Responsabilidad civil: una brecha de protección que América Latina todavía no cierra
- Seguro Visión

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La responsabilidad civil está presente prácticamente en cada actividad que desarrollamos y en cualquier acción que pueda provocar un perjuicio a terceros. Sin embargo, mientras en los mercados desarrollados existe una mayor conciencia de que quien causa un daño debe responder por él y, por tanto, debe contar con una protección financiera, en América Latina esta cultura todavía tiene un importante camino por recorrer.
Toda persona, empresa o profesional está expuesta a provocar involuntariamente un daño a otra. Una caída, un accidente, una negligencia profesional, una mascota que lesiona a alguien, un objeto que cae desde un edificio, una actividad comercial que afecta a un tercero o simplemente la conducción de un vehículo pueden generar una obligación de indemnizar.
La responsabilidad civil no nace del seguro. El seguro existe precisamente porque antes existe una responsabilidad que puede traducirse en una obligación económica.
Y esa distinción resulta fundamental para entender la todavía enorme brecha de protección que existe en América Latina.
El automóvil: donde la responsabilidad está más internalizada
Es probablemente en los vehículos donde la sociedad latinoamericana tiene mayor conciencia de que sus actos pueden afectar económicamente a terceros.
La razón es evidente: los accidentes de tránsito son frecuentes, sus consecuencias pueden ser graves y en muchos países existe, además, una obligación legal de contratar determinadas coberturas.
Sin embargo, incluso en este ámbito la protección sigue siendo insuficiente.
En Chile, por ejemplo, solo una parte minoritaria del parque automotor cuenta con un seguro voluntario que proteja al propietario frente a los daños que pueda causar a terceros. La situación se repite, con diferencias entre países, en buena parte de América Latina.
El SOAP en Chile y los distintos sistemas SOAT existentes en otros países de la región han contribuido significativamente a instalar la idea de que determinados riesgos deben contar con una protección obligatoria. Pero estas coberturas tienen un alcance limitado y, además, no todos los propietarios cumplen necesariamente con la obligación de contratarla.
La paradoja es evidente: conducir un vehículo supone asumir diariamente el riesgo de causar un daño a otra persona, pero una proporción importante de quienes lo hacen no cuenta con una protección patrimonial suficiente para responder por ese daño.
Una cultura diferente en los mercados desarrollados
En los países desarrollados la responsabilidad civil está mucho más internalizada.
No se trata solamente de que exista una mayor penetración de seguros. Existe una cultura jurídica y social más arraigada respecto de que quien provoca un perjuicio debe responder económicamente por sus consecuencias.
Esa cultura también ha permitido que se desarrolle un amplio mercado de seguros de responsabilidad civil.
Un profesional que presta servicios a terceros puede estar obligado contractualmente a contar con una póliza. Una empresa que realiza determinadas actividades debe demostrar que dispone de protección frente a eventuales reclamaciones. Incluso actividades aparentemente simples pueden generar exigencias de aseguramiento.
Un ejemplo ilustrativo es una mudanza. En determinados mercados es habitual que la empresa que presta este servicio deba contar con un seguro que responda por los daños que pueda ocasionar durante el traslado de los bienes del cliente o a terceros.
La lógica es sencilla: si una actividad puede generar un daño, debe existir capacidad económica para responder por él.
Lo mismo ocurre con riesgos cotidianos que en América Latina muchas veces se consideran simplemente parte de la vida: la tenencia de una mascota, la caída de un objeto desde un edificio, los daños provocados a un vecino, accidentes ocurridos dentro de una vivienda o incluso determinadas actividades recreativas.
Son riesgos pequeños individualmente, pero enormes cuando se consideran de manera agregada.
América Latina: el seguro todavía llega después del daño
En nuestra región, en cambio, muchas veces la reacción frente al daño ocurre después de que este se produce.
Primero ocurre el accidente. Después aparece la discusión sobre quién es responsable. Luego se determina si existe una obligación de indemnizar y, finalmente, se busca la forma de pagar.
El seguro permite cambiar completamente esa lógica.
En lugar de esperar a que una persona o empresa tenga que utilizar su patrimonio para responder por un daño, permite transformar una eventual obligación de gran magnitud en un costo conocido y relativamente pequeño: la prima.
Esta función adquiere todavía mayor relevancia cuando el daño afecta a una persona y puede involucrar gastos médicos, pérdida de ingresos, incapacidad, daño moral o incluso consecuencias económicas de largo plazo.
En estos casos, la responsabilidad civil puede superar ampliamente la capacidad patrimonial de quien provocó el daño.
El caso de los profesionales
En América Latina existen sectores donde esta cultura está más desarrollada.
