para la industria aseguradora.

Las compañías de seguros cuentan, en muchos casos, con pasivos de largo plazo que pueden ser compatibles con inversiones de menor liquidez. Esto les permite analizar oportunidades en infraestructura, financiamiento privado, deuda directa y proyectos vinculados con la transición energética.

Sin embargo, el crecimiento de estas inversiones también plantea desafíos.

La información disponible suele ser menor que en los mercados públicos, las valorizaciones pueden ser menos frecuentes y la comparación entre activos puede resultar más compleja. Además, la concentración en determinados sectores o emisores puede aumentar los riesgos de cartera.

Para América Latina, esta tendencia podría abrir oportunidades de financiamiento para proyectos de infraestructura, energía, transporte, vivienda y conectividad. Pero también exigirá fortalecer los estándares de información, transparencia y evaluación de riesgos.


Cambio climático y riesgos de transición

El cambio climático continúa siendo un factor central para los propietarios de activos.

Desde la perspectiva aseguradora, su importancia es aún mayor porque las compañías enfrentan simultáneamente riesgos físicos y riesgos de transición.

Los riesgos físicos incluyen eventos como inundaciones, incendios forestales, sequías, tormentas y olas de calor. Estos fenómenos pueden aumentar la frecuencia y severidad de los siniestros, afectar la disponibilidad de cobertura y deteriorar el valor de determinados activos.

Los riesgos de transición, en tanto, se relacionan con los cambios regulatorios, tecnológicos y económicos asociados a la descarbonización. Empresas intensivas en emisiones podrían enfrentar mayores costos, restricciones de financiamiento o pérdida de valor si no logran adaptarse.

Por ello, la gestión de inversiones de las aseguradoras debe incorporar escenarios climáticos, análisis sectoriales y evaluaciones de exposición geográfica.

El cambio climático ya no es solamente un asunto de sostenibilidad. Es un factor que puede afectar la solvencia, la rentabilidad y la capacidad de suscripción de las compañías.


La sostenibilidad pasa de la declaración a la gestión

El debate sobre criterios ambientales, sociales y de gobernanza también está evolucionando.

Los inversionistas institucionales enfrentan una presión creciente para demostrar que sus políticas de sostenibilidad se traducen en decisiones concretas y medibles. Para las aseguradoras, esto implica revisar tanto sus carteras de inversión como sus políticas de suscripción y relación con clientes y proveedores.

La sostenibilidad debe integrarse en la gestión de riesgos, en la selección de activos, en la evaluación de contrapartes y en la definición de objetivos de largo plazo.

Al mismo tiempo, las compañías deben evitar enfoques meramente declarativos o estrategias que no puedan ser respaldadas con información verificable.

La calidad de los datos será determinante. Sin información comparable y confiable, resulta difícil medir el impacto real de las inversiones o evaluar la exposición a riesgos ambientales y sociales.


Tecnología, datos e inteligencia artificial

La transformación tecnológica también ocupa un lugar central en la evolución de la gestión de activos.

Las aseguradoras están utilizando herramientas de analítica avanzada, automatización e inteligencia artificial para mejorar la construcción de carteras, monitorear riesgos, detectar anomalías y realizar proyecciones.

Estas tecnologías pueden procesar grandes volúmenes de información y apoyar decisiones más rápidas. También pueden contribuir a identificar correlaciones entre variables financieras, climáticas, macroeconómicas y operacionales.

Sin embargo, el uso de modelos avanzados no elimina la necesidad de supervisión humana.

Los resultados deben ser explicables, auditables y consistentes con las políticas de riesgo de cada compañía. Además, la calidad de las decisiones dependerá de la calidad de los datos utilizados y de la forma en que se diseñen los modelos.

La inteligencia artificial puede mejorar la gestión de inversiones, pero también introduce nuevos riesgos relacionados con la ciberseguridad, la privacidad, los sesgos y la dependencia de proveedores tecnológicos.


Implicancias para América Latina

Las conclusiones del Global Asset Owner Barometer 2026 son especialmente relevantes para América Latina.

La región enfrenta una combinación de oportunidades y restricciones. Por un lado, existen necesidades significativas de inversión en infraestructura, energía, transporte, vivienda y adaptación climática. Por otro, persisten desafíos relacionados con la profundidad de los mercados de capitales, la estabilidad regulatoria, la disponibilidad de información y la liquidez.