La responsabilidad civil profesional es probablemente uno de ellos. Médicos, arquitectos, ingenieros, abogados, contadores y otros profesionales han ido incorporando progresivamente la necesidad de protegerse frente a reclamaciones derivadas del ejercicio de su actividad.
En algunos casos, además, la legislación o las regulaciones sectoriales han convertido el seguro de responsabilidad civil en una condición para ejercer determinadas actividades.
Es el caso, por ejemplo, de corredores de seguros y liquidadores de siniestros, que deben cumplir determinadas exigencias regulatorias y contar con mecanismos de protección asociados al ejercicio de su actividad.
Pero estos casos siguen siendo excepciones dentro de un universo mucho más amplio de actividades profesionales y comerciales que pueden generar responsabilidades frente a terceros.
La gran oportunidad para la industria aseguradora
Aquí aparece una de las oportunidades de crecimiento más interesantes para el mercado asegurador latinoamericano.
Durante décadas, el desarrollo del seguro en la región se ha concentrado principalmente en vida, salud, vehículos, incendios, transporte y otros riesgos patrimoniales.
La responsabilidad civil ha tenido una participación mucho menor.
Sin embargo, esto podría cambiar.
A medida que las economías latinoamericanas aumenten su nivel de desarrollo, también aumentará el valor económico de los bienes, servicios y actividades que pueden generar daños a terceros. Al mismo tiempo, consumidores y empresas serán cada vez más conscientes de sus derechos y estarán más dispuestos a exigir una reparación cuando sufran un perjuicio.
Mayor desarrollo económico, mayor judicialización, mayor conocimiento de los derechos y mayores niveles de patrimonio expuesto deberían traducirse, inevitablemente, en una mayor demanda por protección de responsabilidad civil.
De la responsabilidad civil empresarial a la responsabilidad civil cotidiana
El crecimiento del ramo no debería limitarse a las grandes empresas.
Existe un enorme espacio para desarrollar productos dirigidos a pequeñas empresas, profesionales independientes y personas.
Una póliza sencilla podría proteger, por ejemplo, al propietario de una vivienda frente a determinados daños ocasionados a terceros; al dueño de una mascota frente a lesiones provocadas por ella; al arrendatario frente a daños ocasionados al inmueble; o a un trabajador independiente frente a reclamaciones derivadas de su actividad.
La tecnología puede contribuir decisivamente a desarrollar este mercado.
Productos simples, contratables digitalmente, con coberturas modulares y primas accesibles pueden permitir que la responsabilidad civil deje de ser un seguro reservado a grandes empresas o determinadas profesiones y se transforme en una protección cotidiana.
Incluso podría incorporarse de manera automática a otros productos, siguiendo la tendencia de los seguros embebidos.
Una nueva generación de seguros de responsabilidad
La evolución de la responsabilidad civil también estará marcada por nuevos riesgos.
Las plataformas digitales, los trabajadores independientes, los servicios a domicilio, la economía colaborativa, los creadores de contenido, la inteligencia artificial y las nuevas formas de prestación de servicios están generando responsabilidades que hace algunos años prácticamente no existían.
Esto abre un campo enorme para la innovación aseguradora.
La pregunta ya no será solamente cuánto cuesta asegurar una determinada actividad, sino qué nuevas responsabilidades está creando una economía que cambia rápidamente y cómo podemos protegerlas de manera simple y accesible.
En este contexto, la responsabilidad civil puede pasar de ser un ramo relativamente secundario a convertirse en uno de los grandes motores de crecimiento de la industria aseguradora.
Una brecha que irá disminuyendo
La brecha de protección existente entre América Latina y los mercados más desarrollados no desaparecerá de un día para otro.
Requiere cambios culturales, regulatorios y económicos. Pero también necesita que la industria aseguradora sea capaz de explicar mejor qué significa ser responsable frente a terceros y por qué esa responsabilidad puede comprometer seriamente el patrimonio de una persona o empresa.
La tarea, por tanto, no consiste solamente en vender más pólizas.
Se trata de desarrollar una cultura de responsabilidad.
Porque mientras en muchos países desarrollados resulta natural preguntarse antes de realizar una actividad quién responderá si algo sale mal, en América Latina todavía tendemos a hacernos esa pregunta después de que el daño ocurrió.
Y precisamente allí existe una de las mayores oportunidades para el seguro.
A medida que América Latina prospere, aumenten los patrimonios expuestos y se fortalezca la cultura de exigir reparación por los daños sufridos, la responsabilidad civil dejará de ser un seguro especializado para convertirse en una protección cada vez más necesaria y cotidiana.
La brecha de protección que hoy existe representa un desafío para la sociedad, pero también una enorme oportunidad para la industria aseguradora.
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