Las aseguradoras latinoamericanas podrían desempeñar un papel más activo como inversionistas institucionales de largo plazo. Para ello, será necesario contar con marcos regulatorios que permitan diversificar las carteras sin comprometer la solvencia ni la protección de los asegurados.

También será importante desarrollar instrumentos financieros que conecten el ahorro institucional con proyectos productivos y de infraestructura.

La expansión de los activos privados puede ser una oportunidad para la región, pero requiere estándares sólidos de gobierno corporativo, transparencia, valorización y gestión de conflictos de interés.


El caso de Chile

En Chile, estas tendencias tienen una relevancia particular debido al tamaño y la importancia del mercado previsional y asegurador.

Las compañías de seguros de vida, especialmente aquellas vinculadas con rentas vitalicias y productos de ahorro de largo plazo, administran obligaciones que requieren estrategias de inversión cuidadosamente alineadas con la duración y el perfil de sus pasivos.

El entorno de tasas de interés, la evolución del mercado de capitales local, la regulación de inversiones y la disponibilidad de activos de largo plazo son factores determinantes para la industria.

Chile también enfrenta riesgos climáticos relevantes, como sequías, incendios forestales, inundaciones y eventos asociados a la variabilidad climática. Estos riesgos pueden afectar tanto las carteras de inversión como la demanda y el costo de los seguros.

Para las aseguradoras chilenas, será cada vez más importante integrar información climática y territorial en sus decisiones de inversión y suscripción.

Asimismo, la evolución de la regulación financiera y de sostenibilidad podría aumentar las exigencias de divulgación, gestión de riesgos y demostración de resiliencia.


Nuevas exigencias para los directorios y la alta administración

La gestión de activos se está convirtiendo en un asunto estratégico para los directorios de las compañías de seguros.

Las decisiones de inversión ya no pueden delegarse exclusivamente en áreas técnicas sin una visión integrada del negocio. Los directorios deben comprender cómo las carteras responden a escenarios de inflación, tasas de interés, crisis de liquidez, eventos climáticos y cambios regulatorios.

También deben evaluar la capacidad de la organización para controlar modelos, proveedores externos, riesgos tecnológicos y exposiciones concentradas.

La gobernanza será un elemento diferenciador. Las compañías que logren combinar disciplina financiera, visión de largo plazo y capacidad de adaptación estarán mejor preparadas para enfrentar un entorno más incierto.


Una industria aseguradora más integrada

El Global Asset Owner Barometer 2026 muestra que la gestión de activos está evolucionando hacia un enfoque más integrado.

Para las aseguradoras, esto significa conectar las decisiones de inversión con la suscripción, la gestión de capital, la estrategia comercial y la administración de riesgos.

La compañía que invierte en determinados sectores debe comprender cómo esos mismos sectores pueden afectar su exposición aseguradora. Del mismo modo, los riesgos climáticos que impactan una cartera de inversiones pueden coincidir con aquellos que aumentan la frecuencia de los siniestros.

Esta visión integrada permite evitar decisiones fragmentadas y mejorar la capacidad de anticipación.

El futuro de la industria no dependerá únicamente de obtener mayores retornos, sino de construir balances capaces de resistir escenarios adversos y sostener el cumplimiento de las obligaciones con los asegurados.


Conclusión

El Global Asset Owner Barometer 2026 de Marsh confirma que los propietarios institucionales de activos enfrentan una transformación profunda.

La volatilidad, el cambio climático, la inversión en activos privados, la inteligencia artificial y las nuevas exigencias de sostenibilidad están modificando la forma en que se toman decisiones de inversión.

Para la industria aseguradora, estos cambios tienen una importancia estratégica. Las compañías deberán gestionar sus activos y pasivos de manera cada vez más coordinada, fortalecer sus capacidades analíticas y mejorar la calidad de la información utilizada para decidir.

En América Latina, y particularmente en Chile, el desafío será aprovechar el potencial de las aseguradoras como inversionistas de largo plazo sin debilitar la solvencia, la liquidez ni la protección de los asegurados.

La principal conclusión es clara: la gestión de inversiones ya no es una función aislada dentro de las compañías de seguros, sino una capacidad central para sostener la rentabilidad, la resiliencia y la confianza en la industria.

 
 
 

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